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Martes 29 de Noviembre de 2011

A los 85 años, falleció la única hija del dictador soviético Stalin

Tras la muerte de su padre en 1953, adoptó el nombre de su madre: Alliluyeva, la segunda mujer del líder ruso. En 1967, tras emigrar a EE.UU., cambió su nombre a Lana Peters. Hizo un fortuna al publicar dos autobiografías en las que critió a la URSS.

La única hija del dictador soviético Josef Stalin, Svetlana Stalina, murió a los 85 años en el estado norteamericano de Wisconsin de cáncer de colon, según informó The New York Times.

Tras la muerte de su padre en 1953, adoptó el nombre de su madre, Alliluyeva, la segunda mujer de Stalin. En 1967, tras emigrar a Estados Unidos y casarse, cambió su nombre a Lana Peters, indicó DPA.

La hija de Stalin logró hacerse una fortuna con dos autobiografías en las que criticaba duramente la Unión Soviética. A pesar de haberse distanciado también de su padre, en los años 80 regresó a la extinta Unión Soviética y condenó a Occidente. Peter tuvo tres hijos.

Biografía de "El pequeño gorrión"
Fue la única hija de Stalin. Tuvo tres hermanos varones. Para los resortes de la propaganda estalinista fue la forma de humanizar al dictador. Aparecía en fiestas y recepciones. Su padre la colmaba de atenciones. Le regalaba hasta películas americanas. La apodaban "El pequeño gorrión". Entre los cojines del Kremlin, ignoraba los efectos terroríficos de la represión de su padre. Las circunstancias de su propia vida le eran también ajenas. Cuando tenía seis años, su madre, Nadezhda Alliluyeva, se suicidó. Durante un tiempo, la pequeña creyó que había muerto de una apendicitis.

Aunque renegaría más tarde de su padre, en realidad nunca lo abandonó, a pesar de que durante la larga guerra con Alemania, entre 1941 y 1945, Stalin cambió. A su hijo Yakov lo dejó morir a manos de los nazis, negándose a intercambiarlo por un general alemán capturado. Al novio de Svetlana —judío— lo mandó a Siberia. Se casó con otro hombre en 1945, con quien tuvo un hijo. Se divorció dos años después. Se volvió a casar con el hijo de un colaborador de Stalin. Tuvo otra hija. Y se divorció de nuevo.

Fue tras la muerte de su padre, en 1953, cuando los nuevos líderes del Kremlin, incluido el primer secretario Nikita Kruschev, la despojarían de sus privilegios. Antes que convertirse en una más, prefirió huir. Escapó a India en 1967. Allí pidió asilo político en la Embajada de Estados Unidos. El presidente Lyndon B. Johnson se lo concedió. Según escribió en 1992 The Washington Times, el KGB trató entonces asesinarla, un plan que no se completó. Finalmente Svetlana llegó a Nueva York en abril de 1967. Publicó dos autobiografías en las que renegaba de su padre, de la URSS y del comunismo.

Tras quemar en público su pasaporte soviético, se asentó en Nueva Jersey. Tres años después conoció a William Wesley Peters, discípulo de Frank Lloyd Wright, y se casó con él. Ambos se mudaron a un complejo diseñado por el famoso arquitecto en Scottsdale, en el desierto de Arizona. Pero como parece que era norma común en sus casamientos, tuvo una hija y, en dos años, se divorció. Se nacionalizó norteamericana en 1978, y cambió su nombre por el de Lana Peters.

Entonces, hace ya 33 años, comenzó la decadencia de su vida. Se marchó a Inglaterra. Justo cuando la historiografía de la URSS rescataba la memoria de Stalin, ella comenzó a hablar mejor de su padre. Dijo que había sido un juguete de la CIA. Regresó a la URSS. Recuperó su pasaporte. Pero no encontró el reconocimiento que esperaba, y se mudó a Georgia para, en 1986, volver de nuevo a Estados Unidos.

Ya en Wisconsin, dijo que nunca había renegado de EE UU, que todo había sido una mala traducción de sus palabras. Trataba de huir de los medios. Algunos escribieron que subsistía en la pobreza, que había enloquecido. Dio, finalmente, una entrevista al diario Wisconsin State Journal, el año pasado. De su padre, tuvo algo que decir, una frase lapidaria: “Me rompió la vida”.

Fuentes: El Pais.com y El Universal

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