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Jueves 03 de Noviembre de 2011

Gustavo Cordera ya no se aferra al discurso político

Cuando tenés un discurso opositor terminás siendo lo mismo que estás atacando, manifestó en declaraciones a la prensa. Esa es la reflexión que encontró el fundador de La Bersuit acerca del discurso político, algo que ya no forma parte de su leitmotiv musical.

Gustavo Cordera regresa a Rosario para continuar con su Caravana Mágica, un giro creativo personal, un cambio sustancial de encarar la vida que adoptó el fundador de La Bersuit, lejos del público masivo de los estadios, el dinero y las posesiones superfluas y el dinero, según indicó.

Es un proyecto nuevo donde se están formando las divisiones inferiores de una gran banda, sintetizó el Pelado con una metáfora futbolera al referirse a los músicos que lo acompañan. Por otro lado dijo que a la Bersuit no la dejó sino que, después de un impasse, no quiso volver porque necesitaba volcar su capacidad a experiencias creativas nuevas, y por otro lado, se sentía preso de un contenido muy grande que había gestado La Bersuit. En cambio, los otros integrantes de la banda sintieron la necesidad de aferrarse a la Bersuit y le pidieron volver sin él, cuestión que aceptó sin problemas y firmó todo lo que tenía que firmar.

Por otra parte, explicó que se cansó del discurso político porque es vetusto, inadecuado y formó parte de una época y, a su entender, a esta altura de mi vida seguir responsabilizando a los demás de los que nos pasa es una forma de victimizarnos, algo muy común en Argentina, señaló.

¿De qué se trata este proyecto que comenzaste con Caravana Mágica?
Es una nueva experiencia. Este proyecto tiene un año y monedas, con músicos jóvenes que se están fogueando. Estamos armando como si fueran las divisiones inferiores de una gran banda. Digo eso por la fe que le tengo y la confianza que me produce arriba del escenario. Los primeros conciertos que hacíamos eran para 50 personas, 100 personas. La última vez que vinimos a Willie Dixon estuvo lleno y fue sorprendente porque en un pasado reciente estaba con la Bersuit llenando estadios. Yo quise asumir ese riesgo para empezar de vuelta porque es ahí donde tomás ese desafío, donde perdés las comodidades que tenés, toda esa información.

¿Eso fue lo que te llevó a dejar La Bersuit?
Sí, en realidad yo a la Bersuit no la dejé. Nunca me fui del grupo de manera formal. Sólo hubo conflictos de tipo artístico. Cada uno había madurado lo necesario dentro de la banda y necesitaba tomar su rumbo. Yo no quería seguir con el rumbo bersuitero porque me impedía sostener la posibilidad de experiencias creativas nuevas. Tenía mucho éxito; teníamos ya un contenido poderoso, muy grande; la gente ya estaba familiarizaba con eso y yo sentía que estábamos presos de eso. Y a pesar de que ganábamos mucho dinero, yo sentía una deuda artística en la cual no podía contar con mis compañeros, por eso ellos continuaron con otros proyectos. Después sintieron la necesidad de aferrarse a la Bersuit y me pidieron volver sin mí. Yo acepté y firmé todo lo que tenía que firmar desde el punto de vista legal más que afectivo porque fui el fundador y la mayoría de las canciones son de mi autoría y todo el mundo lo sabe. Estoy emprendiendo un nuevo viaje porque a mí me parece que es un buen legado demostrar que la creatividad es una fuerza que te acompaña mientras estés vivo. El rock se encargó durante muchos años de difundir el slogan ‘no confíes en una persona que tenga más de 30 años’. Fue la que determinó el deceso y suicidio de mucha gente y eso me parece la forma más patética de perecimiento que hay: querés demostrar que tenés 30 años cuando en realidad tenés 50, eso para mí es retrógrado. Yo me rebelo a ese estigma porque hay muchos artistas como Atahualpa Yupanqui, Jaime Torres, Boa vista Social Club y Toto la Momposina, que empezó su carrera a los 40 años de edad, demuestran que la fuerza creativa la podemos desarrollar aún en el día de tu muerte.

¿Te cansaste un poco del discurso político?
Sí, porque me parecía vetusto, inadecuado y formó parte de una época cuando eso tuvo vida y lo necesitábamos. Pero seguir haciéndolo es como un cliché, es demagogia y lo que siento es que a esta altura de mi vida seguir responsabilizando a los demás de nuestro destino es una forma de victimizarnos, algo tan común en Argentina, donde culpamos a los demás de lo que nos pasa. Y eso nos quita poder, nos quita fuerza porque nosotros vinimos al mundo a forjar nuestro destino. Yo no necesito del gobierno para vivir. Al contrario, de alguna manera lo impide como lo hacen los ídolos, las instituciones religiosas. Porque una cosa es que seas referente y otra cosa es depositar sobre esa persona tu vida. Y cuando vos tenés un discurso político de oposición terminar siendo lo mismo que estás atacando. A propósito de esto escribí una canción: Soy lo que siento, lo que me pasa, ese es mi templo, esa es mi casa/ Soy bien distinto, soy diferente/ soy mi maestro, mi referente. Eso es lo que intento atacar sin necesitar de ver lo que hace la presidente, el intendente o el gobernador porque ese hechizo hace que tu vida pierda valor. ¡Qué me importa lo que hagan! Lo importante es lo que cada uno de nosotros propone y, a partir de eso la música cobra más sentido. Al menos para mí.

Fuente: La Capital de Rosario

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