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Domingo 11 de Diciembre de 2011

Adiós al miniaturista contento

Jaque dejó el gobierno sin gloria y sin cariño popular, pero ganador, avalado por la firme herencia de sus ministros. El hombre de los sueños modestos.

Andrés Gabrielli

Ha llegado Paco y dijo adiós Celso, el hombre que reinó durante cuatro años envuelto en una nube de misterio.

Fue una ceremonia, la del traspaso, bañada en lágrimas, de uno y otro lado. Lágrimas del entrante, lágrimas del saliente.

Agua sobre agua.

Más agua para inflar otro poco la misteriosa y densa nube que acompañó a Celso Jaque hasta su último día en la Casa de Gobierno.


El miniaturista
Jaque fue un rey sin corona. Mejor dicho: con corona, pero pequeña. A la medida de sus anhelos.

“Tomamos las decisiones que teníamos que tomar”, afirmó en su despedida, a modo de balance.

Se va, pues, con el orgullo que siente una persona modesta.

Nunca se propuso cambiar sustancialmente el mundo, ni siquiera su mundo circundante, inmediato, el que tenía al alcance de la mano.

Su aspiración de máxima fue mejorarlo un poco, pintarlo, dotarlo de unos puentes, unas escuelas, unos caminos interiores y ciertos cables de electricidad.

Jaque soñó a escala municipal. Y se siente cumplido. Agradecido por el regalo de la Providencia.

De él podría decirse lo que se atribuyó a Nicolás II, el último de los zares, cuya mente “estaba dedicada a las cosas pequeñas”, según el retrato de Orlando Figes.

“Su mente era la de un miniaturista”.


Anclao en Cuyo
Mendoza, después del cuatrienio jaquista, está donde está.

No más chica en volumen, probablemente. Pero sí más achicada.

Es el carácter que le transfundió su gobernador.

También le dio sus temores y sus complejos.

Llevada en vilo durante varios años por un país que vino creciendo a tasas chinas, como le gusta jactarse al kirchnerismo, no es ninguna hazaña que la provincia aparezca ahí, como quieta, en la foto.

La medida de este fondeo la da Francisco Pérez, el mandatario en arribo. Promete que a partir de ahora “se empieza a escribir una nueva historia de la provincia de Mendoza”.

Nadie se vuelve revisionista si la historia vieja le gusta y le cierra.

Paco lo señala sin rodeos: quiere que Mendoza vuelva a sentirse la hermana mayor de Cuyo y actúe como tal.

Que saque pecho, en definitiva.


El que mira para arriba
La emoción de Jaque al poner el bastón de mando en manos de otro peronista se entiende desde todo punto de vista.

El malargüino es de los que dan la vida por la causa. En los tiempos fundacionales se daba la vida por Perón. Hoy, Jaque dio y da la vida por “él” y por Cristina. Sin pedir nada a cambio. Sin contraprestación alguna.

Es pura entrega nomás. Corazón abierto y a disposición.

Jaque, siempre, en su rol de político local, necesitó tener un sol arriba, un astro rey, una Estrella de Belén que le fuera trazando el camino.

El país, para él, era como el instituto donde se formaba Jakob von Gunten, el inolvidable personaje de Robert Walser, que decía: “Aquí aprendemos a sentir respeto y comportarnos como quienes han de alzar la mirada hacia algo”.

Jakob o Jaque, da lo mismo: “Necesito vivir espoleado, forzado, sujeto a tutela. Es algo que me fascina”.


La serenidad del bendito
Ese buscar siempre la guía en las alturas explica por qué, cuando llegaron los férreos mandatos desde Buenos Aires poniendo orden en la interna local y dibujando en la arena el destino de cada uno de los actores, el gobernador no emitiera una sola protesta, ni un leve, mínimo quejido se le escuchó.

Su delfín, que debía ser por simpatía el candidato a gobernador, Alejandro Cazabán, sintió cómo se hundía el cuchillo hasta el fondo en sus entrañas al perder el codiciado cetro. “Me bajaron a mí, ahora van por vos”, le dijo en la intimidad a Jaque, sangrando por la herida.

Jaque no acusó dolor, ni sorpresa, ni rebeldía. Asumió el dictamen “de arriba” con la serenidad de los ascetas y los místicos.

Aún hoy, que no sabe a ciencia cierta qué será de él, en qué conchabo oficial continuará desgranando sus días –siempre al servicio de la causa–, su semblante transmite la complacencia de los benditos por la vida.


Difamado, pero ganador
El aura que rodea a Jaque es de serenidad, pero están quienes se empeñan en que se vaya embarrado, con la ropa hecha jirones, corrido por los perros.

Quieren cebarse sobre su figura escasamente gallarda como si con eso sacaran chapa de valerosos observantes.

Lo cierto es que Jaque se retira sin gloria y sin el calor del abrazo popular, al cual tiende por naturaleza todo gobernante.

Pero no se va derrotado, como pretenden, sino al contrario.

Lo atestigua su herencia.

La nueva fórmula gobernante, Francisco Pérez-Carlos Ciurca, es la vanguardia de su gabinete.

De su gabinete emergió también Carlos López Puelles, quien recuperó la comuna de Luján para el PJ luego de la tierra arrasada que dejara Carral.

Otro integrante destacado, aunque polémico, de su equipo de colaboradores, Guillermo Carmona, encabezó la lista de diputados nacionales.

Dos de sus ministros, Carlos Aranda y Félix González (este último de su estrecha confianza), fueron ratificados en sus cargos.

En la misma factoría ministerial se torneó Mario Adaro, el más joven y entusiasta miembro de la Suprema Corte.

Los nuevos ministros Marcelo Costa (Hacienda), Javier Espina (Turismo) y Rolando Baldasso (Obras) alzan el vuelo desde el nido jaquista, lo mismo que los secretarios Eduardo Bauzá (Coordinación) y Diego Palau (Transporte), entre otros.

Nada de esto es casual.

Habla de un Gobierno que, pese a sus numerosas deudas (“Pido disculpas”, volvió a decir el Jaque bíblico), dejó para Paco Pérez un tejido de contención desde donde pueda arrancar con suficiente fuerza. Desde donde elaborar una luna de miel que Jaque nunca tuvo.

Jaque, durante cuatros años, sólo tuvo luna de hiel.

“¿Cómo calificaría usted la gestión de Celso Jaque como gobernador?”, viene de preguntar en el Gran Mendoza, San Martín y San Rafael el consultor Santiago Alé. Entre muy bueno y bueno las opiniones suman algo más del 40%.

O sea, nada es casual.

Jaque, por su imposibilidad de verse a sí mismo (quizá no tenga espejos en su casa), por impotencia para ponerse en perspectiva y juzgarse y corregirse, siempre estuvo por debajo de su gobierno.

Tampoco sus colaboradores terminaron de verlo entero. Algo les faltaba, siempre, en el rompecabezas.

Falto de ángel se va, desarbolado como ícono social, jeroglífico. Pero hormiguita paciente, se va también invicto, en los grandes competencias, ante los radicales, ante sus difamadores y sus malquerientes.

“Los verdaderos hombres –decía Jakob von Gunten–, los seres humanos de verdad, no son jamás visiblemente bellos”.
 

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