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Domingo 06 de Noviembre de 2011

Aumentan los abogados “cazadores”

Alertan sobre letrados que recorren hospitales o pagan datos para llegar primero a accidentados 

El filme Carancho cuenta la historia de un abogado que al igual que el ave de rapiña carroñera se alimenta de las víctimas de accidentes de tránsito. Esta película inmortalizó en la pantalla grande una situación que, con varios matices, sucede en la vida real.

General Alvear no quedó exento de esta movida y los cazaaccidentados (viales, laborales o por presunta mala praxis) están a la orden del día. Se presentan en primera persona o, lo que es más habitual, por medio de gestores o “acercadores”, como los llaman los profesionales del mundo de las leyes.

Eso sí, sin tanta historia de amor como la de Sosa y Luján (Ricardo Darín y Martina Gusmán) pero de seguro con una alta dosis de tragedia ya que engrosan sus bolsillos con la desgracia ajena.

Por lo general se pasean por los hospitales y sanatorios buscando información o a través de una serie de contactos reciben el dato del accidente y llegan a las víctimas antes que cualquiera para ofrecer los servicios legales.

La intención que persiguen es conseguir los casos, con promesas de jugosas indemnizaciones, para litigar contra las compañías de seguros. El problema para el representado es que una vez que firmaron el poder, el letrado inicia las acciones judiciales en otra jurisdicción, comúnmente en Buenos Aires, Rosario y Mendoza –en el domicilio legal de las compañías– y se pierde por completo el vínculo abogado-cliente.

Pero lo más grave se produce al final del proceso. La víctima a la hora de percibir la compensación solamente obtiene una mísera porción de lo que le corresponde, en el mejor de los casos.

Este hecho en particular se encuadra en la “defraudación”, un delito penado por la ley con prisión de 6 meses a 6 años.

Sin escrúpulos

Mario Vendramín corroboró esta práctica deleznable y aseguró que “se ha incrementado en los últimos años”. El letrado tiene 35 años en la profesión y es presidente de la Asociación de Abogados Alvearense.

En la mayoría de los casos los “acercadores” trabajan para abogados que “vienen de afuera y una vez que obtiene el consentimiento de la víctima” parten a las grandes urbes para litigar.

Según su conocimiento, “hay casos en que se fugaron y nunca le pagaron al cliente o los cansan, hacen que pase el tiempo y terminan tirándole unos pesos, mientras ellos negocian con las compañías de seguros”, comentó Vendramín. De acuerdo al profesional, “generalmente se aprovechan de la gente de bajos recursos económicos”.

Roberto García, un joven abogado local, sostiene que “el dato objetivo es que en la gran ciudad el valor de la vida es mucho mayor y convencen a las víctimas asegurándoles que así van a sacar más plata”.

Otro ardid al que suelen recurrir para ganarse la confianza de la gente es hacerse pasar por representantes de las aseguradoras. “Nadie le cierra las puertas a la aseguradora”, comentó un productor de seguros.

“Esta es una práctica reñida completamente con la ética profesional. Hay que denunciarlos en el Colegio de Abogados”, remarcó Vendramín.

Precisamente en el artículo 26 de la Ley de Colegiación (4.976), capítulo tercero, se les prohíbe expresamente a los abogados “procurarse clientela por medios incompatibles con el decoro, probidad y dignidad profesional y en especial por medio de terceras personas o intermediarios”. Y también “asegurar al cliente el éxito de un pleito”.

Colegio de Abogados, alerta

El Colegio de Abogados del Sur mendocino no se abstrajo de esta realidad y colocó carteles indicadores alertando “ante la reiteración de ilícitos, defraudaciones y acuerdos muy inconvenientes para las víctimas”, según reza la leyenda.

Las indicaciones están a la vista en los hospitales y la policía. En ellos se advierte a las víctimas de accidentes o los familiares de que no deben “firmar documentación a gestores que en representación de abogados aseguran un pronto cobro” de indemnizaciones, “no dejarse engañar” y tomar el tiempo necesario para buscar un profesional que los represente, teniendo en cuenta de que “hay dos años” para reclamar por medio de acciones legales desde la fecha que se produce el accidente.

Por su parte Mario Vendramín, presidente de la Asociación de Abogados Alvearense, le aconsejó a la ciudadanía “no formarse falsas expectativas”.

“Hay que recurrir a un abogado de confianza y que esté al alcance, con quien puedan ver y seguir de cerca el expediente. Que sea alguien a quien lo puedan encontrar”, enfatizó.
 

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