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Miércoles 12 de Octubre de 2011

El sueño americano pernocta en bolsas de dormir en Wall Street

EE. UU. es el 5% de la población mundial y consume el 30% de la energía del mundo.

Por Nacho Rodríguez

Hay películas que se están viendo en algunas ciudades del mundo otrora íconos de países desarrollados que nosotros ya vimos. Los indignados españoles y los estadounidenses tienen un poco de esa Argentina de finales de siglo XX. Un poco, porque cada país tiene sus particularidades.

Cuando se observan algunas conductas, usos y costumbres de un colectivo social –sobre todo las relacionadas con el consumo en todas sus formas- se pueden anunciar los problemas que podrían surgir. Funcionan en tanto, esas costumbres, como sistema de alertas. Las conductas compulsivas y extendidas en el tiempo suelen traer con ellas a la larga (o la corta) distorsiones.

Por caso, basta caminar un rato por las calles de Nueva York versión 2011 –con indignados en la calle y protestas populares en crecimiento- para darse cuenta que la generación de basura por permanente explosión, aun en época de crisis, del consumo masivo será un problema más grande del que ya es.

La gente no tiene opción de elegir tomar el café de cada mañana en un vaso mezcla de papel y plástico o en una taza. El vaso sintético gana siempre simplemente porque no queda otra. Las cadenas de café al paso inundan las ciudades americanas y se extienden por varios países de poder adquisitivo desde sobrio en adelante, se me ocurre que jamás esas cadenas pensarían en abrir una franquicia en Uganda. En ellas uno puede comprar una suerte de jugo – café bastante poco sabroso y bastante poco parecido a lo que nosotros en la Argentina (no me quiero imaginar lo que sentirán colombianos, brasileros o cualquier ciudadano oriundo de un país cafetero) conocemos como ‘café’. ¿Jugo de paraguas? Algo así.

Ese vaso en el que se sirvió ese café estará a los pocos minutos en la basura. De ahí en adelante el recorrido que sigue ese producto del petróleo, la deforestación de árboles y el polietileno (todos contaminantes) es a pura suerte. Si bien hay políticas de reciclaje bastante más avanzadas que en varios países del mundo, se desconoce cuanto afectará al ambiente esa basura que podría haberse evitado.

Los norteamericanos gastan también una cantidad enorme de energía en relación a la cantidad que son. Representan el 5% de la población mundial y consumen el 30% de la energía que se genera en el planeta. Para eso no hay política que valga: o se baja el consumo o se baja el consumo. Por decisión o por imposición. Cuba de noche, por ejemplo, parece un país sin luz. Por imposición del Estado no se consume luz de noche, sólo lo indispensable. Ah, y los vasos de plástico – papel no existen a no ser en hoteles all inclusive. Ninguna de las dos cosas significa igualmente que ellos no tengan problemas de todo tipo incluidos, claro, los ambientales.

Los estadounidenses consumen una cantidad loca de tecnología. Los teléfonos de última generación son baratos y descartables al poco tiempo de ser usados y en general terminan en basurales en donde cada uno de sus nocivos componentes (oro, molibdeno, plomo, estaño, plástico) todos obtenidos en procesos muy poco amigables con el ambiente siguen su carrera a la buena de Dios. La modalidad ‘usar – tirar’ en la tecnología está extendida de una manera que aterra.

Las políticas de reciclaje implementadas para algunos comportamientos en algunos países –de los mal denominados desarrollados- pierden fuerza frente a la realidad que les impone la modalidad extendida, y difícil de erradicar, de consumir.

Casi todos los productos que forman parte de la alimentación norteamericana son comercializados por grandes corporaciones que funcionan de forma muy dañina sobre las economías familiares y regionales que terminan siendo meros proveedores de las grandes cadenas.

Lejos de diferenciarnos, los países de Latinoamérica pareciéramos bastante propensos a meternos de una forma o de otra en alguna de esas lógicas. Es un problema creciente para nosotros (argentinos y vecinos) el de la basura. También lo es el de la generación y el consumo de energías sucias y no renovables. En la mayoría de los países de la región son tímidos aún los gestos para avanzar sobre políticas que garanticen energías renovables y limpias.

También pareciera avanzar a paso firme la corriente de pensamiento política que ve que a los pequeños productores familiares y regionales del campo no les queda otra que ser meros distribuidores de las grandes corporaciones alimenticias de los productos que generan.

Twitter: @nachorodriguezj
 

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