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Domingo 27 de Noviembre de 2011

Cristina limitó a los gremialistas

En la semana que pasó, la Presidenta dibujó a grandes trazos el camino de su segundo mandato y marcó lo que está dispuesta a cederles a los sindicalistas.

Gustavo Sylvestre
Especial para UNO

En la semana que pasó, la presidenta Cristina Kirchner esbozó los lineamientos que tendrá su segundo mandato y marcó los límites de lo que está dispuesta a tolerar en su relación con los gremios.

Frente a los empresarios más poderosos del país –estaban todos, desde Paolo Rocca hasta Biolcatti, pasando por Eskenazzi y pequeños y medianos empresarios, en un auditorio pocas veces visto en el marco de la reunión anual de la UIA–, la Presidenta clarificó las reglas de juego en materia económica que tendrá su gobierno.

Ratificando en parte lo ya hecho, dispuesta a hablar de temas vedados para el kirchnerismo como la inflación, aclarando posturas confusas hasta este momento por el control al dólar, que las empresas multinacionales podrán reenviar libremente sus utilidades a las casas matrices, y demostrando estar al tanto de los movimientos de las grandes empresas –como cuando dijo que había grandes empresarios que habían recibido créditos blandos del Bicentenario pero que habían comprado dólares por igual o más cantidad de dinero–, Cristina Kirchner terminó por seducir a una platea que, en privado muchas veces, suele ser muy crítica respecto de su gobierno.

El escenario preparado por la Unión Industrial Argentina (UIA) entusiasmó a la Presidenta.

Es que, por primera vez en muchos años, la poderosa UIA y el gobierno kirchnerista han logrado una relación más que fluida, a partir de la asunción de José Ignacio de Mendiguren. A punto tal que la Presidenta se permite tutearlo y hasta llamarlo por su apodo: Vasco.

Los empresarios quedaron más que satisfechos con el discurso de la Presidenta.

“Clarificó las reglas de juego y trajo certidumbre”, dijo De Mendiguren el día después.

“Es importante que haya hablado del tema inflación y que esté dispuesta a tratarlo. Sabemos que no es fácil, pero al menos lo puso en la agenda”, expresó un capitoste de la industria.

Pero así como quedó demostrado que se han fortalecido los lazos entre el Gobierno y los empresarios y la alianza se consolida, el mismo escenario de la UIA sirvió para que una vez más quede demostrado el paulatino alejamiento del titular de la CGT del gobierno.

Moyano aceptó el convite de De Mendiguren para participar en un debate, entre ellos dos, sobre los desafíos que se vienen. Y así lo hizo.

El panel mereció también una recepción positiva de los presentes, por notar a Moyano más racional que en otras oportunidades y teniendo bastantes puntos de encuentro entre ellos.

Pero, llegado el momento del discurso de la Presidenta, Moyano se retiró.

Con cierto halo de ingenuidad, la Presidenta, en el medio de su discurso, preguntó al pasar: “¿Está el compañero secretario general de la CGT? ¡Ah, se fue!”. Y comenzó a delimitar su posición respecto del proyecto de ganancias que auspicia Moyano.

Una vez terminado el discurso, y después de recibir las felicitaciones de los invitados, la Presidenta le preguntó al oído a De Mendiguren: “¿Por qué se fue Moyano?”.

La respuesta del presidente de la UIA trató de ser indulgente: “Todavía está golpeado por la muerte del hijo. Hay que comprenderlo, vino especialmente porque yo se lo pedí. Es la primera salida pública que hace”, le respondió.

De Mendiguren también dice: “A Moyano hay que contenerlo”.

Si bien es cierto que Moyano quedó muy golpeado por la muerte de su hijo Emiliano –hecho más que entendible– y que era la primera ocasión en que aparecía en público, desde el gobierno reflexionaban que al menos se hubiera tenido que quedar a escuchar el mensaje de la Presidenta.

Nunca fue fácil el diálogo entre Moyano y la Presidenta. Por ese motivo, Moyano siempre dice que “una cosa era Néstor y otra es Cristina”. Y los hijos del sindicalista, Pablo y Facundo, han reconocido en público que “extrañan la ausencia de Néstor Kirchner”.

