Corrupción
Lunes 19 de Septiembre de 2016

Entre el garantismo y la realidad

Opinión respecto a los casos donde personas robadas matan a su asaltante y los flexibles modos de aplicar la ley. Un tema de trascendencia nacional

Hemos vivido una semana donde se ha hablado mucho de los derechos. Aquí también nos dirigimos hacia una grieta. Por un lado quienes delinquen y sus derechos (hay algunos que argumentan que la "culpa" de su marginalidad es de la sociedad), y por otro el derecho de las víctimas de esos delitos. Y como así somos en este país, desde los gobiernos se dan mensajes totalmente opuestos.

Mientras el anterior gobierno kirchnerista protegía un excesivo "garantismo", ahora con declaraciones del propio Macri se impulsa que la víctima de un delito, aunque haya matado en exceso de legítima defensa, esté en libertad mientras la Justicia instruye la causa. Lo del actual presidente es un mensaje al corazón de millones de argentinos, ni hablar los de Buenos Aires: que sufren la inseguridad y la visión de que los delincuentes son liberados por los jueces. En este ámbito se mueve el peligroso discurso de "hay que matarlos a todos". Así, dos casos recientes se han hecho muy públicos.

Como siempre, la Ley, aunque clara, también es cuestión de interpretación. Los límites entre el homicidio en legítima defensa o el exceso en la legítima defensa son cuestión de cada juez. Y de la trascendencia del caso, no neguemos que a muchos les es difícil soportar tanta presión popular y mediática. Y hasta de un presidente.

En el fondo, casi al margen de estas discusiones, seguimos sin hablar del sistema educativo. Es evidente que una buena educación y acceso a la cultura hacen mucho más difícil convertir una persona en un delincuente, al menos de los que salen con arma a la calle. Pero la educación sigue siendo un tema relegado en nuestra política. Ahora se empezó hablar de impunidad y de la relación del poder con muchos negocios ilegales.

Es una pelea gigantesca, pero hay que darla. Allí está la gobernadora de Buenos Aires luchando contra la Bonaerense mala, y la Justicia Federal que ahora sí mueve las causas por corrupción contra funcionarios sospechados. Más allá del inmoral oportunismo de estos jueces, es necesario que se termine la impunidad. Que el que roba lo pague, pero con la ley, no con la justicia por mano propia.

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