San Rafael
Miércoles 29 de Abril de 2015

Historia de San Rafael: los Panelli, una familia de italianos que se hizo de abajo

Pietro Panelli, su esposa Palmira Giorgi y sus hijos conocieron la pobreza pero con el esfuerzo de todos salieron adelante. Sufrieron la ceniza volcánica de 1932.

Una de las familias más reconocidas entre los bodegueros de San Rafael, que tuvo gran preponderancia por ser trabajadores, honestos y excelentes industriales vitivinícolas, fue la familia Panelli.
Su origen se encuentra en Italia, en la zona conocida como Llanura del Po, lugar donde gracias a las aguas del río homónimo se desarrolla una agricultura donde predominan los viñedos, aunque también se cultiva arroz en gran cantidad.
En Borgonovo Val Tidone, un pequeño pueblito de la provincia de Piacenza, en 1876 nació Pietro (Pedro) Panelli, mientras que en 1881 Palmira Giorgi, en un pueblito cercano llamado Pianello. Los jóvenes se conocieron y se casaron en 1903, y  la familia se agrandó con la llegada de tres hijos varones: Primo, Armando y Lino.
La profunda crisis política y económica que existía en Europa llevó a que Pietro con su amigo Giuseppe Maggi decidieran buscar nuevos rumbos. Primero viajaron a Nueva York, donde el único trabajo que lograron fue hombreando bolsas en el puerto. Esto no era lo que ellos deseaban y para lo que habían viajado tantos kilómetros, de modo que decidieron regresar a Italia.
Algunas amistades habían emigrado y se encontraban en San Rafael, lugar que simbolizaba la tierra prometida. Esto les enviaron noticias por carta de que Rodolfo Iselín  necesitaba mano de obra para trabajar su nueva finca con viñedos,  de modo que resolvieron viajar a la Argentina, donde sabían que iban a encontrar el tipo de trabajo que les gustaba.
Los signos de una guerra cercana hicieron que apresuraran el viaje y partieron hacia Argentina en el buque Príncipe Di Udine. Pedro lo hizo con su esposa y sus tres hijos: Primo, apodado Gino, de 9 años, Armando, conocido como Aldo de 6 años y Lino, el más pequeño, de 4 años. Con ellos venía su amigo Giuseppe Maggi con su esposa y sus tres hijos. Arribaron a Buenos Aires el 25 de marzo de 1914, en vísperas de la Primera Guerra Mundial.
Una vez llegados a San Rafael, Pietro consiguió empleo en la bodega La Abeja de Schlieper para trabajar en sus viñedos. La familia se instaló en una choza que les prestaron, en el lugar donde hoy se encuentran las ruinas de la bodega de Milutino Martínez.
Según me han contado los descendientes, eran sumamente pobres y el techo del ranchito, cuando llovía, dejaba pasar el agua, por lo que se subían y  colocaban sobre el techo el mantel de hule que les servía para comer.
Para ir a cosechar en la finca de Schlieper debían cruzar el canal Cerrito y lo hacían por un puente provisorio bastante incómodo, constituido por un álamo de cuatro metros de largo, que unía ambas orillas del canal.
Ya había en ese momento una forma de trabajo que sólo existe en Mendoza, que es la figura del contratista, por la cual el propietario cedía al trabajador del 18% al 20% de la cosecha, además de pagarle un pequeño sueldo y otorgarle vivienda. En cuanto pudo, Pedro tomó contrato con un hombre de apellido Cuantegui, en Rama Caída, pero lamentablemente cayó piedra y al perderse toda la cosecha,  este señor no pudo mantener el contrato, por lo que debió buscar otro trabajo.
Al año siguiente consiguió otro trabajo en lo de Alberto Piola, posteriormente con Marcos Viñuela en la zona de Balloffet y un año más tarde con José Guerrero, en El Usillal.
Toda la familia trabajaba y con los aportes de todos finalmente pudo Pietro adquirir una pequeña propiedad de ocho hectáreas sobre la calle Los Sauces, entre las actuales Vélez Sarsfield y el canal Toledano, donde plantaron cepas Bonarda y Barbera D’ Asti. Allí construyó su casita sobre la calle Los Sauces, donde vivió hasta sus últimos días.
Una vez instalados en Argentina llegaron otros hijos: Félix, en 1916, y luego las niñas: Emilia, en 1923 y María, en 1926. Los niños asistían a la Escuela de Páez, hoy Zapata, en la calle Balloffet, pero no completaron los cursos, pero asistieron lo suficiente para aprender el idioma español.
Era necesario que trabajaran para llevar un salario más a la casa. Abandonaron la escuela y comenzaron a trabajar en las fincas vecinas. Llegó un momento en que todos tenían una mensualidad, pudieron ahorrar y comenzaron a progresar.
Ernesto Panelli me relató esta anécdota con motivo de la caída de la ceniza en el año 1932: “Mi padre Primo trabajaba de contratista en Las Paredes, en la finca de don Antonio Campi y estaba plantando viñedos. Como el trabajo era mucho, su padre, don Pedro, se vino desde su casa en su caballo para ayudarle. Cuando comenzó a caer la ceniza, a las dos de la tarde,  se hizo de noche, el Nono Pedro no veía nada y no sabía cómo regresar a su casa, entonces dejó libre a su caballo y éste por instinto tomó bien el camino de vuelta y en medio de la oscuridad regresó a su casa en calle Los Sauces”.
Los hijos se fueron casando y los nonos quedaron solos en su casita de calle Los Sauces.
La Nona Palmira falleció en junio de 1954 y el Nono Pietro vivió unos años más y falleció en San Rafael en el año 1964. Ambos están sepultados en el Cementerio de San Rafael.
María Elena Izuel
Especial para UNO SR
marializuel@speedy.com.ar

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