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Domingo 30 de Octubre de 2011

El equilibrio, la próxima meta

Cristina Fernández tuvo fortaleza y logró contundencia. Ahora buscará ordenar aspectos estratégicos de gestión y avanzar en algunos políticos.

Gustavo Sylvestre
Columnista de UNO


El 27 de octubre de 2010, en la intimidad de la casa de El Calafate que habían construido juntos y que disfrutaban cada vez que volvían a su terruño, Cristina de Kirchner despedía en la intimidad familiar al compañero de toda su vida. Y en ese marco, la Presidenta le realizó una promesa al ex presidente: “Yo te prometo que no te voy a defraudar”. Era una promesa política, que encerraba el compromiso personal de continuar con la obra política iniciada por su esposo y compañero de militancia, en marzo del 2003.

Los pocos que escucharon esa promesa, supieron desde entonces, que Cristina no sólo tomaba la posta política, sino que en ese momento asumía el compromiso de ser la candidata a la reelección del espacio que habían forjado juntos, en ese grupo que precisamente se llamó, en sus inicios, Grupo Calafate.

Por eso se entiende tal vez, la emoción en el discurso del domingo después de la contundente victoria, porque Cristina Fernández también le decía a Kirchner: “He cumplido, y seguiremos adelante”.

Pero también hay, para el nuevo período de la Presidenta, una vuelta de tuerca en el gobierno y la gestión, que algunos titulan como la etapa de “gobernar y ordenar”.

Se entiende que en ese “ordenar” Cristina de Kirchner estará tomando las riendas de áreas del gobierno que aún permanecían bajo el influjo de cierto espíritu de Kirchner, no sólo en funcionarios, sino también en determinadas políticas que se venían cumpliendo, que la Presidenta podría rectificar, para enderezar rumbos.

¿Habrá nacido el Cristinismo el domingo pasado? En ciertos aspectos políticos sí, pero Cristina mantendrá una forma de gobernar que en algunos aspectos será lo que la columna vertebral del kirchnerismo ha venido siendo.

La Presidenta demostró con la contundencia de votos obtenida, que no sólo es capaz de conducir un país, sino de conducir el Movimiento Nacional Peronista, que siempre ha sido un potro duro de domar, y que le será difícil a cualquier dirigente sacar los pies del plato, al menos en los primeros años de su segundo mandato. Seguramente Cristina de Kirchner irá el año que viene por la Presidencia formal del Partido Justicialista, como una forma de consolidar allí, el poder político que la sociedad le dio el domingo pasado.

Contrariamente a lo que algunos analistas de la política marcaron en su momento, y también algunos dirigentes del peronismo; que criticaron el armado de las listas que la Presidenta realizó en soledad antes de las primarias y ciertos distanciamientos que tomó de las estructuras formales del peronismo con las cuales no pactó; y que esos críticos auguraban le sería letal políticamente a la Presidenta, la realidad demostró que no sólo no se equivocó, sino que terminaron teniendo el apoyo de la sociedad.

La Presidenta ha estado muy metida en la gestión en estos ultimos meses y le ha venido pidiendo, desde hace tiempo, sobre todo al ministro de Economía y ahora vicepresidente electo, Amado Boudou, distintos trabajos sobre lo que vendrá para los próximos meses.

Se sabe que habrá retoques en algunas áreas del “modelo”. Se irán recortando algunos subsidios, sobre todo a las empresas de servicios, y las “tarifas subsidiadas” para los sectores más pudientes de la sociedad. En ese sentido, se puede decir que se terminarán las tarifas baratas de agua, luz y gas.

El área de transportes también está en la preocupación de la Presidenta, y sobre todo Aerolíneas Argentinas. Allí, la Presidenta buscará “una solución” no sólo al permanente déficit de la compañía, sino también para el “gran monstruo” que es la empresa, en sindicatos y burocracia.

Y en los próximos meses podría alumbrar el tan mentado Acuerdo Económico y Social. Nunca como ahora, están das las condiciones políticas, sociales y económicas para que el mismo de a luz, y pueda ser el marco en el que se den algunos “retoques” que necesita el modelo. O como define el economista Eduardo Curia, “la parada técnica”, necesaria para el mismo.

Así como la relación con la poderosa Unión Industrial Argentina está cada día mejor, la relación entre la Presidenta y la CGT, sobre todo con Hugo Moyano, está cada vez más fría y distante. Hasta ahora, sólo se han cruzado sutiles mensajes en discursos.

El entorno de Hugo Moyano cree que fueron para el las referencias a “dirigentes a la altura de las circunstancias” y la anécdota contada la semana pasada por la Presidenta de aquel que señalaba la luna con el dedo y la mirada sólo se quedaba en el dedo.

¿Qué es dirigentes a la altura de las circunstancias?, se preguntan en el entorno íntimo de Moyano. Y se responden: “Estar atentos a las necesidades de los trabajadores, como siempre ha estado Hugo. Que no se enojen cuando decimos que aún hay mucho trabajo en negro, o algunas deficiencias que aun tiene el modelo” responden.

“No es posible que lo este retando en público como si fuera un chico, eso no esta bien” se quejan amargamente en el entorno del líder camionero.

Seguramente Moyano se retirará de la CGT el año próximo, para refugiarse en su poderoso sindicato de Camioneros, desde donde trataría de armar una estructura nacional que le posibilitara, tal vez, algún puesto político en el futuro.

Los reclamos y las “quejas” al gobierno se hicieron escuchar justo el día que se conmemoraba el primer aniversario del fallecimiento de Kirchner. Si fue para molestar a la Presidenta, Moyano logró el efecto buscado.

No cayó nada bien en la rosada y en el entorno de la Presidenta, y obviamente en ella, el discurso del líder cegetista que aprovechó la evocación a Kirchner para reclamar un proyecto que la Presidenta mandó a congelar en su momento: el que posibilitaría repartir las ganancias empresariales entre los trabajadores.

La “agenda” de la CGT, que será llevada al Congreso por el hijo de Moyano, Facundo, electo diputado por la provincia de Buenos Aires, se completa con el pedido de aumento en el mínimo no imponible y el proyecto para gravar la renta financiera.

Cristina tiene varios desafíos políticos y económicos para el futuro cercano, en el marco de un mundo que sigue convulsionado por una crisis económica en Europa y Estados Unidos, que lejos de frenarse, tiene aun un final abierto.

Para la economía, habrá retoques, de los que hablamos más arriba, pero tenues y no habrá que esperar grandes modificaciones, como por ejemplo para el tipo de cambio. En este aspecto, el gobierno intensificará los controles y seguirá muy de cerca ciertas “acciones” detectadas en los últimos días que han denominado “las operaciones de los mercados” que como en épocas anteriores, se valen de algunos enemigos del gobierno para llevar adelante las mismas.

En el plano político, el desafío para Cristina es ver como hará para equilibrar el poder entre los pingüinos históricos, los jóvenes de La Cámpora y el peronismo. Seguramente, eso quede patentizado en el nuevo gabinete que surgirá el próximo 10 de diciembre, donde caras nuevas se sumarán al segundo mandato de Cristina.

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