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Domingo 11 de Diciembre de 2011

El misterio Pérez sube a escena

Sin el carisma de Bordón o Cobos, el gobernador parece haber arrancado con buen trote la carrera. Aún no “enamora” pero... ¡Hagan sus apuestas!.

Manuel de Paz
mdepaz@diariouno.net.ar

Cuando en 1987 José Octavio Bordón asumió la que hasta ahora es la gobernación más interesante que ha tenido Mendoza desde el retorno a la democracia, uno de sus primeros golpes de efecto fue decorar su despacho con fotografías de gobernadores de diferente color político que a lo largo de más de un siglo habían dejado hitos profundos en la historia mendocina.

Bordón, un justicialista renovador, estaba, por ejemplo, fascinado con la trayectoria del gobernador Emilio Civit y con el formidable ímpetu hacedor de ese dirigente del Partido Demócrata.


Sacar jugo a las piedras
¿Cómo no estar conmovido con el mandatario que tuvo la formidable visión para hacer, en un desierto piedemontano, esa maravilla que es hoy el parque San Martín?
Haga la prueba. Vaya usted una de estas nochecitas de verano al parque San Martín, o un domingo a la tarde.

Póngase a mirar todo con atención similar a la de un sociólogo ambiental y caerá en la cuenta, ante esas miles y miles de personas que disfrutan del fresco, del verde, de los deportes, de la paz, lo infinitamente importante que puede ser una decisión política.

Tome nota también de lo que es haber imaginado hace más de 100 años lo que debía ser un espacio social. Y, sobre todo, observe con detenimiento la forma en que allí disfrutan los ricos, los pobres, la clase media, los niños y los grandes.


Ganso polémico

Hablar con Bordón acerca de por qué exhibía con tanto orgullo la foto de Emilio Civit generaba una lógica ansiedad por ponerse a hurgar en la vida de aquel ganso tan querido como odiado (recordar, por ejemplo, que en el diario Los Andes, durante décadas estuvo prohibido nombrar a Civit, y que a la avenida Emilio Civit la llamaban, ridículamente, Prolongación Sarmiento).


Soy Roca
Ese envión que nos daba Bordón para revitalizar a Civit y a otros gobernadores permitía que uno se desayunara, por caso, de la portentosa tarea que había cumplido el demócrata como ministro de Obras Públicas del presidente Julio A. Roca y de que reconocidas obras de la ciudad de Buenos Aires llevaban la marca del mendocino.


Poroto cultural

Aquel gesto bordoniano, eso de rescatar el empeño mendocino por modificar la realidad huraña, sin importar a qué partido o ideario pertenecían esos hacedores, fue uno de los aportes culturales más ricos que dejó aquel dirigente peronista que venía a cambiar las apolilladas reglas de juego de la política.

Lo mismo ocurrió con la formas respetuosas e institucionales que el justicialista Bordón mantenía con el presidente radical Raúl Alfonsín y con las cuales pretendía hacer docencia ciudadana luego de aquellos años setentistas de tanta sangre derramada por desencuentros entre argentinos.


Ella, en la LED
El viernes pasado, en la explanada de la Casa de Gobierno, durante la asunción del gobernador Francisco Pérez, las modernas y gigantes pantallas de alta definición mostraban con machacona insistencia la imagen de la Presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner.

No está mal que se destaque el rol de la mandataria nacional, por el contrario. ¿Pero no hubiera sido una hermosa oportunidad para rescatar las imágenes y las historias de los gobernadores que marcaron hitos en la construcción de Mendoza?
Los Lencinas, los mandatarios gansos que se adelantaron con algunas medidas sociales a la llegada del peronismo, Carlos Evans, Ueltschi, don Pancho Gabrielli, don Felipe LLaver, y así con todos los que dejaron algo para que viviéramos un poco mejor.


Anote
Sea como fuere, el viernes tuvimos asunción de gobernador. Hubo recambio, hubo aplausos, pedidos de perdones, promesas de cambiar la historia de Mendoza, el anuncio de un seguro de salud para los más desguarnecidos, ímpetus para industrializar la provincia y, claro, la aprendida advertencia contra las corporaciones.

También desde el escenario escuchamos la palabra empeñada de que tendremos un gobierno abierto y ejecutivo que, además, encarará, por fin, la tan cacareada y nunca concretada reforma política para actualizar y sincerar la administración mendocina.


Eso que tú dices
Muchos especulaban con que iba a ser un día esencial para que Francisco Pérez “enamorara” a la ciudadanía, sobre todo a los independientes.

Respecto de Celso Jaque, Paco Pérez ha avanzado muchos casilleros. Se lo ve menos críptico y no tan desconfiado como al malargüino.

Sus dos discursos (primero en la Legislatura, al jurar, y luego en la explanada del palacio gubernativo) fueron correctos, tolerantes, institucionales.

Pero a ambos les faltó algo. Un poco de sal aquí, algo de pimienta por allá, una idea más renovadora por acullá.


Madres y novias
Es difícil no recordar, por ejemplo, el espiche con el que se largó Julio Cobos cuando recibió el gobierno de manos de Roberto Iglesias.

Al otro día cualquiera se daba cuenta de que Cleto había “pegado” porque las señoras comentaban “lo bien” que había hablado de temas que a todos nos interesan, como ése de que hay que recuperar el respeto hacia los docentes.


A escena

No obstante, hay que reconocer que Pérez arranca con buen trote. Quizás no tenga el carisma natural de un Bordón o de un Cobos, pero a lo mejor se nos destapa como un buen gestionador.

O tal vez nos sorprenda y sea un habilidoso para combinar la audacia, el tacto, el sentido de la oportunidad y prudencia
Le falta punch, dicen unos. Otros afirman que debe relajarse un poco más para mantener la mente fría. Será una sorpresa, afirman algunos osados.

El misterio Pérez está servido. Los mendocinos observan en silencio, expectantes. El telón se ha abierto. Ahí sale el actor.
 

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