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Domingo 27 de Noviembre de 2011

Grandes luchas, no peleítas

Por Martín Rostand Llega un nuevo gobierno y se abre un juego político que necesita otros paradigmas y altura. Hay mucho que recuperar y el tiempo urge  

Por Martín Rostand

Se cierra ya el ciclo de recambio de autoridades y termina un tiempo que tiene como principal característica la incertidumbre. Esta circunstancia se da de una manera especial, ya que no se le pueda dar una connotación negativa, por cuanto hay un gobierno que se va y otro que todavía no ha llegado. Respecto del que termina, ya no tiene sentido persistir en la crítica ni en el elogio, y respecto del que llega, todavía no se puede decir mucho porque no ha dado pasos visibles oficialmente, lo que no quiere decir que esté quieto y esperando. Pero es esa ambigüedad que impera entre lo que ya fue y lo que todavía no es lo que vuelve a este lapso incierto.

Y esa falta de certezas da lugar a un juego político inevitable, pero que debería respetar algunos preceptos básicos para que nuestros representantes no pierdan el norte y tampoco les quiten sentido a sus presencias en el gobierno.

Ese desasosiego que da la falta de definiciones propias del interregno abre espacios en la política que tienden a ser ocupados por aquellos que intentan proyectar sus liderazgos. Y es totalmente saludable que así sea, pero esa actividad debe estar contenida por la mesura, porque si imperan el desborde y la intransigencia perdemos todos, o para decirlo en un lenguaje más práctico para los políticos: no gana nadie.

Las peleas intestinas que se dieron en el marco de la renovación de legisladores en nuestra Casa de las Leyes y que dejaron en sus puestos a Tanús y a Gallardo, ambos del sector azul, como autoridades en diputados y senadores, pero que también dejaron acéfalos los bloques justicialistas en ambos espacios merced a la presión del sector de los territoriales liderados por Miranda y Bermejo es muestra clara de lo descripto, y no está mal que así sea. Pero hasta ahí nomás.

Igualmente ocurre en la oposición, especialmente en el radicalismo, que esta semana renovó autoridades y entregó un compromiso bastante importante con la supervivencia a un Alfredo Cornejo que ha demostrado que sabe cómo liderar y sostenerse políticamente en su territorio, pero que dentro de su partido deberá enfrentar y recibir embates desde los sectores de Fayad e Iglesias, a quienes nunca les importó concertar con nadie. En eso de chicanear y usar la “picardía“, estos dos no se sacan ventaja, pero le hacen una diferencia enorme a Cornejo, que tampoco es un ingenuo. Por algo ambos señalan al reelecto intendente de Godoy Cruz como un “enano maldito”. En este nuevo capítulo que se abre para ellos, que conlleva una nueva pelea por espacios de poder, si gana la mezquindad de Iglesias o Fayad la UCR quedará reducida a mucho menos que un sello de goma. Quedará en una condición parecida a la que muestra el Partido Demócrata hoy después del fracaso de su fórmula Rosales-Rodríguez Saá, que no tiene más nada que su historia para intentar renacer, si es que a alguno de sus líderes esto le importa.

Pero esa es la parte más chiquita de la pelea, la más mezquina, la más inicua. La verdadera pelea que se abre para Mendoza hoy es recuperar el tiempo y la posición perdidos. De ser la provincia que claramente ejercía la hegemonía regional, superando ampliamente a sus vecinas y muchas veces ofreciéndoles el paraguas protector de su supremacía para ayudarlas, hemos pasado a ser una más del montón, por no decir que nuestras vecinas nos superan en varios rubros. Los años, la desidia y la mediocridad de nuestra clase dirigente han hecho que aquella posición preferencial, eso que nos mostraba como lo mejor del Oeste argentino, haya cambiado de manera ominosa para Mendoza y su historia. Y cuando hablamos de clase dirigente no nos referimos solamente a la política. Todos los sectores del liderazgo mendocino hemos dado nuestra cuota para que hoy vivamos en este estado de postergación permanente.

Este recambio de autoridades abre un nuevo ciclo que debemos aprovechar, pero en esa tarea necesitamos abarcarnos de la manera más amplia posible, ocupándonos de los temas que realmente suponen un desafío, porque más allá de la política, la coyuntura está volviéndose cada vez menos elástica y eso lo ha advertido claramente la Presidenta y lo ha expresado de manera contundente en el discurso que pronunció frente a la UIA esta semana.

No todos somos justicialistas, ni radicales ni demócratas, pero todos somos mendocinos y entonces necesitamos pensar en temas que hacen al desarrollo estratégico de nuestra provincia. Aquí en el Sur, en la próxima semana tendremos sobre el tapete la importancia de los pasos internacionales. El 29 y 30 de noviembre sesiona en Malargüe el comité del Paso Pehuenche y el 1 y 2 de diciembre se reúne en San Rafael el Comité Binacional del Paso Las Leñas. Huelga explicar lo que ya hemos dicho en repetidas oportunidades desde esta misma columna sobre la catarata de oportunidades que se derramará sobre nuestra tierra el día que esos pasos estén abiertos. Sólo hay que trabajar para que esos días lleguen rápido, lo antes posible.

Otro de los temas estratégicos que necesitamos viabilizar es el trasvase del río Grande al Atuel. Y también hemos puesto el foco sobre la importancia que semejante obra tiene en cuanto al caudal que derramaría sobre nuestra economía. Sería algo muy parecido a una refundación en términos económicos para nuestra región. Por esta maravilla de la tecnología y el progreso tenemos hoy la oportunidad de injertar otro río Atuel en nuestra tierra. Eso es lo que supone el caudal que el Grande volcaría sobre el Atuel, lo que permitiría duplicar la cantidad de hectáreas bajo riego en la región.

Pero este tema nos lleva a otro, que es el más urgente de todos: la pérdida de competitividad para nuestra producción. Ese es un tópico en el que ya deberíamos tener una discusión amplia que busque alternativas, porque sus efectos pueden ser catastróficos para el Sur mendocino. Como dijimos arriba, Cristina Fernández admitió que tenemos un problema con la inflación y pidió que discutamos medios para paliar la situación.

No descubriremos nada si decimos que San Rafael tiene una institución que con su rica historia y con el prestigio del que hoy goza a partir de acciones como la emprendida con el tema de la promoción industrial se presenta como el ámbito ideal para generar la sinergia que estos tópicos necesitan.

La Cámara de Comercio tiene todas las condiciones para liderar el proceso en el que todos estos temas pueden cristalizarse en obras o realidades. Pero sola no puede, ni tampoco es de su incumbencia viabilizar nada que vaya más allá de poner en consideración de quienes desde el Estado deben tomar estas discusiones como propias y llevarlas adelante.

Sí puede ser el crisol en el que se amalgamen las voluntades para potenciar estos planteos que abrirán nuevas puertas en el futuro.

Y de verdad que las necesitamos, porque más allá de lo que tiene que ver con la Administración Pública y el turismo, el resto de la actividad económica empieza a dar señales de dificultad y necesita ajustes urgentes.

“Cada uno en lo suyo defendiendo lo nuestro” decía un antiguo eslogan de la cámara. Necesitamos recuperarlo. 

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