Cristina siempre tuvo un trato más frío y distante.

Hay que repasar los últimos discursos de la Presidenta para ver que siempre hay una mención a la actitud de los gremialistas.

En privado, los cercanos a Moyano cuestionan la actitud de la Presidenta y dicen que “no lo puede estar retando en público como si fuera un chico”.

La Presidenta considera que hay actitudes de los sindicatos que no están de acuerdo con los nuevos tiempos y siente que hay un actitud de “presión” permanente hacia el gobierno o los empresarios. Y no tolera esa actitudes.

El gobierno quiere marcar la cancha y para el segundo mandato quiere que quede bien en claro dónde se para frente a ciertas actitudes de los sindicalistas.

Pero los puentes no están rotos entre Moyano y el Gobierno. El ministro Amado Boudou mantiene buenas relaciones y obviamente que Julio de Vido siempre está a mano para salvar cualquier situación de peligro.

Asimismo, Moyano siente que el Gobierno está detrás de la embestida en su contra para correrlo de la conducción de la CGT, hecho que ocurriría en julio del año próximo.

Y no se olvida de que siempre está latente la causa judicial por supuestas cuentas suyas en Suiza.

De Mendiguren será otro protagonista clave en buscar un acercamiento entre Moyano y el gobierno. Sostiene que, por primera vez en mucho tiempo, frente a la crisis de Europa y Estados Unidos, la Argentina está muy bien parada y en condiciones de aprovechar nuevas oportunidades. Y que no se puede estar en peleas estériles.

Pero, así como la Presidenta le marca la cancha a Moyano, esta semana salió fuertemente a delimitar responsabilidades en el caso Aerolíneas Argentinas.

Allí hay varios puntos de conflicto.

Varios de los principales gremios “no digieren” a la actual conducción de la empresa, encabezada por Mariano Recalde y algunos de los jóvenes de La Cámpora. La tildan –en privado– de “soberbios e inexpertos”.

Desde hace algunos meses, desde Aerolíneas Argentinas se había comenzado a planear un cambio de reglas en la relación con alguno de estos gremios, pero la mira estaba puesta básicamente en el de Ricardo Cirielli y el de los pilotos.

Cirielli –hay que decirlo– ha tenido y tiene una actitud política, de lucha y enfrentamiento con el gobierno. Desde su salida del gabinete de Néstor Kirchner, por disidencias con el entonces secretario de Transporte Ricardo Jaime, Cirielli busca la oportunidad de “pasar facturas pendientes”. Y parece haber encontrado el momento.

Su relación con Luis Barrionuevo y la de ahora con Moyano han encendido en el Gobierno las luces de alerta. Y lo tienen apuntado.

Con el gremio de Jorge Pérez Tamayo no se sabe bien qué ocurrió.

El sindicalista era el piloto del avión presidencial en tiempos de Néstor Kirchner y, al igual que Moyano, es otro de los que en privado dicen extrañar a Néstor.

La conducción de Aerolíneas, con el aval de la Presidenta, le quiere cambiar el régimen laboral, que consideran de privilegio.

“No haremos paros. Veremos qué ocurre en tiempo de vacaciones… La realidad los hará tomar conciencia de que se están equivocando”, sostienen cerca de Pérez Tamayo.

Asimismo, desde el Gobierno se está aguardando el informe de una “comisión de garantía” integrada por asesores de la UIA, la CGT y la CTA, que deberán delimitar si se puede considerar como “servicio esencial” el que presta esta aerolínea.

Sería una de las herramientas que tendría a mano el Gobierno para endurecer su postura frente a los gremios aeronáuticos.

Lo que está claro es que una nueva relación surge entre el gobierno de Cristina Kirchner y los sindicatos.

Que la Presidenta ya no está dispuesta a tolerar acciones que hasta hace poco el gobierno o bien toleraba o disimulaba.

Y que para el segundo mandato se marcarán las diferencias del estilo de gobernar y gestionar entre Néstor Kirchner y Cristina Kirchner.

 

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