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Domingo 03 de Enero de 2016

Investigan si Maduro le entregó a terroristas de Hezbolá pasaportes de Venezuela

El mensaje era claro. «Llama a Maduro y dile que me mande otra identidad, que con esta ya me han pillado». Fue el encargo que un iraquí, posible militante de Hizbolá, hizo al servicio consular venezolano cuando en febrero de 2015 la policía de Basora fue informada de que el hombre contaba con varios pasaportes falsos emitidos por las autoridades de Caracas. El diplomático venezolano que le denunció, que es quien relata la conversación, asegura que el sujeto, conocido como El Tamimy, le amenazó: «no sabes con quién te has metido; ya puedes ir llamando a Maduro y decirle quién soy yo; te vas a quedar sin trabajo». Dicho y hecho: el funcionario lleva meses fuera de su destino y sin percibir sueldo.

El paradero de El Tamimy y otras nuevas informaciones sobre los movimientos en Oriente Medio de extremistas árabes con pasaportes venezolanos están siendo investigados por Estados Unidos, que lleva tiempo tras la pista de la cobertura que el Gobierno de Hugo Chávez, primero, y Nicolás Maduro, después, ha prestado a radicales islamistas a través de sus embajadas y consulados y en la propia Venezuela.

El mismo Maduro se reunió en 2007, cuando era ministro de Asuntos Exteriores, con el líder de Hizbolá, Hasán Nasralá, como desveló hace unos meses el libro «Bumerán Chávez». El encuentro secreto tuvo lugar en Damasco y en él se trató del apoyo de Venezuela a la organización armada chií de origen libanés (entrega de pasaportes, tráfico de armas y participación en el narcotráfico).

El mismo año se había puesto en marcha, por decisión de Chávez y del entonces presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, la ruta aérea Caracas-Damasco-Teherán. La conexión facilitó el movimiento de militantes de Hizbolá.

Maleta con droga

Precisamente El Timimy iba a embarcar en ese vuelo en enero de 2008 con billete para Damasco, cuando fue detenido al entrar en el aeropuerto caraqueño de Maiquetía con 2,2 kilos de cocaína en su maleta. Viajaba con pasaporte iraquí a nombre de Ali Ahmed Adhan, emitido por las autoridades iraquíes de Basora, zona de mayoría shií en la que, según el documento, había nacido. En el doble fondo de la maleta, la policía también encontró un pasaporte y una cédula de identidad venezolanos a nombre de Ghuneim Ali Abrahim. Más adelante dispuso de otros documentos oficiales venezolanos que le presentaban como Ahmed el Timimy Villalobos, supuestamente nacido en Maracaibo.

Tras su detención en 2008 fue sentenciado a ocho años de prisión, pero permaneció poco en la cárcel. Allí fue visitado por personal del Ministerio de Exteriores de Irak, como atestiguan varias fotografías. En marzo de 2010, de acuerdo con el auto judicial, se le concedió libertad condicional con el fin de que pudiera trabajar para «Sexto Poder» como asistente de fotolito e imprenta. Sin embargo, desde esa empresa se asegura que nunca se contrató al iraquí para ninguna de sus publicaciones; de hecho, según precisa Leocenis García, impulsor del grupo, este no ha contado con imprenta propia, sino que las tareas de impresión las ha realizado con terceros, por lo que el tribunal tuvo que manejar una oferta falsa de trabajo.

Entonces su pista desapareció. Al parecer estuvo detenido en Francia 2012 por narcotráfico y en Dinamarca en 2013 por lavado de dinero. En 2015 emergió en Oriente Medio. Es ahí donde Misael López Soto, consejero de la Embajada de Venezuela en Irak, lo encontró.
Emisión de documentos

El uso de los consulados y embajadas de Venezuela en Oriente Medio para facilitar documentación oficial a elementos radicales ya fue puesto de manifiesto en el caso de Ghazi Nassereddine, quien fue consejero en la Embajada de Damasco y se inmiscuyó en la de Beirut. Nassereddine, libanés-venezolano promocionado por Maduro cuando era canciller, fue incluido en 2015 por el FBI en su lista de personas de especial interés.
Entre las denuncias que ahora revela Misael López Soto, consejero en la Embajada de Irak, está la presentada en 2014 contra una empleada de esa legación que emitía de modo irregular documentos venezolanos a nombre de personas procedentes de Siria, Palestina, Irak y Pakistán. Aunque podía tratarse de una red de corrupción con fines lucrativos, el que el embajador impidiera investigar el caso (la mujer sigue trabajando en la embajada) muestra la presunta aquiescencia de las autoridades con el procedimiento. Cuando estos hechos fueron recogidos en noviembre por la periodista Andreina Flores, el embajador en Irak, Jonathan Velasco, negó que desde la misión se emitan documentos para ciudadanos extranjeros. En cualquier caso, un empleado de la embajada que se prestó a testificar a favor de la denuncia de López Soto apareció poco después degollado en las cercanías del edificio. En el momento del estrechamiento de las relaciones del chavismo con Hizbolá, Velasco fue embajador en Teherán, De allí pasó a Ramala, pero fue declarado persona non grata por Israel. Luego fue a Irak.

La embajadas en Oriente Medio también han ayudado a promover los intereses económicos de empresarios como Majed Khalil Majzoub, dueño de Hardwell Technologies, compañía bajo sospecha de EE.UU. En 2012 el empresario venezolano de origen libanés visitó Jordania para negociar contratos de energía eléctrica en Petra y en 2013 acudió a Irak, también en viaje de carácter diplomático, lo que supone una irregularidad. La embajada preparó sus entrevistas con representantes del Gobierno de Bagdad y el del Kurdistán y a ambos les pidió que pagaran hospedaje, escolta y otros gastos. Majed Khalil Majzoub es dueño del avión en el que los sobrinos de Maduro fueron detenidos en Haití cuando transportaban 800 kilos de cocaína.
Fuente: abc.es

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