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Domingo 08 de Noviembre de 2015

Es tiempo de votantes: sabihondos, abstenerse

Por Manuel De Paz 
Ponga atención. En estas dos semanas críticas que nos quedan antes del balotaje, mire a los políticos con atención. Demórese en rumiar lo que están diciendo. Memorice promesas y definiciones, de los oficialistas y de los opositores. Pero sobre todo, analice los signos. Interprete el sentido de los mismos. No es necesario ser semiólogo. Hay que usar el sentido práctico y la universidad de la vida.
Fíjese que, por lo general, los discursos que salen de las bocas de los políticos no suelen coincidir con lo que ellos expresan a través de sus rostros.
Haga hincapié sobre todo en lo que dicen los ojos de los candidatos y los de sus voceros, y en esa cosa que los actores llaman el lenguaje del cuerpo.
22, El loco
El balotaje del 22 es una situación límite. Y los humanos ante situaciones límite solemos sacar lo mejor y lo peor de nosotros. En particular, lo peor.
En este último sentido muchos políticos tienen un entrenamiento muy aceitado. Pueden estar diciendo la mentira más grande del mundo y envolverla con ropajes de seriedad y de dignidad.
Pero usted no le afloje. Ponga atención en los detalles. Por nimios que sean. En los detalles está una de las vías por donde suelen escaparse las verdades.
Eso de no hacer foco en los detalles es uno de los problemas que padece cierto periodismo que se practica hoy. Periodismo de escritorio y de internet. Y de casi nulo contacto cara a cara. De ausencia de conferencias de prensa.
Hoy la posibilidad de repreguntar a un funcionario es casi una pieza de museo.
Por algo será que los políticos prefieren dar primicias por Twitter o Facebook. Así es más difícil que se note el rictus de la mentira.
Pero en una conferencia de prensa o en una entrevista entre dos humanos, mentir es más trabajoso.
Una entrevista hecha por mail, por ejemplo, será siempre periodismo rengo.
Tener un D’Elía
En este ejercicio de observación del que hablamos a raíz del balotaje no sólo hay que ponerle el ojo biónico a los dos candidatos presidenciales, sino a su entorno.
Es común que algunas de las peores cosas se las hagan decir a estos últimos, como pilotos de prueba.
Para expresarlo de manera gráfica, todos los candidatos deben tener un Luis D’Elía, una Diana Conti o un Carlos Kunkel a mano, es decir, gente que no posee ningún empacho en hacer trabajos poco serios.
Durante años Cristina Fernández ha utilizado este tipo de personajes políticos para lanzarlos a hablar y probar la reacción de la ciudadanía ante proyectos osados o de dudoso espíritu republicano.
Los otros lenguajes
Por estas horas, un ejército de supuestos sabihondos trabajan a full midiendo a cada instante lo que los presidenciables dicen o dejan de decir.
Lo que hacen y lo que deberían hacer.
Ya sabemos cómo les fue a los cerebros de las encuestas. Ninguno previó lo que realmente pasó el 25 de octubre.
Esa tarde-noche del 25, mientras los canales oficialistas seguían diciendo que el triunfo de Scioli había sido con amplitud y que no iba a haber balotaje, fue el propio gobernador bonaerense y presidenciable el que pasadas las 21 salió a decir, pero no con palabras sino con su rostro, con sus ojos, con sus ademanes, y con unas pocas frases crípticas, que las encuestas se habían equivocado y que entonces empezaba por pedir nuevamente el voto de los indecisos y de los massistas para el balotaje que él ya sabía que se venía.
Armame un voto
¿Saben qué? Los encuestadores, los políticos y, en no pocas ocasiones, los periodistas no solemos tener el debido respeto por la sapiencia natural ni cultural de los ciudadanos.
La mayor parte de la población no puede expresarse en los términos y con la elocuencia de un especialista en encuestas.
Ni con la cerrazón y pedantería de un militante político con carnet de esclarecido.
Pero tienen otras herramientas.
Sobre todo olfato. Huelen el humor social en su trabajo. En la tele. En el micro. En la cancha. En las escuelas.
En el vecindario. Y van armando sus puntos de vista. Y sus votos.
Cada vez más utilizan una inteligencia práctica para definir su sufragio.
Hay más libertad y menos apego al voto por costumbre.
Así como muchos han entendido que hay otras formas de ser liberal, así también están los que han entendido que hay otras formas de ser peronista
El búmeran
Por eso es que de poco sirve la campaña del miedo, que de manera atolondrada y grotesca lanzó el oficialismo contra Macri.
De la misma manera que tampoco Carsirve que la oposición quiera encapsular a Macri en una torre de cristal para que no lo afecte ni un resfrío ni para que sobreactúe su forma renovada de ver la política y la economía de la Argentina.
Los signos políticos que tanto Scioli como Macri han ido sembrando en los últimos años son los que han tenido sus brotes ahora.
Los votantes ya tienen el secreto. Y son los únicos dueños de su decisión. El 25 de octubre nos sorprendieron. ¿Y si el 22 nos vuelven a tirar de traste?

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