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Domingo 06 de Noviembre de 2011

El cristinismo se puso en marcha

El columnista marca los puntos claves que señalan que este gobierno es de Cristina Fernández. La población espera algo más de la Presidenta reelecta.

Gustavo Sylvestre
Especial para UNO


El cristinismo se ha puesto en marcha y las medidas tomadas en los últimos días por el Gobierno no sólo llevan el sello de la reelegida presidenta Cristina de Kirchner, sino que están marcando una diferenciación sustancial con la etapa marcada a fuego por el kirchnerismo.

Si bien en líneas generales el proyecto no cambiará de rumbo, las rectificaciones han comenzado. Y serán más profundas en los próximos meses.

Decíamos tras el 23 de octubre que el lema para el segundo mandato de Cristina bien podría ser: Gobernar y Ordenar. Pues bien, ha comenzado a ordenar.

La eliminación de subsidios anunciada esta semana por los ministros De Vido y Boudou era algo que se veía venir. Necesaria y justa, la medida será ampliada en los próximos meses a otras áreas, que por ahora seguirán recibiendo la ayuda oficial.

Y si bien por el momento no habrá aumento de tarifas, es casi seguro que en un futuro no muy lejano las “adecuaciones” lleguen a algunos sectores de la sociedad.

Sobre este punto, el ministro Julio de Vido ha venido anticipando, cada vez que se lo consultó, que el Gobierno no irá –como ha planteado la oposición–hacia una tarifa de tipo social, porque a entender del funcionario eso estaría significando en la práctica que se dé un servicio de primera y otro de segunda.

Más bien, lo que el ministro está pensando es ir hacia un sistema de segmentación tarifaria, es decir que paguen más los sectores pudientes de la sociedad y los de menos recursos que sigan con tarifas como vienen hasta el presente. Y se lograrían equiparar las tarifas de Capital Federal con las que pagan los usuarios del interior, que son, en este último caso, mucho más caras.

Lentamente, todo el sistema de subsidios ideado por el ex presidente Néstor Kirchner se irá readecuando a los tiempos que corren. El Gobierno quiere cuidar la caja y evitar que una profundización de la crisis económica internacional, con posibles coletazos sobre la región, encuentre al país desprevenido. Y se sabe lo que el kirchnerismo cuida la caja.

Que el anuncio de estas nuevas medidas haya sido formulado conjuntamente por los ministros De Vido y Boudou está marcando también una señal política de por dónde pasará el poder en el segundo mandato de Cristina de Kirchner.

Julio de Vido seguirá siendo uno de los hombres fuertes del Gobierno y Amado Boudou formará parte del trípode de poder para el segundo mandato. Esto es, la Presidenta, Boudou y de Vido, sumado Carlos Zanini, quien seguirá en la estratégica Secretaría de Legal y Técnica.

Fue la Presidenta la que le pidió al vice electo que se quede en Buenos Aires y no la acompañe a la reunión del G20, precisamente para que sea parte de los anuncios.

Además, Boudou se convirtió en el vocero oficial del Gobierno sobre los controles al dólar que se implementaron desde el lunes. Y se ha convertido un poco en el “equilibrador” de poder entre los distintos sectores del Gobierno y del armado político que se viene.

Pero otro gesto que pasó desapercibido puede estar alumbrando todo un dato para el futuro: la Presidenta se llevó en el avión presidencial al secretario de financiamiento, Hernán Lorenzino, hombre que está señalado como el posible sucesor de Amado Boudou al frente del Ministerio de Economía.

La Presidenta suele elegir muy bien a sus compañeros de viaje. Además, Cristina de Kirchner considera como fundamental la participación argentina en el G20. Todo el seguimiento de este foro lo venía haciendo el actual ministro de Economía. La presencia de Lorenzino es toda una señal de que la Presidenta bien podría estar eligiendo una continuidad natural en ese ministerio, que quedará vacante a partir del 10 de diciembre.

¿Era necesario el control que se hizo sobre el dólar?
Si bien la medida es de carácter fiscal y la institución Banco Central nada tuvo que ver con su implementación, apuntó en dos direcciones.

Por un lado, mostrar al mundo que Argentina está dispuesta a cumplir con los compromisos internacionales en materia de lavado de dinero y que tomará todas las medidas que estén a su alcance para lograr esos objetivos.

Segundo, el Gobierno quiso demostrar que no se quedará de brazos cruzados ante “amenazas” del mercado y que utilizará todos los elementos que estén a su alcance para controlar al mismo.

No hay que engañarse. Como en otros momentos de la vida política argentina, algunos sectores de poder del país, sin votos, intentaron a pocas horas del contundente triunfo de la Presidenta condicionar su segundo mandato o “marcarle la cancha”.

No sería la primera vez que “el mercado” es utilizado por aquellos sectores que sin poder político propio, pero con injerencia fuerte sobre la sociedad, buscan condicionar a un Gobierno electo por las mayorías.

Una encuesta poselecciones realizada por la encuestadora OPSM, que dirige Enrique Zuleta Pucceiro, demostró que el 59% de los encuestados evaluó como positivo que Cristina de Kirchner haya sido reelecta y el 71,1% dijo que el país seguirá igual o mejor en el futuro.

Pero hay un dato que no se puede pasar por alto de este encuesta: el 50,6% sostiene que el Gobierno debe introducir algún cambio en su política económica. Otro 24,4% dice que esos cambios deben ser profundos.

Y un dato no menor, que avala lo realizado por el Gobierno hasta el momento, el 51,9% pidió “algo más” de control del Estado sobre la economía y el 34% quiere “mucho más” de esa política fundamental del kirchnerismo.


En el plano internacional
Argentina, a través de su Presidenta, se lució en la reciente Cumbre del G20. Frente a una Europa que pareciera no tener otras medidas que el ajuste permanente para Grecia, que sigue amenazando al euro, Argentina se pudo parar frente al mundo como un ejemplo a seguir para salir de crisis profundas como la que afecta a Grecia.

Cristina de Kirchner no sólo recibió el reconocimiento de los líderes del mundo por su victoria electoral, sino también por parte de empresarios y sindicalistas de otros países que elogiaron el modelo argentino.

La reunión cumbre con Barack Obama es otro sello del cristinismo. La Presidenta, quien gusta de codearse con los presidentes más poderosos, planteó de forma directa en ese encuentro la necesidad de transparentar la relación, que en lenguaje criollo se traduciría algo así como “tengamos una buena relación, pero sin agachadas”.

El Gobierno argentino había puesto en su momento cifradas esperanzas en el gobierno de Obama, que se fueron diluyendo por distintos desencuentros y por las políticas que en materia internacional tomó el presidente estadounidense.

Hoy, una Cristina de Kirchner fortalecida por la reciente elección y un Obama necesitado de tender puentes con América Latina no sólo por sus problemas internos, sino también con el mundo, abren la puerta para un restablecimiento pleno de relaciones entre ambos países, bastante congeladas durante estos últimos años.

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