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Sábado 19 de Noviembre de 2011

Diego Maradona: Mi vieja no cenaba con nosotros porque no había para todos

Así lo hizo saber infinidad de veces el propio ex jugador, Diego Armando Maradona, al rememorar aquellos primeros años en Villa Fiorito. Y nunca dejó de ser su sostén, incluso en los peores momentos de la vida del Diez. No te pierdas el video de esta nota.

El 30 de octubre de 1960 Dalma Salvadora Franco dio a luz a Diego, su quinto hijo, uno de los ocho que tuvo, en el Policlínico Evita de Lanús. Por esa mujer, que se desvivió para que a su familia no le faltara nada, Maradona repitió hasta el cansancio que daba la vida. Ella lo cuidaba y lo mimaba todo el tiempo. Así lo hizo saber infinidad de veces el propio ex jugador al rememorar aquellos primeros años en Villa Fiorito. Y nunca dejó de ser su sostén, incluso en los peores momentos de la vida del Diez.

La madre le decía a sus ocho hijos que no tenía hambre a la hora de la cena. Diego, el quinto, nunca entendió lo que pasaba hasta que fue grande. Su mamá y su papá, don Diego, no comían porque muchas cosas faltaban, en su humilde casa de Villa Fiorito.

"Me di cuenta tarde, pero mi vieja no cenaba con nosotros porque no había comida para todos", dijo el ex DT de la Selección, en varias entrevistas.

Doña Tota y Don Diego, el patriarca de la familia, acompañaron a Maradona durante toda su carrera. Estuvieron presentes en cada uno de los mundiales que jugó, alentándolo desde la tribuna. Cultores del bajo perfil, muy pocas veces se mostraron en público. Diego no pasó un sólo día de su vida en Italia sin llamar por teléfono a su mamá, a quien además le mandaba postales a diario. Cuando Diego estuvo mal, fue la Tota quien asumió su custodia, y cuando se separó fue quien lo albergó en su casa, como cuando era chico.

Yo aprendí de ella y de papá que no hay que olvidarse de todo lo que uno pasó. Todo sirve de experiencia como para enfrentar la vida, contó Maradona, cuando jugaba en Italia, en una entrevista que dio junto a su mamá a Nuevediario. Sin soltarla ni un momento de la mano, Diego solo tuvo palabras de agradecimiento para con su mamá. Dios me ha dado la madre más linda, la madre más buena, la madre realmente que yo soñé toda mi vida. Ella no se equivoca nunca, siempre esta bien lo que hace, lo que dice. Es lo más grande que tengo. Lo único que le pido a Dios es que no me la quite nunca, le dijo aquella vez.

Cuenta la leyenda que la Tota, embarazada y a punto de parir, encontró en el piso una estrella que sostuvo en la mano mientras daba a luz. El niño que nació, a quien bautizaron Diego Armando, se convirtió con esfuerzo simplemente en Maradona, la estrella del fútbol más grande de todos los tiempos. Pese a la fama, los flashes y la plata, Diego nunca se olvidó de sus raíces, y la Tota ocupó un lugar central y privilegiado en su vida. Hoy el Diez se quedó sin su guía: Doña Tota, su incondicional sostén, murió a los 81 años. (www.a24.com)

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