Espectáculos
Domingo 01 de Febrero de 2015

“Estoy tranquilo, no corro más carreras en la vida”

Marciano Cantero, voz líder de los Enanitos Verdes, habla en su tierra natal de su presente, sus planes y de todo lo que lo rodea

Oscar Trapé
trape.oscar@diariouno.net.ar

Nada lo apura. Mira todo con detenimiento, se mueve con tranquilidad y luce en todo momento su sonrisa distendida.

Claro, todo es simple y sencillo para él. Marciano Cantero, el líder, cantante y bajista de los célebres Enanitos Verdes está en su casa, en Mendoza. Y en esta tierra se quedará un mes más para disfrutar de su familia, el paisaje, el vino y sus amigos.

Al músico nada lo apura en su tierra y siente una conexión especial con el lugar que lo vio crecer. “Una vez, venía viajando 24 horas seguidas. Llegué a Mendoza y me quedé dormido. A la media noche me levanto con acidez y no tenía nada para tomar. Entonces lo único que hice fue tomarme un vaso de agua y al instante se me pasó todo. El agua de este lugar tiene algo especial y eso es para mí, es estar en casa”, dice Marciano como buen mendocino.

Al mismo tiempo, observa el lobby del hotel Aconcagua, donde está hospedado, y otro fuerte recuerdo se le cruza por la mente: “Me siento en casa porque miro este hotel y me acuerdo que acá arranqué poniendo música, como DJ, cuando era muy chico”.

–No estás para nada apurado por volver a México, país en el que estás radicado...
–Tengo pensado quedarme todo febrero acá. Siempre estoy volviendo, tengo a mi familia acá. Es más, nunca me fui a México con la idea de no volver nunca más a Mendoza. Siempre a todo lo pensé como un puente. De hecho, mi hijo vive en Buenos Aires y eso también me hace regresar seguido al país. Estoy en un plan familiar de disfrute.

–¿Un plan solamente familiar?
–La verdad es que quiero hacer un montón de cosas, pero tampoco tengo tanto tiempo. Me quiero juntar con Felipe (Staiti, guitarrista de los Enanos) para cocinar algunas cosas. Siempre hemos tenido como nuestro centro de operaciones a Mendoza y nos sorprende que todo siga funcionando a la perfección luego de estar tocando juntos desde hace 35 años. Ya es como que somos un matrimonio de viejos chotos (risas). Seguro nos veremos cuando él regrese de viaje.

–¿Se viene un nuevo disco?
–Seguro arrancaremos una nueva gira y las ganas de hacer un disco siempre están. Uno nunca deja de componer, ni de tocar. Nosotros somos músicos de tocar muy en vivo, muy en directo, no usamos tanta tecnología. Eso creo que es lo que nos mantiene frescos con el paso de los años. Para mí, la música hecha de esa manera es curativa, por eso Paul McCarney sigue tocando con 70 años, lo mismo pasa con los Rolling Stones. En realidad, acá en Mendoza nació el último disco nuestro (Tic Tac, 2012) y acá siempre estamos craneando lo que haremos en el futuro.

–Esta semana estuviste en el homenaje local a Gustavo Cerati, ¿qué opinás del nivel musical que hay acá?
–Hay muy buen nivel. Me sorprendió el baterista Lucca Beguerie Petrich, que tiene 18. Se tocó 40 temas y todos de forma impecable.

–¿Te emocionaste cuando te tocó cantar a vos?
–Sí, porque él era un artista muy elevado. Yo participé en el homenaje que le hicieron en México, donde me tocó interpretar Tu cicatriz en mí y la verdad es que fue un momento que me hizo vibrar mucho, porque yo sentía su cicatriz en mí. Me cayó la ficha por completó acá, cuando hice la Ciudad de la furia. Sus canciones son verdaderamente eternas.

–Tuviste la oportunidad de visitarlo a Cerati durante su larga internación...
–Sí. Fue una experiencia muy fuerte. Por un lado sentí que su espíritu estaba ahí y por otro me di cuenta del enorme amor de su madre (Lilian Clarke), que no se despegó ni un segundo de su hijo. Me daba cuenta de todo, porque cuando su madre se le acercaba y le hablaba, a él le cambiaba la respiración. Lo mismo sucedió cuando llegó su hija (Lisa) a verlo, él estaba conectado a unos aparatos que marcaban cómo le cambiaba la respiración . En ese momento sentí que no estaba sufriendo, sino descansando. Esa fue mi impresión. Justamente de eso hablamos con Leo García luego del homenaje del miércoles; donde quiera que él esté, debe de haber estado recontento con todo lo que vivimos esa noche, haciendo sus canciones.

–¿Pensás en volver a radicarte en Mendoza en algún momento?
–Vivo en Hermosillo, una ciudad del estado de Sonora. Allí todo es muy similar a Mendoza, este lugar está en el medio del desierto. México fue el lugar que elegí para ordenar mi vida, pero siempre voy a volver a mi provincia. Ahora estoy tranquilo, ya no corro más carreras. Por eso el apuro es problema del otro. Hay un dicho que para mí es sabio y dice: “Cuanto más pasa el tiempo, menos tiempo te queda”. Disfruto con mucho placer el presente y no estoy apurado en la vida.

No se separa del bajo de sus sueños

Varios años atrás, a Marciano Cantero lo empezó a afectar una tendinitis en su hombro izquierdo. Llegó un punto en el que su médico le aconsejó que dejara de tocar por ocho meses y así alcanzar una óptima recuperación. Fue entonces que arrancó una faceta de luthier y empezó a construir sus propios bajos.

“Se dio todo como un hobby, pero al final lo tomé con una gran responsabilidad. El médico me cagó a pedos para que dejara de tocar si no no iba a poder tocar nunca más en la vida el bajo. Por ello arranqué armando mis propios instrumentos. Creo que alcancé un punto alto en la luthería, pero también me di cuenta de que no iba a construir un bajo como el que me compré, que es un Hofner como el que usa Paul McCarney (risas)”.
“Me pasó algo sentimental con este bajo porque no me despego ni un segundo de él”, agregó con picardía.

Para cerrar esta anécdota mostró su costado más espiritual: “La situación en la que llegué a este bajo fue extraña porque lo compré a muy buen precio en Los Ángeles. Me convencieron de que lo comprara mientras estaba en una casa de instrumentos diciéndome que me hacían un descuento importante. Tardó dos semanas en llegar, pero cuando llegó, lo probé y me di cuenta de que era tan liviano que no me hacía doler el hombro. En ese momento me di cuenta de que me lo había enviado mi madre, quien ya falleció, para que pudiera tocar tranquilo, sin que me moleste el dolor”.

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