San Rafael
Miércoles 11 de Febrero de 2015

Historia de San Rafael: los hermanos Mohr Bell, de Escocia a San Rafael juntos

Inmigrantes Llegaron en busca de la tierra prometida y se desarrollaron en la vitivinicultura. Uno fue pionero en el secado de frutas y entró en la política. Murieron casi a la vez.

La familia Mohr-Bell era originaria de Escocia, de donde viajaron a la Argentina en busca de la ansiada paz. Llevaban dos generaciones viviendo en el país cuando en 1878 en Buenos Aires nació Leonardo, en medio de una familia que mantuvo siempre las tradiciones escocesas.

Junto con un hermano mayor, de nombre Alberto y que había nacido en 1869, decidieron viajar a San Rafael en 1912.

La publicidad que se hacía de la zona era muy atractiva y se la presentaba como una tierra muy rica, donde era fácil labrarse un buen porvenir.

A poco de llegar compraron unas propiedades en la zona de Las Paredes. Alberto se estableció entre las calles Zamarbide, Las Vírgenes y la ruta, en una finca de 53 hectáreas llamada El Deseado.

Leonardo por su parte se ubicó en una finca a la que denominó La Uruguaya, en calle Los Filtros y Bentos al sur. Como era lo obligado en ese momento, plantaron sus tierras con viñedos y construyó cada uno su casa.

Leonardo se casó con Etelvina Mc Culloch, una  joven de origen escocés que vivía en Buenos Aires y tuvieron tres hijos: Diego Francisco, Aroldo, quien participó en la Segunda Guerra Mundial y murió siendo piloto de la Real Fuerza Aérea británica, y la tercera, una niña de nombre Sheila.

Leonardo fue pionero en el desecado de frutas en la zona. Entre 1916 y 1918 trajo de California uno de los primeros hornos para desecar fruta.

En la década del 20 construyó en sus tierras una bodega que tenía ocho piletas de fermentación de 10.000 litros cada una y cuatro de 6.000 litros. Además, había construido dos piletas de conservación de 20.000 litros cada una, por lo que la capacidad total era de 144.000 litros.

Entre los años 1916 a 1920 Leonardo desarrolló una carrera política. En ese contexto fue concejal municipal, jefe político y diputado provincial.

Por su parte, Alberto formó su familia, pero no tuvo bodega, ya que era arquitecto y se desempeñaba como gerente de la Sociedad Fioravante, de Buenos Aires, en la bodega El Rosal. El 4 de enero de 1926 falleció, posiblemente de cáncer.

Y cuando la familia aún no se reponía de esta desgracia, el 26 de enero falleció también su hermano Leonardo. Los descendientes no encontraron nunca explicación a estas muertes.

Las dos familias quedaron totalmente desprotegidas, dos mujeres solas y con varios hijos, sin saber qué hacer.

Pero siempre hubo gente buena. Los descendientes de don Ignacio Sueta cuentan la siguiente anécdota: “Don Ignacio tenía un gran Almacén y ambas familias eran muy buenos clientes, pero con la muerte de los jefes de familia no podían pagarle, se habían quedado sin dinero”.

Añadieron que “Sueta les entregó por un año la mercadería sin cobrarles, hasta que después de la próxima cosecha le pudieron pagar”.

En este acto vemos la bondad de don Sueta y el compromiso de la familia Mohr Bell, que cumplieron con la palabra empeñada, aunque tuvieron que trabajar muy duro para salir adelante.

Los hijos de don Leonardo aún eran pequeños y no pudieron continuar con la bodega, pero sí con las fincas, y para ello formaron la razón social Mohr Bell Hermanos y Cia SRL.

En 1936, como una solución a los problemas vitivinícolas, el Gobierno creó la Junta Reguladora, que entre otras barbaridades cometidas, como hacer derramar el vino en las acequias, cosechar la uva y enterrarla, ordenó también arrancar los viñedos.

Y como los hijos de Leonardo poseían más de 10 hectáreas, tuvieron que entregar algunas hectáreas al Estado y debieron ver cómo las tierras eran entregadas a colonos que plantaron “viñedos”.

Alrededor de 1950 le alquilaron la bodega a la firma Panelli para guardar vino. Hoy esta bodega se encuentra en ruinas y sólo se usa un galpón como depósito de fruta seca, ya que los nietos pudieron continuar con el secadero.

Comentarios