San Rafael
Sábado 24 de Diciembre de 2011

El ajedrez como escuela de vida

Carlos Bautista Franco tiene 16 años. En la mañana ayuda a su madre, en la tarde estudia y en la noche juega 

Carlos Bautista Franco tiene 16 años. Terminó segundo del Polimodal y se está preparando para rendir libre el próximo año e ingresar antes a la carrera de Ingeniería en Sistemas. Por las tardes estudia y practica ajedrez profesionalmente, lo que lo llevó a posicionarse como una de las promesas de este deporte a nivel local.

Bautista se confunde entre los demás jóvenes. Alto, delgado, de caminar lento y hablar alegre. Nació en una familia humilde y trabajadora de General Alvear.

Quizás fue eso lo que lo motivó a perfeccionarse con tanta tenacidad buscando ser mejor.

“Tengo muy claro que para ser alguien en la vida y lograr lo que te proponés hay que estudiar, si no la pasás muy mal, y yo quiero ser alguien en la vida”, aseguró el joven que pasa largo tiempo en la biblioteca Francisco Peñasco buscando material de estudio y dispersión porque “heredé de mi mamá el hábito de la lectura y mientras cuido a mis hermanos aprovecho para aprender otras cosas”.

Es que él es el más grande de cuatro hermanos por eso en las mañanas ayuda a su madre, en las tardes estudia y cuando el sol comienza a descender, llega al club de ajedrez para enfrentar a sus rivales.

Pero Franco no siempre fue así, “de chico era muy burro, siempre estaba por repetir y el ajedrez me abrió la cabeza, me ayudó mucho a estudiar, a comprender, a pensar”, dijo con una enorme sonrisa.

Constancia

Fabiana, su hermana, fue quien lo acercó al ajedrez. Ella daba clases en una escuelita y le enseñó lo básico.

“Me regaló unas fotocopias para que estudiara. Las leí mil veces y no entendía mucho, así que comencé a cambiar mis libros por otros que me ayudaran a conocer y entender el juego –recordó Bautista–. Gracias a tanto estudio, hoy jugamos con mis amigos a ojos cerrados porque ya conozco el tablero y las jugadas de memoria”.

Sus comienzos en el deporte estuvieron lejos de la gloria, pero cada vez que perdía se proponía continuar; “mientras más me pegaban, más quería seguir. El profesor Iván Siracusa y la escuela me becaron y me ayudaron mucho. Así que en poco tiempo comencé a participar y ganar competencias. A futuro espero llegar muy lejos”. 

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