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Jueves 22 de Septiembre de 2011

"Era mi amigo y me hizo un verso para usar el polígono de tiro", relató el armero tras el suicidio en El Tirolés

El abogado que se disparó en la cabeza en el subsuelo de la famosa armería le dijo a Chesi: "Necesito la mejor pistola para ir al Tiro Federal". Contó que fue testigo de otros suicidios.

Por Soledad Segade
ssegade@diariouno.net.ar

“No hay manera de evitar que ocurra algo así, el Estado para entregar un arma exige que se cumplan con las condiciones de tiro”, especificó Aldo Chesi, dueño de la armería El Tirolés, donde en la tarde del miércoles un amigo se quitó la vida delante de él.

Por este hecho, el Registro Nacional de Armas (RENAR) explicó a diariouno.com.ar que el local cumple con todos los estrictos requisitos exigidos por la ley de armas, por lo que no cabe ningún tipo de sanción hacia el armero.

Aldo Chesi relató a este portal que Agüero llegó ayer a la tarde a su local y se saludaron afectuosamente. “Me metió un verso, me dijo que necesitaba una pistola para ir a practicar al Tiro Federal con otros conocidos míos, ‘una pistola buena, la mejor’, me dijo”.

“Le di una pistola Glock 9 mm., la mejor pistola del mundo, y bajamos al polígono. Allí le hice disparar una vez en seco, sin bala, y después le cargué una. Disparó y lo hizo muy bien”, contó Chesi y agregó: “Le cargué tres balas más, disparó dos veces muy bien, me miró y me preguntó ‘¿cuántas balas le pusiste?’, le contesté tres y en un segundo me dijo: ‘bueno, la tercera es para mi’ y se disparó en la cabeza”.

El dueño de El Tirolés dijo que lo único que llegó a hacer es gritar “¡No!” y agarrar del hombro a Agüero, pero ya se había disparado. “Quedé impresionado por la velocidad con lo que lo hizo. No pude dormir en toda la noche”.

Chesi aseguró que no se imaginó “ni remotamente” que podía ocurrir algo así y hasta desconoce los motivos por los que el abogado se suicidó.

“Cuando vi el video de las cámaras de seguridad vi que cuando Agüero se disparó yo corrí la cabeza y la bala pasó a la altura de mi frente”, detalló.

Condiciones legales
El RENAR exige que un instructor de tiro registrado le enseñe al cliente a disparar o pruebe cómo lo hace antes de adquirir un arma, “y la única forma de hacerlo es empuñando un arma y tirar. Es como en la Policía o en el Ejército. Y quien quiere suicidarse lo hace”.

Finalmente, con un informe elaborado después de la práctica y registradas las huellas digitales del cliente, el RENAR es quien habilita con un carnet a que una persona sea portadora de un arma.

Por su parte el organismo sostuvo y aseguró que el local cumple con todas las condiciones impuestas por la ley de armas y Aldo Chesi es un instructor autorizado para hacer este tipo de prácticas en su negocio.

“El instructor de tiro está habilitado, cuenta con el polígono en las condiciones que lo exige la normativa y no hay ningún procedimiento que el RENAR pueda aplicar en el loca salvo que cambie la ley”, indicaron desde el organismo.

Por lo tanto es imposible saber cuándo una persona con trastornos depresivos u otros problemas mentales no visibles pretende probar un arma de fuego con el fin de dispararse a sí mismos, y no se puede negar a un cliente probar un elemento que quiere adquirir.

El antecedente de El Tirolés
El 26 de diciembre de 2004 un hombre oriundo de La Plata tomó la misma decisión que Agüero. Fue a probar dos armas y la segunda se la puso en la boca y se suicidó.

“El 23 de diciembre de 2004 llegó al local un profesor de historia de La Plata. Me dijo que quería un arma para seguridad de su casa y quería que su mujer también la usara, por lo que le dije que la mejor opción era que la probaran los dos juntos”, recordó Chesi.

“Después de Navidad, el 26, volvió al negocio solo y me dijo que la mujer no había podido tomarse el día, por lo que la iba a probar él solo. Bajamos al polígono junto con el armero y le llevé dos armas, un revólver 32, con el que disparó seis veces muy tranquilo y muy bien”, relató con lujo de detalles el dueño de la armería.

“Cuando tomó el revólver calibre 38, le dije que hiciera lo mismo que había hecho con el otro arma, pero directamente se lo llevó a la boca y disparó”.

Al llegar la Policía detectaron que sobre uno de los exhibidores había dos cartas, una para su esposa y la otra para su madre. Las hojas tenían el membrete de un reconocido hotel céntrico, donde luego de algunas averiguaciones detectaron que en su habitación tenía veneno para ratas.

Un año después un amigo del profesor de historia se hizo presente en el local y quiso conocer los detalles de lo ocurrido. Luego que Chesi le contara, el visitante le confesó que su amigo había engañado muchas veces a su esposa, quien había decidido no perdonarlo más, por lo que decidió suicidarse.
 

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