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Jueves 08 de Septiembre de 2011

Kia Ora - Kaikoura

Tras salir desde el ferry que viene navegando desde Wellington a través de unos fiordos de película, se llega a Picton, que es la puerta de entrada por barco a la isla Sur, y desde allí, se pueden hacer dos cosas: ir hacia el Este o el Oeste.

Elegimos el este, tal vez para sentirnos más cerca de casa… que pavada…

La ruta A1 empieza trepar por una zona empinada, montañosa diríamos, llena de viñedos de pocas hectáreas, pero unos viñedos lindos, de esos que una puede quedarse admirando y por qué no, añorando.

La ruta llega a Blenheim. Una ciudad (en la isla Sur, un caserío es Pueblo y un pueblito es ciudad) que no debe llegar a las veinte mil almas, pero que deben vivir muy pero muy bien… como todos aquí, bah.

Y desde Blenheim, hay que aprender a manejar y a ser copiloto también, con la boca cerrada.

Los paisajes descomunales, todo cuidado, todo en su lugar, donde hasta las imperfecciones parecen estar a medida de las cosas, así va desandando la ruta, que a los pocos kilómetros, alcanza la vera del mar.

Y desde acá, sí, es la ruta de las onomatopeyas: “Uhhhhhh”, “Ohhhhhhhh”,” Ahhhhhhhhh” deben ser las más dichas, pero salen los “nosepuedecreerrrrrrr”, los “pordió!” y los “paráaaaaaaaa”.

Es demadiada belleza toda junta entrando por el parabrisas. Demasiado,. Si hasta nos preguntamos si es justo no poder parar a sacr todas las fotos que queremos, porque el viaje se va a hacer eterno.

Discusiones sin sentido hasta llegar a 15km antes de Kaikoura, a un lugar, paraje o como sea, que se llama Kukuranga. Este vocablo maorí que podría significar cualquier cosa, bien podría significar “Sirve para describir lo indescriptible”.

Montañas con picos nevados, que dejan que sus correlatos y sus laderas rocen sensualmente un mar turquesa como no hay dos, que se nota muy frío, pero que a los delfines que acompañan con su nado veloz a los autos embelesados por el trayectos no parece afectarles demasiado, porque van camino al sur, donde el agua más rica en peces seguramente será todo lo nutritiva que necesiten. Todo va desembocando en una bahía de otro planeta, que por las dudas, tiene ballenas que aburridas en esa húmeda sala de espera, esperan su turno para aparearse, que toca de vez en cuando y quieren disfrutar, qué tanto.

Kaikoura duele a los ojos de linda. Hace mal. Todos nos preguntamos “¿cómo puede ser un lugar así?”.

No sabemos qué decir, pero es.

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