Policiales
Domingo 13 de Noviembre de 2011

Baleados y acuchillados, una constante los fines de semana

Todos los meses se registran heridos por arma blanca y de fuego, la mayoría de los casos entre viernes y domingo. Se trata de un síntoma de la violencia social que se vive en la actualidad 

Periódicamente surgen noticias sobre personas heridas por arma de fuego o arma blanca. Esos hechos, que ya forman parte de la información habitual de los fines de semana en los medios de comunicación, evidencian un trasfondo de violencia social que se vive en varios sectores del departamento.

Para el médico Carlos Giménez, jefe de guardia del hospital Schestakow y cirujano de emergencia los días sábados, “es evidente que en los últimos años hay un aumento más que significativo de hechos de violencia de todo tipo”, lo que se refleja en los casos que deben atender en ese sector del nosocomio, fundamentalmente entre viernes y domingo.

El profesional dijo que “cuando vengo los fines de semana sé que voy a tener tres o cuatro heridos por arma de fuego o blanca, es raro no tener ese tipo de casos”.

Los agredidos con heridas de menor gravedad son atendidos en la guardia de urgencias y retornan a sus hogares a completar la recuperación, pero otros quedan internados, fundamentalmente acuchillados más graves y los que resultan baleados.

Según la estadística aportada por el Sistema de Vigilancia de Lesiones del nosocomio público, desde inicios de este año hasta el 12 de octubre hubo 26 internaciones de heridos con arma blanca, uno de los cuales falleció, y 22 de personas baleadas entre enero y el 24 de setiembre (último dato disponible), incluida una muerte.

Escapes y “código de silencio”

Muchos de estos casos son producto de peleas entre individuos o grupos, o “ajustes de cuenta” en ambientes donde impera el “código del silencio”.

Esto lleva a que muchos no quieran denunciar a sus agresores, otros brinden datos falsos y algunos heridos no se queden en el hospital, pese a que corren riesgo de muerte.

Giménez, que trabaja en la guardia hospitalaria desde 1994 y que acumula experiencia en estas situaciones, explicó que “temen ser identificados porque son integrantes de un ambiente donde el uso de armas es cotidiano, dirimen sus dificultades a los tiros o cuchillazos; el que recibió un balazo es probable que antes le haya pegado un balazo o un palazo a un vecino o familiar, entonces quedar internado significa exponerse a ser investigado. Por supuesto que la policía actúa, toma las declaraciones correspondientes y otras cuestiones a las que esos heridos no quieren someterse”.

El médico ejemplificó con un caso extremo registrado hace casi un año en el hospital público. “Un domingo –recordó– con el cirujano de guardia operamos a un herido de arma blanca al que el cuchillo le había atravesado el corazón, se lo suturamos y el paciente sobrevivió. Estuvo en el servicio de terapia intensiva y al tercer día los familiares le trajeron su ropa, se vistió y se escapó con el corazón cosido. Hasta ahora no lo han traído, evidentemente sobrevivió”. 

Jóvenes, los más expuestos

Un análisis detallado de los 48 internados por heridas con ambos tipos de armas evidencia dos denominadores comunes: gran parte de los hechos ocurrieron viernes, sábados, domingos y feriados, y la mayoría de los heridos son jóvenes entre 16 y 36 años, excepto cinco casos de 39, 42 (2), 56 y 62 años.

Además, el médico Carlos Giménez dijo que “en la mayoría de los heridos vienen con consumo de alcohol o drogas” y en varios ocasiones estos o sus familiares agreden a médicos y enfermeros.

Todo esto es la punta del iceberg de un problema social importante. Para el psicólogo Gabriel Olivo, presidente de la flamante Asociación Formarte, una agrupación que trabaja en la recuperación de jóvenes con problemas sociales o de drogas, la violencia social tiene varias causas.

Consideró que una de ellas es la promoción exagerada del consumismo, lo que genera frustración en los jóvenes, que están inmaduros para manejar el deseo. “El mensaje es: sos a través de lo que tenés”.

Por otro lado, “al joven le cuesta mucho insertarse en el mundo laboral, la situación no está fácil y eso genera frustración. Y el resultado de mucha frustración es violencia”. También mencionó lo que denomina “consumo de agresividad”, ya sea a través de películas, televisión y videojuegos cada vez más violentos.

Tampoco dejó de lado el consumo de bebidas alcohólicas y drogas, que actúa como “anestésico” de la frustración y para olvidar los problemas.

“Mientras más consumo, más se pierde la razón, y con menos razón más actúan por impulso instintivo, entonces viene la agresión. Y el fin de semana es cuando se da el espacio justo para la expresión de estas frustraciones y el consumo, entonces emerge lo instintivo y lo agresivo”.
Y además señaló la necesidad de fomentar en gran medida las acciones de contención, como el caso de actividades deportivas.

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