Más noticias
Domingo 29 de Noviembre de 2015

Cada vez son más violentos los ritos de los cumpleaños

Gonzalo Conti
conti.gonzalo@diariouno.net.ar

Los rituales de cumpleaños no son una tendencia nueva. Es más, son “históricos”, pero la particularidad es que con el paso del tiempo se fueron tornando cada vez más violentos. Lo que antes era el típico “capachito” se convirtió en verdaderas golpizas hacia los agasajados.
Por ejemplo, ya es normal que muchos padres les compren a su hijo dos tortas, una para soplar las velitas y la otra, exclusivamente, para que los amigos le metan la cara adentro.
“La tirada”, destinada a chicas que cumplen 15 años, consiste en preparar mezclas desagradables que incluyen productos vencidos o podridos, huevos, vinagre, sumado en algunos casos, caca de perros y pis de algunos de los adolescentes.
“Habían mezclado un montón de cosas para tirarme. Se hace desde hace bastante y para todas las chicas que cumplen 15. Cuando llega tu cumpleaños esperás que te hagan la tirada, aunque sea asqueroso, porque estás acostumbrada”, cuenta Candela, quien cumplió 15 hace pocos días.
Milagros, por su parte, tiene 14 y está próxima a cumplir años, pero asegura: “A mí no me la van a hacer porque me voy a quedar dentro de mi casa para que no me tiren nada”.
Otro ritual llega cuando los varones cumplen 18 años. Hasta hace algunos años, la costumbre era teñirles o cortarles el pelo con algún estilo extraño para, luego de un par de días, pelarlo definitivamente. A eso se sumaba el “capachito”, donde el grupo de amigos golpeaba al cumpleañero por unos segundos.
Sin embargo, en el último tiempo esta costumbre se volvió aún más violenta: el corte de pelo se mantuvo, pero previamente se lo queman y la ronda para pegarle se convirtió en largos turnos de golpizas. Luego, al mejor estilo de las despedidas de soltero, al joven que festeja su cumpleaños lo desnudan o lo visten de mujer para pasearlo por las calles o dejarlo atado a algún poste de luz algunas horas.
“A mis amigos que cumplieron 18 los pelamos, los desnudamos y los atamos en la calle, o los vestimos de mujer para sacarlos al centro. Se hace siempre porque es tradición, pero es cada vez más duro”, comentó Agustín (16).
Martín (19), en cambio, asegura que en su grupo ninguno fue sacado a la calle desnudo. “Pero te pegan fuerte, con lo que sea y sin límites, para después pelarte”.

Se puede decir que no
La adolescencia ha sido siempre una etapa conflictiva, sobre todo desde el punto de vista de los mayores que no entienden cómo los jóvenes hacen determinadas cosas, cuando quizás ellos, con diferentes matices, también las hacían.
Dos especialistas mendocinas en temas de juventud, coincidieron en que los aspectos fundamentales para controlar sin prohibir estos rituales son la presencia de los padres y que los propios chicos sepan que pueden negarse o ponerle límites a la situación.
Cecilia Sottano, psicóloga y coordinadora del Programa Provincial de Salud Adolescente, reflexionó: “Desde nuestro lugar de adulto, tenemos que estar presentes ante el exceso, que es cuando las cosas se complican. No es complicado en sí mismo que haya una tirada, lo complicado es que dejemos a los chicos solos de tal manera que favorezca el exceso”.
Para eso, destaca, que a la hora de hablar con ellos es necesario hacerles entender que estar cómodos y contentos con lo que sienten es la mejor manera de estar en el mundo, por lo que es importante que definan qué quieren.
“No hay que pensar al adolescente como una persona frágil que no puede decidir, sino acompañarlo a encontrar sus propias razones, controlando y acompañando que no se llegue a una violencia que lastime a él o a otro. Es ocupar el rol de adulto”.
Por último, recordó que cuando un chico pide o consulta algo, la respuesta no debe ser lo que se piensa, sino interesarse en cuál es su inquietud o cómo llegó a pensar en eso, dejándolo esgrimir sus razones.
Por otra parte, Rosana Tambutto, también psicóloga a cargo de un programa junto con docentes, cuenta que su preocupación más que por el ritual pasa porque los chicos no puedan decir que no y la dificultad de los padres a la hora de poner límites.
“Algo que hace el adolescente es ponerlo en crisis al adulto. Exige una de las cosas que más cuestan en general, que es poner límites, y para ponerlos es necesario tener autoridad, la cual no se explica, se ejerce y se gana con conducta, no con discursos”.

Decir “no”
En cuanto a la importancia del “no” de los jóvenes, Tambutto cree que el miedo a quedar aislado de un grupo hace que les cueste expresarlo, lo cual es peligroso si se lo analiza como el origen de problemáticas como el consumo.
Por eso, si quieren los rituales, sugiere a los padres que propongan hacerlos en la casa, ya que no es lo mismo que si se hacen en una plaza. “Una buena estrategia es decir: ‘Bueno, querés hacerla, que vengan a la casa porque hay adultos’. No es una garantía absoluta, pero implícitamente se marca un control”.
Finalmente, repitió que no hay que prohibirlos, sino que hay que acompañarlos porque sirve de prevención y el mismo joven tiene a quién recurrir si se siente violentado o amedrentado.

Comentarios