En debate esp
Domingo 25 de Septiembre de 2011

En el reino de la doble fila

Como la carne de Cristina, la educación vial también debiera ser “para todos”.

José Luis Verderico
jlverderico@diariouno.net.ar

Con agrado supe esta semana que el Estado provincial lanzó una campaña pública para concientizar a los jóvenes conductores de que el regreso a casa puede transformarse en tragedia en sólo un pestañeo si se maneja borracho o a alta velocidad. Pero tengo la impresión de que las imágenes de muertos y heridos en medio de hierros retorcidos que componen el spot del plan Volvé a tu Casa no son suficientes.

No soy pesimista. Soy realista. Porque transformamos a las calles del Gran Mendoza en el reino de la doble (y hasta triple) fila, porque doblamos sin poner el guiñe ni ponernos colorados y porque cruzamos hasta con los semáforos en rojo, con todo lo que eso significa como potencial peligro para nosotros mismos y también para otros conductores y pasajeros.

Estoy convencido de que las campañas de concientización vial deberían extenderse a todos los habitantes de Mendoza: jóvenes, adultos, chicos en edad escolar, automovilistas, ciclistas, taxistas, camioneros, choferes de transportes escolares y peatones, para actuar sobre los errores que hoy se cometen a bordo y para prevenir a la sociedad de futuros homicidas al volante.

Siempre hubo y habrá quienes gusten acelerar a fondo para hacerse ver en el barrio, para hacer sentir que sus motores rugen o para demostrar que se sienten Fangio, Prost, Schumacher, Alonso o Vettel, entre otras estrellas de la Fórmula 1 de todos los tiempos. A ellos quiero hablarles. Fangio, Prost, Schumacher, Alonso y Vettel se prepararon y entrenaron para volar en sus coches con sol, lluvia, en pistas limpias o despejadas. No fueron improvisados.

Sepan, señores de acelerador fácil, que una mala maniobra, una leve distracción o cruzarse con uno de los tantos baches que abundan en las calles pueden ocasionar una tragedia, como la de los cinco jóvenes que se mataron en junio en el Acceso Este al estrellarse contra un árbol, por citar uno de los casos más tristes de los últimos tiempos. Tres meses después de ese hecho, junto al añoso plátano situado frente al puente Pécora hay un cantero repleto de flores para recordar a esas cinco víctimas, mientras sus familias (padres, madres, hermanos, hijos, tíos y otros) les sobreviven como pueden.

El alcohol al volante mata, dicen, y el celular también. Porque aunque el Estado considera que hablar por teléfono mientras se maneja es una falta grave y muy cara, muchos se empeñan en sostener una conversación y manejar al mismo tiempo. Así, los vemos hacer piruetas sin saber si sostener el celular que se les cae o el volante que se les escurre.

Vaya si el celular al volante mata. Para quienes tengan alguna duda, les recomiendo ver, en familia, la película Siete almas, con la memorable actuación de Will Smith. Stop.
 

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