País
Sábado 19 de Noviembre de 2011

El poder y el arte de gobernar

Ratificada por el Consejo del PJ, hoy nadie discute el liderazgo de Cristina, aunque depende del éxito de su gestión. Expectativa local por el gobierno que viene.  

Fue un trámite. En la convocatoria peronista a la que asistió Paco Pérez –allí se codeó con gobernadores y lo más encumbrado de la dirigencia justicialista– quedó consagrado el poder partidario de Cristina en la era posNéstor.

Con la notoria ausencia del jefe de la CGT, Hugo Moyano, no hacía falta promover ningún debate. El 54% obtenido por la Presidenta es suficiente como para disciplinar a todos, por más que pueda haber voces discordantes. No hay dudas ni tendría sentido discutir una mínima cuota de poder a la conducción. De eso se encarga el tiempo, que en nuestro país es capaz de cambiar el estado de situación en breves lapsos.

Los cuestionados controles de las operaciones con dólares son demostrativos de cómo una medida puede alterar los ánimos, virando del entusiasmo eleccionario a la desconfianza en unos pocos días. La minicrisis del dólar amenazó con convertirse en una incertidumbre mayor si el Gobierno decidía acentuar la política restrictiva. Los antecedentes argentinos y el marco internacional actual ponen en alerta a cualquier sistema nervioso.

Las recientes decisiones en torno de los subsidios fueron mejor recibidas por los mercados y hasta celebradas por la central obrera porque se entiende que es equitativo pedir un mayor esfuerzo a los sectores más pudientes.

Los sectores acomodados no se animarán a poner el grito en el cielo, para evitar los controles exhaustivos de la AFIP, que tendrá la misión de examinar las declaraciones juradas para justificar una eximición de los incrementos. O en todo caso aguantarán la queja por pudor. Sí habrá que prepararse para escuchar la protesta de múltiples empresas y actividades que pretenderán quedar exentos del ajuste con el argumento de que no están aptos para soportar mayores costos.

Las medidas económicas y el nuevo gabinete de Cristina darán muestras de cuán blindado está el país frente a la crisis que golpea con fuerza a Europa. Serán el resorte de un poder presidencial que hoy está concentrado, pero que puede ser más o menos volátil, según la adhesión de los cambiantes ciudadanos que hoy valoran positivamente el modelo vigente.

Similares desafíos con su equipo de gobierno tiene por delante nuestro gobernador electo y, subido al mismo barco de Cristina, será indispensable una relación fructífera con la capitana. Su forma de relacionarse con la Nación –la Presidenta y su entorno– es una condición necesaria para potenciar a la Provincia en la distribución de recursos, aunque no suficiente para jerarquizar la estima de los mendocinos por la investidura de gobernador. Para eso serán claves los primeros pasos como mandatario que, al menos como electo, vienen marcando un rumbo dinámico y dialoguista, inusual para una transición.

Hay una primera señal muy fuerte de Paco al reconocer las deficiencias en salud, que necesariamente deberá traducirse en recursos y gestión. “No importan los nombres”, que ya están en danza, “lo que importa son las políticas”, ha dicho él mismo, marcando los tiempos para el anuncio de su gabinete.

Pues bien, los nombres sí que importan, pero el mayor o menor acierto en la formulación y ejecución de las políticas serán cruciales para ostentar un mandato con poder, que no es otra cosa que la capacidad que tendrá para transformar.
 

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