San Rafael
Lunes 27 de Julio de 2015

Historia de San Rafael: los documentos del pasado que ya hablaban del granizo

Testimonios. Para derribar el mito de que las tormentas graniceras llegaron con los diques, la autora desempolva viejos relatos de piedras en el San Rafael de antaño.

En los momentos actuales es común escuchar el comentario de que la culpa de las granizadas la tienen los diques, pero esto no es así, para comprobación leamos artículos de diarios y documentos de épocas pasadas.
En el mes de enero de 1806 Miguel Teles Menezes comunicó al Virrey (se respeta el documento original): “De esta fecha en 15 días con el favor de Dios entraré a segar el trigo el que está muy granado, sin embargo del destiempo de su siembre y los muchos atrasos que ha experimentado de 8 días de peste de langosta, de que quedó arruinadísimo y así mismo haberle caído pocos días ha una manga de piedra que bastante perjuicio le ha hecho”.
Lean este otro artículo que salió en el Ecos de San Rafael el 25-11-1903.
“Qué tiempo, se oye decir donde quiera, nunca se ha visto otro igual.
Muy malo anda en efecto. Hará un mes que es raro el día en que no descarga su furia un torrencial chaparrón o dos o más. El alabado cielo de San Rafael que ostenta casi todo el año su atrayente limpidez, sólo por excepción se ve desde hace tiempo libre de nubes... y, ¡qué nubarrones! oscuros, densos, cargados de electricidad, son los de piedra. Todos viven temblando en su presencia.
La Villa, llena de aflicciones, ha visto colmarse la semana pasada el vaso de sus desdichas. Todos sus cultivos fueron poco menos que arrasados por el granizo.
Los otros distritos, tantas veces amenazados por aquel azote, se ven por felicidad indemnes aún; las mangas que los amagaron fueron hasta hoy a descargar su ruina en sus campos incultos. Se hacen votos porque siempre sigan el mismo camino.
Pero… ¡hay que asegurarse! Repiten los viñateros, el año será malo.
Las pocas veces vistos aguaceros, han determinado crecientes en el río Diamante como pocas veces se ven. Casi todos los distritos por consecuencia, quedaron como se dice, anegados al ser las rudimentarias tomas de sus canales barridas por las crecientes. En Cañada Seca el agua penetró en las calles, elevándose a una altura hasta de cuarenta centímetros.
Y el tiempo sigue amenazando agua y granizo. No obstante se confía en la buena estrella de San Rafael, que desde ya hace tres años no se oculta”, concluye el artículo del diario.
Archivo de piedra
Los datos que leerán a continuación están extraídos de correspondencia particular de la familia Salas y en ellos cuentan algunos desastres que ocurrían en ese tiempo, fíjense bien en las fechas:
1886: “…cayó una granizada descomunal en Villa Diamante”.
1891: “Es diciembre y aún persiste la invasión de langostas que asola desde 1890, hemos perdido la cosecha de uva”.
El comandante José Antonio Salas agregaba: “Ha caído una manga de piedra descomunal, como nunca se ha conocido. Con la langosta y las mangas de piedra, tengo más ganas de tirarme al río que seguir viviendo”.
1907 –14 marzo- “… cayó una terrible manga de piedra como huevos de gallina, afectó a Cuadro Nacional, Colonia Francesa e Italiana”.
Estos testimonios nos demuestran, bien a las claras, que las tormentas graniceras no son culpa de los diques, que no existían en esa época. Y entonces… ¿a quién le echamos la culpa?
La causa de la ocurrencia del fenómeno es la altura de la Cordillera de los Andes, que detiene las masas húmedas del Atlántico, hace que las nubes se eleven, se enfríen, se congelen y caigan piedras, ya que el vapor de agua se convirtió en granizo.
Dentro de una nube granicera se producen corrientes ascendentes, en torno a una pequeña partícula de polvo se condensa el agua y se forma el granizo, el peso lo hace caer, pero estas corrientes ascendentes, muy fuertes, lo llevan nuevamente para arriba, esto ocurre varias veces, hasta que la nube no lo puede soportar y cae, por la fuerza de gravedad, pero en cada movimiento ascendente su tamaño crece, por lo que cuando cae, es muy grande y el daño que produce es mayor.
Supersticiones
Lucha contra el granizo: la gente tenía muchas supersticiones en este aspecto, cuando veían venir las nubes graniceras algunas señoras, rezando ininterrumpidamente, salían al patio y hacían una gran cruz con sal gruesa en el piso.
Otros trazaban una cruz con un cuchillo y en el centro le colocaban sal. También echaban sal en dirección a la tormenta.
Había quienes encendían velas a la Virgen rogando por que pasara o quemaban olivo bendecido del Domingo de Ramos, y la familia se arrodillaba rezando, con lo que  querían aplacar la fuerza de las piedras.
No sé los resultados, pero imagino que lo único que servían eran los rezos al Señor y a la Virgen para que los protegiera y desviara la tormenta.
En el diario Los Andes, leí lo siguiente:
En carne propia
El hombre, como tantas otras veces, llevaba la intención de “curar de palabra” la tormenta que desde hacía un rato amenazaba en los cielos. Apenas había comenzado con los primeros rezos para persuadir a los nubarrones, cuando recibió por respuesta el golpe de una “piedra” caída desde las nubes, la primera de una fuerte tormenta que, según cuentan todos los vecinos afectados, cayó durante más de doce minutos con granizo de hasta el tamaño de un huevo.
Por María Elena Izuel
Especial para UNO SR
marializuel@speedy.com.ar

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