San Rafael
Sábado 18 de Abril de 2015

Historia de San Rafael: vida y familia de Pascasio García, inmigrante español

Llegó al país a inicios del siglo 20 y se instaló en San Rafael donde, como muchos otros extranjeros, cultivó la tierra y levantó una bodega. Ahora es un boliche.

María Elena Izuel
Especial para UNO SR
marializuel@speedy.com.ar

En 1887 en un pueblito de Navarra, España, nació Pascasio García. Cuando tuvo edad suficiente se casó con Encarnación Pascual  y tuvieron dos hijos, Juanita y Agustín. Viendo que la situación económica de España no estaba bien, decidieron viajar a la Argentina a principios del siglo XX.
Tuvieron noticias de que San Rafael era una tierra prodigiosa y se establecieron en Las Paredes, donde García le compró a Guillermo Iselín, hijo de Rodolfo, unas hectáreas de tierra que había heredado de su padre.
Trabajó la tierra y la plantó con viñedos, como hacían casi todos los agricultores en ese momento.
La esposa de Pascasio, Encarnación, enfermó y falleció al poco tiempo de estar instalados, ya que su salud no era muy buena.
Pasado el luto necesario, Pascasio contrajo matrimonio con su cuñada (hermana de la esposa) de nombre Quintina Pascual, también española. No tuvieron hijos. Pascasio tenía muy  mal carácter  y era temido por su familia.
En su terreno construyó una bodega, que figura en el censo realizado por el Diario El Comercio en 1926.
Cuando los negocios mejoraron y la bodega comenzó a producir, García fue a comprar un automóvil. Fue   Armando Panelli quien debió instruir en el manejo a Juanita, la hija de García, ya que el coche sería para ella. El instructor y su alumna salieron varias veces a dar vueltas en el coche y se enamoraron. Al poco tiempo Juanita y Armando se casaron.
A Pascasio al principio no le agradó mucho el joven porque quería que su hija se casara con un español, pero cuando lo conoció no se opuso al matrimonio.
Le entregó a su yerno la bodega para que la trabajara, bajo el sistema de Renta Onerosa de Contrato Vitalicio, lo que significaba que mientras él viviera tenía todos los derechos sobre la propiedad y debían pagarle una suma anual vitalicia. 
Armando aceptó el trato y trabajó en estas condiciones durante seis años, hasta que finalmente decidió pagarle el total al suegro y comprar definitivamente la bodega. Esto ocurrió en 1933.
En honor a su joven esposa, llamó a esta bodega “La Juanita”. Armando agrandó la bodega y compró la marca “La Regalona”, que fue muy famosa.
El matrimonio tuvo dos hijas, Iris y Amanda.  Juanita falleció muy joven, en 1940,  y Armando, con ayuda de sus padres, crió a sus hijas.
Por su parte el otro hijo, Agustín (hijo de Pascasio y Encarnación), se enamoró de María Guerrero, hija de José Guerrero.
Eran vecinos pero de todos modos Pascasio no la quería y se opuso al matrimonio. El hijo se rebeló contra el padre y pese a la oposición igual se casaron, lo que el padre nunca les perdonó.
Agustín consiguió dinero prestado y construyó su bodega en terrenos que su padre le había obsequiado alrededor de 1930.
Agustín y María tuvieron cuatro hijos: Raúl, luego Nelly, a la que apodaron La Potoca (nombre que le puso a la bodega), María Esther y finalmente el menor, a quien puso el nombre de su padre: Pascasio.
Agustín García falleció en 1938 con sólo 40 años. Su esposa continuó con la bodega, la llamó San Agustín y la razón social pasó a ser María Guerrero Viuda de García.
Al principio vendían los vinos en bordelesas, damajuanas y años después en botellas. Pascasio García (nieto) cuenta que él hacía el reparto en un pequeño camioncito. Registraron las marcas “La Potoca” y “Don Pascasio” de vinos comunes y finos.
El abuelo falleció en San Rafael, en 1952, a los 75 años, y por esas cosas que tiene la vida debió pasar los últimos años de su existencia con su nuera, la única que lo quiso recibir en su casa, mujer a la que él no quería pero que fue quien lo cuidó en sus últimos años.
Al fallecer María los hermanos se repartieron los bienes y Raúl se fue a Comodoro Rivadavia. María Esther entregó la bodega a su hermano Pascasio, quien continuó trabajándola hasta 1983, cuando ciertas leyes lo perjudicaron y tuvo que cerrar.
Durante 10 años la alquiló a la empresa Rafael Salafia e hijos y posteriormente alquiló el salón para boliche.

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