En debate esp
Domingo 18 de Diciembre de 2011

Cuando el Viti te baje la barrera

Quizá el proyecto de limitar la circulación de autos en Ciudad peque de falta de consenso, pero ha puesto un gran problema en la agenda. Algo hay que hacer.

Manuel de Paz
mdepaz@diariouno.net.ar

A Víctor Fayad le suelen decir de todo menos bonito. Y es probable que algunas de esas críticas tengan razón.

Sobre todo las que lo acusan de ser poco afecto a consensuar políticas. O las que le remarcan su carácter difícil.

Pero hay algo que lo marca a fuego: tiene la manía de ocuparse de ciertos problemas que están ahí, en las narices de todos, que le joden la vida a medio mundo, pero que nadie quiere agarrar porque son brasas ardientes.

Fayad, que cree estar de vuelta de casi todo y que ya no teme escaldarse, insiste en meterse con temas que algunos siguen creyendo que son políticamente correctos y como tal, intocables.


Mi espacio

Ejemplo: los políticos supuestamente bien pensantes creen que hay que mirar para otro lado cuando determinados grupos se apropian del espacio público para ejercer (a como dé lugar) la protesta sectorial, o para la venta ilegal, o para actuar de falso artesano con el fin de no pagar ningún impuesto, instalándose a piacere en una plaza.

Mientras la mayoría de la población ya está harta de que veinte personas le corten cada dos por tres el Nudo de Costanera y Vicente Zapata por cualquier cuestión, los funcionarios bienpensantes siguen creyendo, como si recién estuviéramos saliendo de la dictadura, que hacer cumplir la ley es judicializar la protesta social.


Para que tenga
Hace poco Fayad volvió a ser acusado de facho-nazi-turco desalmado por haber sacado del entorno del Hospital Central, con la ley en la mano, a una romería de vendedores callejeros que se habían adueñado de ese sitio céntrico.

Tras esa decisión, que algunos quisieron empañar debido a alguna declaración poco feliz de un colaborador del intendente sobre los vendedores senegaleses, ahora Fayad ha vuelto a la carga con otro tema picante.

Quiere meter mano en el infierno en el que se ha convertido el tránsito en la Capital, a cuya jurisdicción llegan desde toda la provincia, pero en particular desde el Gran Mendoza, 260.000 coches particulares por día.

¡Atrás, atrás!
En concreto, Fayad quiere restringir en Ciudad el ingreso de los autos que llegan con una sola persona a bordo.

Para ello propone algo similar a lo que se hace en Santiago de Chile, donde se limita el ingreso al centro según la terminación numérica de la patente del coche.


En boca cerrada...
El proyecto de Fayad, que será enviado para que lo trate el Concejo Deliberante (donde el jefe comunal tiene mayoría) posee un punto flojo: no ha sido consensuado con nadie.

Ni con el Gobierno provincial ni con el resto de los Municipios del Gran Mendoza.

Si en Mendoza tuviéramos una clase política más civilizada e inteligente, asuntos como el crecimiento desmesurado del parque automotor particular hace rato que se estaría trabajando en conjunto.


Mutis por el foro
En rigor de verdad, la Provincia es la que debería haber tomado la iniciativa para ordenar el tránsito en todo el Gran Mendoza y en los accesos Sur y Este, hoy peligrosamente colapsados.

Ante esa ausencia de gestión, Fayad tomó la delantera y se largó a intentar ordenar en soledad un asunto que una ley provincial (de las tantas que se incumplen) marca que debe atender un Comité de Tránsito y Transporte conformado por los municipios y la Provincia.

En esto Fayad es muy peronista porque parece basarse en aquello de “donde hay una necesidad hay un derecho”. Y se manda.


Algo bueno
¿Qué es lo positivo de todo este merengue?
Que alguien, sin miedo, ha instalado el tema. Quizá de manera un poco chambona. Pero es indudable que otra vez Fayad ha marcado un asunto en la agenda provincial.

Sí o sí hay que hacer algo inteligente con el tránsito en la Ciudad. Quizá no sea exactamente lo que propone Fayad.


Y encima habrá que pensar
Quizá haya que pensar en nuevas avenidas para entradas y egresos, en concretar las circunvalaciones, en mejorar el sistema de transporte (el aporte del metrotranvía que unirá Maipú con el centro puede ser muy interesante).

Pero lo que no se puede dejar de sopesar es que la relación del mendocino (como la de todo argentino) con su auto es un asunto cultural muy fuerte para romper de un día para otro.

“Van a matar el centro”, han advertido los comerciantes capitalinos apenas tomaron nota del plan.


Aquel antecedente
Esos comerciantes siguen recordando que durante la primera gestión municipal de Fayad (1987-1991) ya tuvieron una experiencia dura.

Fue cuando el intendente hizo agrandar las veredas de la calle San Martín con lo que debió eliminarse el estacionamiento en la principal avenida de la Ciudad.

Aquella vez no se cumplió el deseo oficial de que así los mendocinos iban a caminar más.

Lo que en realidad pasó fue que los mendocinos crearon de la nada otro centro: la calle Arístides.

Así siguieron yendo con su auto hasta la puerta de los boliches y de los restoranes.


Discúteme más

Por eso hay que decir que también suena contradictorio que, por un lado, alentemos a nivel nacional la industria del automóvil, el consumo, las salidas, la diversión y que, por el otro, le pongamos frenos al uso de los rodados.

Otro punto discutible que exhibe el proyecto de Fayad es que quedan exentos de la limitación de tránsito todos los vecinos que vivan en la Capital.

Eso, dicen los críticos que están brotando, se da de patadas contra el precepto constitucional de que todos somos iguales ante la ley.

Es ilegal –ya se está diciendo– que desde un solo Municipio se legisle para los habitantes del resto de la provincia.


¿Qué dirá “Paco”?
Seguramente este intríngulis repercutirá por estos días en el despacho del nuevo gobernador.

La primera semana de Paco Pérez en el sillón que Jaque le dejó calentito fue a mil. Una montaña rusa all inclusive.

Pérez pasó de enfrentarse cara a cara con los que viven de la basura en el vertedero El Pozo a secretear con Cristina en el acto que la trajo a San Rafael para inaugurar la terminal que lleva el nombre de “él”.

Pero no debe haber quedado indiferente a esta iniciativa.

Es que, de llevarse a cabo, muchos de los que se queden de a pie para ir a trabajar a la Capital, para llevar los chicos a la escuela o para llegar al médico o la universidad, van a poner el grito en el cielo.

Y, cuando se acuerden mal de Fayad, también terminarán echándole la culpa a Pérez por no haber previsto una mejor solución desde la Provincia.
 

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