San Rafael
Martes 07 de Julio de 2015

Historia de San Rafael: el caos que dejó la creciente del Diamante en San Rafael

Fenómeno meteorológico. La autora cuenta el motivo de la crecida y los problemas que ocasionó tanto en el departamento como en otras regiones del país.

Los habitantes de Cañada Seca habían propuesto al gobierno, previendo futuros desbordes del Diamante, que ellos se encargarían de hacer unas defensas colocando patas de gallo, pero el gobierno los ignoró, no les dio permiso y no pudieron hacer nada.
En ese distrito la situación era muy crítica, la gente que tenía familiares en otros lugares se había desplazado, especialmente a Monte Coman, pero muchas familias pobres se encontraban totalmente aisladas entre los pantanos formados por el río.
Las aguas habían derrumbado varias propiedades y los sembrados estaban totalmente inundados, todo se había perdido.
El día 14 de febrero el diario El Debate  escribió: “La gran creciente que ha bajado por el Río Diamante ha destruido las tomas de los canales ocasionando perjuicios de consideración a la agricultura”.
Los pobladores no creían que la Villa 25 de Mayo se pudiera ver perjudicada, dada la altura de las barrancas del río, pero pese a eso el río se llevó varias casas, arrasó con las tres cuartas partes del Fuerte y la mitad del cementerio.
El Debate siguió informando  hasta el 19 de febrero cuando anunció que “había caído una gran tormenta en la Villa, Colonia Francesa y Cuadro Nacional, de lluvia, viento y piedra, cayeron cerca de 38 mm provocando muchos daños”.
Busqué en periódicos de Buenos Aires para ver qué decían y la sorpresa fue muy grande,  ya que sí anunciaban las lluvias y crecientes de Cuyo, las sequías que se sufría en el norte, donde las temperaturas eran muy elevadas y no caía lluvia, por lo que se habían perdido las cosechas y lo más curioso fue lo que pasaba en Buenos Aires, Montevideo y Santa Fe: “Una temperatura asfixiante, un sol cuyos rayos parecían de metal de fusión, la tierra devolviendo en forma de vapores, la humedad reconcentrada”, según consignaba la revista Caras y Caretas del año 1900.
 La ciudad mostraba un aspecto de destrucción, las ambulancias tiradas por caballos recorrían la ciudad llamadas desde un sitio u otro, llevando  a los enfermos a los hospitales, donde eran tratados con hielo y baños fríos. En la calle personas o animales caían muertos de repente, había ya muchos muertos y la gente se preguntaba ¿qué enfermedad misteriosa era aquella que fulminaba a las personas? Se pensó que era una peste desconocida, la gente estaba muy asustada, pero los médicos trataron de calmarlos diciéndoles que era una insolación por los fuertes rayos del sol, comúnmente llamado golpe de calor.
De todos modos durante dos o tres días Buenos Aires vivió momentos muy dramáticos, los caballos que llevaban a las ambulancias también caían victimas del calor, por lo que la situación se tornó más grave, debiendo pedir refuerzos al ejército. Esto mismo ocurrió en la ciudad de Montevideo y en Santa Fe. Sólo en la ciudad de Buenos Aires murieron más de 200 personas.
Analizando todos estos hechos, pensé que algo muy raro había pasado en ese momento y mi respuesta fue que debió haber sido una Corriente del Niño, que ahora ya se ha estudiado, pero que era algo totalmente desconocido en esa época.
Para salir de dudas le escribí un correo electrónico al doctor Ricardo Villalba, del Cricyt, y él me conectó con la profesora María del Rosario Prieto, investigadora del Conicet, que se dedica a la Climatología Histórica. Ella me respondió: “Si bien no hay registros medidos de la cantidad de nieve caída en cordillera en esos años, efectivamente en 1899 hubo un evento El Niño calificado como fuerte por los especialistas, que produjo grandes nevadas en el invierno y crecientes extraordinarias de los ríos en el verano posterior”.
Mi hipótesis había sido correcta, sólo la Corriente del Niño, que produce grandes cambios a nivel planetario, podía haber creado tantos desequilibrios
Nuestro Diamante ha tenido muchas crecidas, en 1941 fue también muy grande, en 1970 las aguas pasaron por arriba de los puentes, en 1977 hubo otra muy grande. Una de estas crecientes está magistralmente relatada por Alfredo Rodolfo Bufano en su poema “Creciente”. De las extraordinarias, la de 1900 fue la única y no ha vuelto a repetirse.
Hoy el río está regulado, se han construido diques, sería muy difícil que se produjeran grandes crecidas, pero eso no podemos saberlo, que Dios siempre nos proteja de sus aguas, claras, cristalinas, mansas para el riego, pero fuertes, duras, rojas, turbulentas  en las crecidas que provocan grandes daños: “Pasó el instante de terror. Ahora como una agreste y dulce margarita, la clara estrella de la tarde brilla”, escribió el poeta.
María Elena Izuel
Especial para UNO SR
marializuel@speedy.com.ar

 

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