Deportes
Domingo 03 de Julio de 2016

El calvario de la abanderada de Chile

Érika Olivera reveló su sufrida historia de vida. Su padrastro abusó de ella desde los cinco años. Intentó asesinarlo. Su madre no la apoyó.

Érika Olivera contó su triste historia. La atleta chile, que fue confirmada como abanderada de la delegación para los Juegos Olímpicos, reveló en el diario La Tercera que su padrastro abusó de ella desde los 5 hasta los 18 años.

A los 12 se lo contó a su madre, pero ésta no le creyó. El odio la llevó a intentar asesinarlo con unas semillas venenosas.

"Debo haber tenido 5 años la primera vez que me abusó en el campamento. El dormitorio estaba empapelado con un papel mural rojo tipo kraft, él mismo lo había forrado. Él empezó mostrándomelo como un juego, con caricias y después fue avanzando. Esa primera vez no entendí lo que pasó, era una niña, no cachaba nada. Él siempre decía que eso nadie lo tenía que saber. Pasó varias veces más y después nos fuimos a Puente Alto, Yo estaba feliz. Creía que al irnos a una casa sólida, con más vecinos, eso se iba a acabar", relató la atleta.

"Me acuerdo llegando hacia la puerta. Estaba sonada, no más; tenía que pasarlo con él. Apenas tenía la oportunidad, era llegar y llevar para él. Mientras yo no me pude defender, él hacía lo que quería conmigo. A veces, en la noche, él iba al dormitorio nuestro y ahí molestaba un poco, me tocaba cuando estaban mis hermanos. Pero generalmente las cosas se daban en el día, cuando mi mamá no estaba", siguió.

A los 12 decidió contarle los hechos a su mamá pero su respuesta no fue la esperada: "Me dijo que ojalá que fuera mentira, porque si era verdad que él me abusaba, nadie me iba a querer; no iba a poder tener hijos ni familia".

Érika contó además que intentó asesinar a su violador con unas semillas venenosas pero pudo lograr su cometido: "Este hombre tomaba mate y se las metí ahí, esperando que se muriera, pero obviamente no pasó nada".

A los 18, ya más plantada y dedicada de lleno al atletismo, la deportista se armó de valor y se le plantó: "Me levantó la mano, yo se la sostuve y él me forzó más. Me puse chora, me defendí y le dije que no me volviera a hacer eso nunca más. De la calle le grité: viejo de mierda. Mi mamá vio todo esto. Para mí fue un gran paso. Él no volvió a violarme. Fue la última vez".

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