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Sábado 12 de Marzo de 2016

A tres años de su elección, la pedofilia es como una espina clavada para Francisco

Las denuncias por abusos contra sacerdotes y religiosos son el problema más delicado y grave que ha debido encarar el Papa. El silencio sigue siendo la regla en la iglesia católica.

Tres años después de su elección, la pedofilia es como una espina clavada en el pontificado de Francisco y el silencio sigue siendo la regla en la Iglesia católica, pese a las promesas del Papa argentino de castigarla con severidad.

Desde que estallaron en el 2001 los casos, primero en Irlanda y luego en Estados Unidos, estos últimos narrados en el oscarizado filme "Spotlight", las denuncias por abusos sexuales contra sacerdotes y religiosos se han multiplicado por todo el mundo, desde el corazón de Europa hasta América Latina.

Esa "lacra", como la calificó Francisco, es el problema más delicado y grave que el Papa argentino ha tenido que encarar desde que llegó al trono de Pedro el 13 de marzo del 2013, y todo parece indicar que su respuesta hasta ahora ha decepcionado a muchos, en particular a las víctimas.

El respaldo del Papa al cardenal australiano George Pell, tras su comparecencia la semana pasada ante la comisión australiana que investiga la pedofilia, y el hecho de no querer recibir a las víctimas que viajaron a Roma para escucharlo, rememoró los tiempos en que el Vaticano se negaba a reconocer hasta la existencia del fenómeno.

"No hicieron pedido formal" para que el Papa los recibiera, explicó el vocero del Vaticano, tal como ocurría hace más de tres décadas cuando les cerraban las puertas en la cara a las víctimas del mexicano Marcial Maciel (1920-2008).

La negativa de Francisco a recibir en México a las víctimas de Maciel, fundador de la Congregación Legionarios de Cristo, entre los escándalos más graves por pedofilia que ha vivido la Iglesia, también generó frustración, rabia y muchos interrogantes.

"No recibirlos ha dejado una herida abierta. Porque Francisco recibió a otras víctimas en el Vaticano y en Estados Unidos. Todas las víctimas son iguales, pero no todos los casos", sostiene el vaticanista Marco Politi, quien recuerda que el caso mexicano "fue empantanado" por las más altas jerarquías.

El vaticanista menciona a la Secretaría de Estado y hasta al secretario personal de Juan Pablo II, que "no querían tocar a una organización tan poderosa e influyente", dijo.

La defensa también del obispo chileno de Osorno, Juan Barros, acusado de haber encubierto casos de abusos sexuales y cuya designación ha sido duramente resistida por "políticos zurdos", como los calificó el mismo Francisco, también "ensombrece la lucha del pontificado contra la pedofilia", sostiene otro veterano vaticanista, Ignazio Ingrao, de la revista Panorama.

"Aunque no hay dudas de que Francisco quiere luchar con firmeza y aplicar tolerancia cero contra los obispos que han encubierto abusos", recalcó el experto.

Entre el perdón y la justicia. Y si es verdad que el pasado pesa, el perdón tampoco sustituye a la justicia.

Pese a los pedidos de perdón del papa, la mano dura prometida, las condenas lanzadas, la introducción del delito contra menores y la creación de una comisión de expertos para que elaboren una guía para la prevención, Francisco no ha logrado el apoyo concreto de los episcopados para combatir la pedofilia con armas judiciales.

La reciente propuesta del papa de crear un tribunal para enjuiciar en el Vaticano a los obispos acusados de haber encubierto casos de curas pedófilos, el sistema habitual que se empleó por décadas para enterrar el caso, está estancada.

La resistencia a nivel local es fuerte y según Politi la mayoría de las conferencias episcopales no quieren saber nada de la obligación de presentar denuncia ante la justicia del propio país.

"Es un problema de mentalidad", sostiene por su parte Ingrao.

"Se resisten a superar la mentalidad de mantener todo en secreto", explica.

Según la página Religión Digital, que cita documentos oficiales, la Santa Sede ha recibido 6.000 demandas "creíbles" de abusos en la última década, unas 600 al año, y ha expulsado a casi un millar de curas por pedofilia.

El problema es que la Congregación para la Doctrina de la Fe, encargada de examinar los casos, "no da abasto".

"Las denuncias continúan llegando. Las condenas también, aunque con cuentagotas", resume.

Avanza la beatificación del cardenal Pironio

Avanza la causa de beatificación del cardenal argentino Eduardo Francisco Pironio (1920-1998). El Vaticano destacó ayer la "gran sensibilidad humana" del cardenal Pironio, al clausurar en Roma la etapa diocesana del proceso de beatificación del purpurado que, siendo funcionario de la curia romana, motorizó la Jornada Mundial de la Juventud.

Durante los diez años de la instrucción diocesana se recogieron testimonios, escritos y documentación sobre la vida, virtudes y fama de santidad del cardenal, que ahora pasarán a la Congregación para las Causas de los Santos, primer paso en el camino al honor de los altares.

"Pironio era un hombre de Iglesia, con una profunda fe en el Papa, en la que vio a Cristo, y con un profundo sentido de Iglesia. Un pastor con una gran sensibilidad humana, en particular para los jóvenes", sostuvo el cardenal italiano Agostino Vallini.

"En su larga y amplia experiencia aprendió a percibir sus preguntas más profundas y deseos más genuinos, pero también sabía cómo confiar en ellos y descubrir la riqueza de su entusiasmo, voluntad y creatividad", agregó al trazar el perfil espiritual de Pironio.

Vallini presidió hoy en la Vicaría de Roma la clausura de la fase diocesana de la causa Pironio durante una ceremonia en la que participó el secretario general de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor Carlos Malfa, como parte actora del proceso de canonización.

En ese marco, el obispo Fernando Vérgez Alzaga y la prima segunda del cardenal Pironio, de nombre Daniela, recordaron la disponibilidad y amabilidad del purpurado.

En tanto, la Vicaría de Roma difundió en su página web una entrevista que le hicieron en 2008 al cardenal Jorge Bergoglio, en la que el hoy papa Francisco definió a Pironio como "un amigo de Dios" y reconoció que su compatriota "sufrió bastante la desconfianza y la calumnia".

"Cuando Pablo VI le pide que le predique los ejercicios espirituales en la Cuaresma de 1974, le cuestionaban al Papa haberlo elegido ya que Pironio era una persona de ideas progresistas. Pero después de escucharlo tuvieron que callarse. Aunque, igualmente, en Roma no fue comprendido, hablaban mal de él. Sintió lo que era la persecución de la calumnia", advirtió entonces el pontífice.

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