Política
Martes 15 de Marzo de 2016

En Brasil crece la impresión de que Dilma no terminará su mandato

Los analistas coinciden que es casi imposible que la presidenta sobreviva a la pérdida de popularidad y de sus socios de coalición. Al golpe que sufrió Lula a manos de la Justicia.

Todo parece conspirar en Brasil para que la presidenta Dilma Rousseff no logre terminar su segundo mandato el 31 de diciembre de 2018. El ya endeble trípode sobre el que se apoya o debería apoyarse su gobierno sufrió sacudones sísmicos en los últimos días. El más categórico tuvo lugar el domingo, cuando más de tres millones de personas, según cálculos de la policía, salieron a las calles de todo el país para exigir el fin de su gobierno.

El sábado, su principal aliado, el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), amenazó con romper la alianza con el gobierno y pasar a la oposición. Días atrás, su antecesor y padrino político Lula da Silva fue lanzado al ojo del huracán con acciones judiciales y policiales que lo vinculan con el escándalo de corrupción en Petrobras. Lula fue denunciado penalmente, conducido en forma coercitiva a interrogar por la Policía Federal y enfrenta un pedido de prisión preventiva por presuntos delitos de corrupción.

Cabe señalar que el ex presidente, cuyo apoyo es vital, es el único nexo que une a Rousseff con el gobernante Partido de los Trabajadores (PT), mordaz crítico de su gestión, especialmente, pero no exclusivamente, de su política económica. Por su parte, el PMDB, el partido del vicepresidente de la república, Michel Temer, decidió el sábado que en 30 días definirá si rompe o no con el gobierno. Al PMDB también pertenecen los presidentes de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, y del Senado, Renan Calheiros. Por tanto, si la ruptura se concreta, la acción con miras a destituir a Rousseff que tramita en el Congreso, quedará en manos de opositores.

El último pilar de cualquier gobierno, y el más frágil en el caso de Rousseff, es la población, que ya venía expresando su rechazo a la presidenta desde el año pasado, con niveles de reprobación cercanos al 80 por ciento, y que el domingo ratificó de manera categórica que la quiere fuera del Palacio del Planalto. En las manifestaciones más multitudinarias desde el retorno a la democracia en 1985, millones de brasileños en cientos de ciudades pidieron, además de la cabeza de la presidenta, la prisión de Lula y avisaron: "PT nunca más".

"El margen de maniobra del gobierno Dilma, que ya era mínimo, se estrechó mucho el domingo. Estaban sobre la mesa tres ingredientes explosivos: la degradación moral, la parálisis política y la asfixia económica. Le faltaba a la mezcla una dosis de pueblo. No le falta más", comentó el analista Josias de Souza, del portal UOL. "El mensaje emitido por las calles le da a la «megracrisis» la apariencia de un fenómeno terminal. El coro de «Fuera Dilma» tiende a convertirse en la banda sonora del resto del mandato de la presidenta, dure lo que dure", agregó.

"Sin instrumental político y personal, Dilma está agarrada al PT, que es contrario a su política económica; al PMDB, que abandona el barco; y a un Lula que hace agua por todos lados", sostuvo a su vez la analista Eliana Cantanhede, del diario O Estado de Sao Paulo. El "rugir" de las calles encendió una alerta, una más, en el seno del gobierno, que admite entre bambalinas que el proceso de destitución que tramita en el Congreso ganó nuevos bríos a partir del domingo.

Admisión. "En la reunión de evaluación hecha en Brasilia por la presidenta con algunos ministros, se reconoció que la situación política quedó extremadamente delicada, y que la presión por el impeachment obtendrá una nueva dimensión en el Congreso Nacional", dijeron asesores de Rousseff citados por el columnista Gerson Camarotti, del portal G1. Ante lo crítico de la situación, al Gobierno le resta "contar las monedas". Según los asesores, el objetivo es lograr los 171 votos necesarios para evitar que la acción para destituir a Rousseff no sea aprobada en la Cámara baja, el primer escalón del proceso. Este objetivo puede convertirse en una odisea para el oficialismo por varias razones. La primera, porque aun ante la improbable posibilidad de que el PMDB no rompa con el gobierno, muchos de sus legisladores avisaron que votarán por la salida de Rousseff. Además, hay legisladores que otros partidos aliados que también pretenden votar para que la mandataria sea destituida. "Hasta aquí, el camino que le queda al gobierno es intentar reunificar a sus aliados para rechazar el pedido de alejamiento de la presidenta. Pero por lo que se ve, no es posible considerar que tenga los votos para evitarlo. A lo sumo podrá retrasar su tramitación", afirmó la analista del canal GloboNews Cristiana Lobo.

La crisis que mantiene al país hundido económicamente y en llamas políticamente subió un nivel el domingo, llevando la caída de Rousseff de posible a probable. Cada vez son más débiles, y menos, los lazos que la mantienen en el poder.

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