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Domingo 13 de Noviembre de 2011

La costumbre de crear problemas

Si bien es incesante la fuga de capitales y los ahorristas prefieren tener dólares debajo del colchón, las medidas restrictivas generaron mayor incertidumbre.

Carlos Hernández
Columnista de UNO


Es indiscutible que el Gobierno nacional tiene la potestad de administrar la liquidación de divisas por parte de exportadores y de aplicar los controles que considere necesarios para garantizar la transparencia en los intercambios de pesos por dólares.

La medida puede ser resistida desde determinados sesgos ideológicos o conveniencias de sector y, al mismo tiempo, defendida por su legitimidad en el marco de la política cambiaria de una gestión que se ufana de la presencia estatal en las decisiones económicas.

Todo es materia opinable, salvo que el Gobierno debe hacerse cargo de la disposición y los efectos de su aplicación. En un mundo sensibilizado por los vaivenes financieros, sería imperdonable que los decisores no tengan calculadas las consecuencias de un cambio repentino en la modalidad de transacción.

Pese a que el Banco Central ostenta un caudal de 47 mil millones de dólares y que desde hace casi una década tiene la capacidad de fijar el precio que considere más conveniente para el tipo de cambio, no faltan voces que justifican las nuevas disposiciones en el combate a quienes alientan un desbarajuste en la cotización.

En realidad, el valor de la divisa norteamericana viene siendo un tema de reclamo de vastos sectores que sienten que ya no son competitivos con sus productos transables.

Los ahorristas que no confían en el peso y no tienen rentabilidad en el sistema bancario también vienen apostando al dólar como un mal menor, quizás como un reflejo condicionado por viejas épocas. Por si fuera poco, la salida constante de divisas venía acentuando el desequilibrio del mercado de dólares en el marco de un “anarcocapitalismo”, tal como caracterizó la presidenta Cristina Fernández a la falta de regulación de los flujos financieros especulativos cuando sentó posición ante el G20.

Según un informe del IERAL, no hay un problema de oferta de dólares, sino exceso de demanda por el cambio de tendencia en las expectativas de los agentes económicos que se viene observando desde julio y que paradójicamente se acentuó tras el triunfo abrumador de Cristina.

El estudio apunta que por exportaciones agropecuarias entraron 22.200 millones de dólares, pero la demanda de billetes verdes es muy elevada, lo que se manifiesta en la fuga de capitales, que alcanzó los 3.800 millones de dólares en octubre. Estos datos dan cuenta de la necesidad de incrementar la liquidación de dólares y limitar la demanda de parte de empresas y particulares.

Con los días se va normalizando la aplicación del nuevo régimen de fiscalización de los fondos para la compraventa de moneda extranjera y el dólar oficial sigue relativamente tranquilo, pero la suba del dólar paralelo expresa los inconvenientes en el mercado.

Las comunicaciones de la ministra de Industria, Débora Giorgi, a las automotrices para que reinviertan sus utilidades, en lugar de girarlas al exterior, son otra muestra de la inquietud.

En el balance que esgrime el titular de la AFIP, Ricardo Echegaray, desde el 31 de octubre, menos del 1,5 por ciento de las operaciones han sido rechazadas y muchos de los que hicieron presentaciones por haber arrojado “inconsistencias” también fueron habilitados a comprar divisas, aunque por montos menores. Desde el Gobierno se insiste en que lo que se busca es indagar sobre el origen de los fondos, lo que debería tomarse como una disposición más si no fuera porque estamos demasiado curados de espanto en un país donde lo normal son los cambios en las reglas de juego.

Trabajar sobre las correcciones necesarias en el modelo económico es el único camino para devolver la confianza, lo que va más allá de mecanismos cambiarios.

Los próximos pasos de la Presidenta y el perfil del equipo que conformará la nueva gestión nos darán las señales respecto de los nuevos rumbos, atento a que la “guitarra” de Amado Boudou viene desafinando.
 

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