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Domingo 13 de Noviembre de 2011

Joven promesa de Atamisque

Gema Gallardo
ggallardo@diariouno.net.ar

Patricia Torres tiene apenas 22 años y una responsabilidad muy grande: es la chef del restorán de la bodega Atamisque, la misma que hace unos días ganó un medalla de oro en Great Wine Capitals, en Alemania, por la oferta turística que tiene.

La joven no es una improvisada. De hecho, no hace poco que comenzó a trabajar allí. Tenía tan sólo 18 años cuando la contrataron para trabajar de moza en Rincón Atamisque, un lugar enclavado en Tupungato. Lo que nunca imaginó Patricia fue que a los pocos días de haber comenzado, el cocinero a cargo iba a renunciar y el puesto pasaría a sus manos.

Decidió estudiar cocina porque toda la vida vio cómo su mamá se dedicaba a eso para criar sola a sus ocho hijos. “A mí personalmente me gusta más la cocina criolla, pero disfruto realizando platos gourmet que sé que los comensales van a disfrutar en este restorán”, dice tímidamente la joven chef al inicio de la entrevista, la primera vez que le hacen sin pedirle consejos o recetas para elaborar un buen plato.

Para los dueños europeos de ese lugar, esta chica es una gran promesa. Ellos le han propuesto llevarla a Francia para que se capacite y explote su gran talento gastronómico.

Claro que como buena chef lleva consigo el karma de tener que cocinar en cada encuentro amistoso o familiar. Sin ir más lejos, confiesa que cuando comen asado con su novio, es ella quien lo hace.

–¿Qué hizo que la cocina te apasionara para decidir encararla profesionalmente?
–Fue por mi mamá. Siempre cocinó y yo la ayudaba. Ella se vino desde Malargüe y en su casa hacían todo casero. Cuando terminé la secundaria, sabía que quería estudiar esto. No había otra carrera que pudiera elegir.

–¿Y cómo llegás a Rincón Atamisque?
–El contacto me lo hizo un primo. Iba a empezar a trabajar de moza y luego iba a pasar a la cocina como ayudante porque el lugar tenía su chef. Pero a los 15 días me avisa que no venía porque estaba enfermo, entonces me pidió que mi hiciera cargo justo, un domingo, en el que venían a comer los dueños (John Du Monceau y su esposa, Chantal) con un grupo de siete personas. Y por suerte se sorprendieron. Les hice trucha al limón y trucha al roquefort. Pasados unos días, el chef a cargo y la encargada del restorán me preguntaron si me quería hacer cargo de la cocina y desde ese momento –noviembre de 2008– estoy acá.

–Es decir que comenzaste ocupando el puesto más alto...
–Sí, la verdad que sí. Estoy muy contenta y quiero seguir capacitándome. Ahora estoy haciendo una diplomatura, y estudiando inglés y francés.

–¿Has tenido oportunidad de ir a Francia?
–Por el momento no, pero los dueños quieren que vaya y conozca otros lugares... Me falta mucho por aprender y creo que tengo bastante tiempo por delante.

–¿Creés que este trabajo te ha obligado a madurar rápidamente por la responsabilidad que implica?
–Sí. Pero siempre he sido bastante madura. Vengo cocinando desde chica, pertenezco a una familia común. Mi mamá trabajaba, no vivíamos con mi papá... Entonces todos mis hermanos tenían que trabajar y eran muy responsables. Es lo que nos inculcó nuestra madre. Éramos ocho hermanos y uno falleció hace unos años.

–¿La carta del restorán la armás sólo vos?
–Sí. Yo les presento mis ideas a Chantal y a Priscila, que es quien me ayuda en la cocina. Los dueños tienen un paladar muy fino, mientras que a nosotros los argentinos nos gustan los platos bien criollos. Por eso tratamos de adaptar y fusionar la cocina argentina con la francesa.

–¿Y aquí vienen más turistas o mendocinos?
–Vienen más mendocinos y a los mendocinos les gusta comer abundante, por eso tratamos de fusionar lo gourmet con lo criollo, aunque es una cocina bastante tradicional donde todos los platos son a base de trucha. Nosotros faenamos todos los días y tenemos un criadero a tres kilómetros dentro de la finca.

–Desde la bodega apuntan a conseguir la medalla de oro en gastronomía en la próxima Great Wine Capitals...
–Sí. Este año ganamos la medalla de plata en gastronomía en Best Of 2012 y vamos a trabajar para quedarnos con la de oro. Nosotros tenemos una especialidad que es la trucha. Y al paso que vamos y mejorando algunos detalles, creo que podemos obtenerla tranquilamente.

–¿Hay algún chef a quien admirás?
–Sí, Dolli Irigoyen. El año que yo empecé a trabajar vino a comer al restorán. Lo importante es que le gustó.

–¿En algún momento lográs despegarte de la cocina o llegás a tu casa y seguís cocinando?
–Y a veces uno, después de estar siete horas dentro de una cocina quiere descansar, pero sí me piden que cocine.

–Cuando comés asado con tu novio, ¿quién lo hace?
–Yo lo hago. A él no le gusta.

–¿Y cómo te gusta la carne?
–A punto. Al principio no me gustaba como la comen los europeos, pero en realidad la carne así se saborea más, aunque a muchos les dé la impresión de que están comiendo carne cruda.

Perfil Tupungatina
- Nació el 20 de marzo de 1989.

- Estudió la carrera de chef en la escuela Islas Malvinas.

- Además de su trabajo, le gusta ir al gimnasio.

- Es la penúltima de ocho hermanos. Una de sus hermanas es atleta, radicada en Buenos Aires, donde compite profesionalmente.

- Cuando empezó a trabajar intensamente dejó de ir a bailar, pero le gusta salir con su novio y sus amigas.

 

  

 

La trastienda
Patricia Torres está atravesando una tendinitis en el brazo derecho, según dijo es producto de hacer el repulgue de cientos de empanadas. “Es que el repulgue hay que hacerlo bien porque si no al freírlas se abren”, ilustra la joven, quien comenzó con timidez la entrevista. Por ahora está de licencia y desesperada, dice, por volver a su trabajo. Al momento de la sesión de fotos, la chef mostró aún más su vergüenza, pero luego de unos cuantos minutos se soltó y posó como si fuera una auténtica top model para la cámara de Diario UNO.

El encanto de trabajar en un bello paisaje
“La mayoría de los que trabajamos aquí somos de Tupungato por eso queremos tanto a esta finca. Hemos visto cómo se ha ido transformando”, dice Patricia Torres.

La bodega Atamisque se encuentra enclavada en un predio de 750 hectáreas, en el Valle de Uco. Allí, los viñedos se entremezclan con una añosa arboleda, un criadero de truchas y una cancha de golf de nueve hoyos.

A los visitantes también les ofrece la posibilidad de realizar cabalgatas y una exquisita experiencia gastronómica en su restorán.

Pronto también dispondrá de cinco lodges de alta gama, con lo que completará una oferta única para visitantes extranjeros y locales.

“El lugar tiene muchas cosas lindas. La brisa es una de ellas, aunque a veces en el verano también hace mucho calor”, detalla Torres, mientras el viento juega con su cabello y cierra diciendo: “Con este entorno natural da gusto trabajar”.

 

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