Deportes
Jueves 16 de Julio de 2015

Florence volaba en los 100 metros

El día que Griffith Joyner batió el récord. En Indianápolis, durante la clasificación de EE.UU para los Juegos de Seúl 1988, se registró la mejor marca de la historia de la prueba reina del atletismo.

Lucio A. Ortiz
ortiz.lucio@diariouno.net.ar
La melena negra estaba sujeta arriba de la cabeza sólo para que no se viniera el cabello sobre la cara.
Los aros blancos resaltaban, como el ruge rojo sobre los labios y no le faltaba maquillaje sobre sus ojos y el rostro. En la largada de los 100 metros vestía una calza violeta que le cubría el torso y la pierna derecha hasta el tobillo. Tenía una malla celeste y violeta, y la pierna izquierda descubierta. La morena apoyó sus dedos y uñas largas, pintadas de distintos colores, detrás de la línea de largada.
Era el 16 de julio de 1988, dos meses antes de los Juegos Olímpicos de Seúl, que se disputarían en el Carroll Stadium de Indiana, los llamados trials o selecciones que se realizan en EE.UU. para elegir a sus representantes. Dicen  que son las clasificaciones más despiadadas del deporte. En atletismo, únicamente los tres primeros en cada prueba pasarán a formar parte del equipo olímpico y no hay excepciones que valgan.
A los 28 años, Delorez Florence Griffith Joyner estaba en su plenitud. Sabía que no podía perder la ocasión de participar en sus segundos Juegos Olímpicos. Cuando sonó la señal de largada, la mujer corrió más rápido que nunca, su cabello se movía como si estuviera volando y llegó al final de los 100 metros en 10 segundos con 49 centésimas. Marcó el récord del mundo que 27 años después permanece sin vencer. Florence era una californiana nacida el 21 de diciembre de 1959 en Los Ángeles, hija de un electricista y una maestra de escuela, y era la séptima de 11 hermanos. Tenía sangre irlandesa, negra e india que le daban una singular belleza.
De niña superaba en las carreras a los varones, pero no se dedicó de lleno al atletismo porque necesitaba trabajar y no podía ingresar a la facultad. Pero el entrenador Bob Kersee le llevó a la Universidad de UCLA. En el ’82 ganó los 200 metros en los universitarios de EE.UU y un año después fue 4ª en el Mundial de Helsinki, para llegar a la medalla de plata en los Juegos de Los Ángeles de 1984. En ese momento conoció al atleta Al Joyner para casarse en 1987. En el mundial de Roma de ese año ganó la plata en 200 y el oro en la posta 4x100. Sus marcas iban mejorando, su físico se perfeccionaba en músculos y los colores de la indumentaria le daban un atractivo diferente.
En la clasificatoria de julio del ’88 quedaría el momento histórico en la carrera de los cuartos de final de los 100 metros con el fabuloso registro de 10s49c, para batir el anterior récord mundial de Evelyn Ashford de 10s76 en el ‘84. Al otro d{ia en la semifinal hizo 10s70c y en la final 10s61c, todas por debajo del anterior registro.
En los Juegos de Seúl ‘88 se colgaba 3 medallas de oro y una de plata. El 21 de septiembre de 1998, con sólo 38 años, fallecía víctima de una apoplejía cerebral en su casa de Mission Viejo, California. Nunca se comprobó si usó anabólicos.

Fuente: Diario UNO Mendoza

Comentarios