En debate esp
Domingo 25 de Septiembre de 2011

Cuando las casas valen votos

Como la experiencia reciente prohíbe discursear mucho sobre seguridad, el tema vivienda se volvió la promesa VIP de la campaña. Un circo “a lo Tinelli”.

Andrés Gabrielli

El próximo gobernador de Mendoza será un egresado del Liceo Militar General Espejo.

Dos de los candidatos son cuarentones, el peronista Francisco Pérez y el demócrata Luis Rosales; el otro, Roberto Iglesias, radical, es sesentón.

Pese a la diferencia etaria, parecen cortados por la misma tijera.

Tienen la enjundia del mendocino típico.

A cualquiera de ellos podría caberle, como anillo al dedo, una de las últimas consignas que lanzó Iglesias al ruedo, proponiendo “orden, justicia y respeto”.

Son, pues, idiosincrasia pura, clonando el modelo de sus antecesores Julio Cobos, Arturo Lafalla y Rodolfo Gabrielli.

Como Felipe Llaver era un veterano de otra época, sólo José Octavio Bordón, en el inicio de este ciclo democrático, rompió el molde, fue “un distinto”, como bien lo señalara Rosales. Es que el Pilo venía de otras latitudes. No era un menduco de raíz.

¿Por qué importa esto?
Porque les cuesta, y mucho, diferenciarse entre sí.

No basta siquiera el distintivo partidario, que años antes era como un marca en el orillo.

Hoy está todo cada vez más mezclado en el guiso común de la política.

¿Cómo hacen, entonces, para tomar distancia uno del otro?
Mediante las promesas.

Las promesas de campaña. Que irán in crescendo a medida que se acerque la hora de votar, el 23 de octubre.


Vendiendo casitas
La manera de diferenciarse, cuatro años atrás, cuando los dos principales candidatos estaban al servicio del kirchnerismo, fue la seguridad. Y en esa pulseada propagandística, el peronista Celso Jaque le sacó ventaja al radical K César Biffi.

El famoso mapa del delito que enarboló el malargüino fue su biblia de campaña; biblia que, apenas asumido, se transformó en su libro negro. Hasta hoy.

Por eso mismo, ya nadie se atreve a realizar promesas ciertas, con números duros, sobre dicha problemática, aunque la inseguridad siga al tope de cualquier encuesta de preocupación ciudadana.

Por lo tanto, al vender un programa, el rubro casas resulta muy atractivo.

Tiene un sólido fundamento esta opción.

El jueves, por ejemplo, apenas llegado de su viaje a Nueva York junto con la Presidenta, Paco Pérez concurrió al programa Algo personal, en radio Nihuil.

“Poniéndose la mano en el corazón, ¿cuál ha sido el mayor déficit, la mayor asignatura pendiente de estos cuatro años de gobierno de Jaque?”, le preguntamos.

“Viviendas”, respondió Pérez, sin hesitar. Y añadió: “Pero no sólo de este gobierno, sino de los anteriores. ¿Cuántas casas hizo Cobos, cuántas Iglesias y así siguiendo hacia atrás?”.

Lo dijo como un sincero mea culpa, pues Pérez ha sido ministro de Infraestructura de la actual administración.

De ahí que haya apelado a la mesura respecto del festival de promesas inmobiliarias que viene desplegando la oposición, aunque sin privarse de abrir, él también, una puertita encontrada en la Gran Manzana (ver página 3).

Hasta tal punto la temática se ha vuelto circense e impúdica, que Iglesias habló de una “tinellización” de la campaña.

Aunque no haya sido su intención, fue una manera, como Paco Pérez, de ejercer una autocrítica.


Del Libro Verde a hoy
Es curioso el derrotero que ha seguido la problemática urbana en cuanto a promesa electoral.

¿Por qué sigue vigente? ¿Por qué los candidatos siguen tirando ofertas como quien reparte zapatillas y choripanes?
Porque es una necesidad concreta y acuciante. Y porque nadie se ha quemado todavía, pese a no cumplir lo prometido.

En este sentido, conserva su ejemplaridad el famoso compromiso que, allá por 1987, lanzó Bordón en su Libro Verde de aportarles soluciones habitacionales a 100.000 familias.

Por eso solo, el Libro Verde pudo haber sido como el mapa del delito de Jaque. Pero si bien se convirtió en un grano para Bordón hasta la actualidad, no lo perforó por debajo de la línea de flotación. Fue una mácula que no alcanzó a hundirlo.

Tras ese período vino un respiro. “El que más casas hizo en Mendoza, desde el ‘76 hasta hoy, fue Lafalla. Y sin que la Provincia ni la Nación pusieran un solo peso. Se hizo todo con recuperos y con recursos del Fonavi”, se jacta hoy el presidente de la Cámara de Diputados, Jorge Tanús.

En aquella época, Tanús, quien es ingeniero civil y construye, él mismo, en su actividad privada, era un bisoño funcionario de 29 años que se desempeñaba como director del Instituto Provincial de la Vivienda.

Entre el ‘96 y el ‘98, en menos de tres años se construyeron 12.600 casas. Se otorgaban créditos de 25.000 dólares para las viviendas urbanas y de 15.000 para las rurales. El IPV tenía 96 empleados. Hoy supera los 500.


El show de Tinelli
Las buenas y las malas experiencias de los gobiernos anteriores no han arredrado a los candidatos.

El que tiró la primera piedra, fuerte y sonora, fue el Alberto. En efecto, el gobernador puntano Rodríguez Saá irrumpió en Mendoza prometiendo construir barato. “Por $90 al mes, tenés tu casa”, rezaba su folletería de campaña con carácter de “compromiso”.

A partir de entonces se encadenaron los planes y se coparon las paradas, como en el poker. Los dos principales candidatos a gobernador de la oposición, Iglesias y Rosales, echaron a rodar sus respectivos programas con varios miles de viviendas y hasta se integró el postulante radical a la intendencia de San Martín y actual diputado, Luis Petri, imaginando casas para sus vecinos a $60.000. Como telón de fondo, Petri cuenta con los hogares baratos que erige su correligionario Mario Abed en Junín (Fayad y Cornejo tienen sus propias ideas, pero no han salido a batir el parche).

En el horizonte, lejanísimo horizonte nacional, el Plan Sueños Compartidos que supo manejar Sergio Schoklender reduce el debate mendocino a un juego de niños, mientras que las 120.000 casas (a pagarse en 600 cuotas de $500) que salió a ofrecer, a su turno, Ricardo Alfonsín suenan a nada.


Conclusión: promesas vanas

Finalmente, vale extraer una enseñanza luego de tantos años de regodearse con el techo digno.

¿Para qué sirven las cada vez más ostentosas faramallas electorales?
La consultora de Santiago Alé viene de concluir un sondeo de intención de voto. Allí, dado el tenor de la campaña, se preguntó a los encuestados: “Cuando los distintos candidatos hablan y prometen sobre los distintos temas que son importantes para Mendoza, ¿usted a quién más le cree?”. Ganó, por amplísimo margen, la opción “ninguno”, con el 64,48% de las preferencias.

Están sembrando en el viento.
 

Comentarios