San Rafael
Miércoles 19 de Agosto de 2015

El fatal terremoto de 1929 que sacudió y cambió San Rafael

Madrugada trágica. Una fría noche de aquél año el departamento, especialmente Malvinas y Villa Atuel, fue estremecido por un fuerte sismo que dejó 30 muertos y mucha destrucción.

La noche del 30 de mayo de 1929 no fue como cualquier otra. Hacía un frío terrible producto de un temporal de Cordillera y las personas se habían retirado temprano a sus domicilios a dormir lo más calentitos posible.
A las 5.30 se produjo el primer temblor, con el ruido de las cosas que se rompen al ser desplazadas por una fuerza colosal, la fuerza interna de la Tierra. Se trataba de un terremoto y a lo único que atinó la gente, despertada de sus sueños, fue a huir.
Sin embargo la tierra seguía moviéndose y el frío era insoportable. Poco después el ruido del temblor había pasado, pero se sentían los gritos y lamentos de la gente que estaba apretada bajo los escombros o que lloraba a los muertos.
Al llegar el día pudo apreciarse en todo su horror el desastre que había causado en Villa Atuel el terremoto; la mayoría de las casas estaban destruidas y los sobrevivientes trataban de ayudar a los heridos, en todos los ojos se reflejaba el terror por lo pasado y lo que seguía, porque a pequeños intervalos la tierra se seguía sacudiendo.
Las calles se veían agrietadas y salía agua caliente, para los habitantes era el fin del mundo y aquellos que podían, sólo unos pocos, huían de ese lugar.
Este relato pertenece a lo que ocurrió en Villa Atuel, pero el epicentro estuvo en el distrito Las Malvinas, donde los hechos ocurrieron exactamente igual y ahí ha quedado a la vista la línea de la falla que provocó el temblor.
Después de varios años se supo que fue de casi 7 grados en la escala Richter, lo que significa que fue muy fuerte y en esa escala equivale a terremoto. Esos movimientos se producen porque en el interior de la tierra se mueven las placas tectónicas y se acomodan.
Fallecieron más de treinta personas en total y hubo casi un centenar de heridos. En Villa Atuel, entre los fallecidos figuró la esposa del enólogo de la bodega Arizu, Blanca de Gargiulo, quien salió corriendo y, al llegar a la calle, se dio cuenta que no tenía a su bebé, volvió a buscarlo y el techo de la casa se cayó y los mató a los dos.
La escuela de Villa Atuel se desplomó y el ferrocarril prestó unas carpas y durante un tiempo dieron clases en ellas hasta que se pudo levantar la nueva escuela, que lleva por nombre “Argentinos-Uruguayo”,  ya que para su beneficio se realizó un partido de fútbol entre ambos equipos.
En Malvinas, cuenta Niní Turqui de Arráez, que siendo pequeña dormía junto a su hermanito cuando de repente despertó y veía las estrellas. Lo que pasó es que el techo no estaba más, había caído sobre la cunita de su hermano, quien se salvó porque tenía la costumbre de ir a dormir con sus padres a mitad de la noche. Por el terremoto  se incendió el almacén del padre y perdieron todo.
A Francisco San Juan, que tenía un hermoso chalet, se le cayó y aplastó a uno de sus hijos, no durmieron más en la casa porque la madre dijo que no quería dormir en una casa que le había matado a un hijo. Parte de la bodega también se cayó.
El gobierno de la provincia trató de ayudar inmediatamente y se envió un avión militar con medicamentos y  otros elementos de auxilio.
El Ejército prestó su ayuda a los damnificados y también sus carpas. Mucha gente vivió en ellas durante varios meses, todos tenían miedo de regresar a las casas.
Las tiendas las levantaron en el patio de las casas para cuidar sus pertenencias. Don Emilio Bielli cuenta que después del terremoto, su papá se quedaba cuidando la casa y ellos con la mamá dormían adentro de un gran tonel vacío, en la parte de la bodega que no se había caído. El tonel los protegería de un derrumbe.
Anécdotas
La familia Piastrellini, de Las Paredes, cuenta que su casa se cayó y la volvieron a levantar con un sistema que les enseñaron en su momento y esa construcción lleva ya mucho tiempo y nunca se derrumbó.
El sistema ha sido adoptado para otras construcciones antisísmicas, es hecho con cañas, barro y paja, a lo que se le llama chilca, parecido a lo que usaban nuestros antepasados huarpes. Es calentito en invierno y fresco en verano.
En mi familia se contaba una anécdota en parte graciosa, dentro del horror de la experiencia: mis abuelos vivían en Rama Caída y su casa, que era grande, se sacudió y se agrietó mucho, tenía 8 hijos y fueron saliendo todos, cuando se dieron cuenta que faltaba uno de los niños de sólo tres años le gritaron que saliera y respondió: “Ya voy, me estoy poniendo las medias”. Esta  ocurrencia sirvió para reírse en medio del drama.
Siguió temblando por casi un mes y estos habitantes nunca olvidaron el horror que habían vivido. En Villa Atuel se ha levantado un monolito que recuerda a las víctimas.
María Elena Izuel
Especial para UNO SR
marializuel@speedy.com.ar

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