San Rafael
Domingo 27 de Noviembre de 2011

La Delicia, una muy rica historia

Una de las heladerías artesanales símbolo de San Rafael y su historia familiar de inmigrantes, esfuerzo y pujanza que llega hasta nuestros días, con los descendientes al frente de la firma 

El pequeño pueblo de Ancona, en Italia, fue uno de los mayores proveedores de inmigrantes de aquel país a la Argentina. Antes y después del siglo pasado, miles de ellos se embarcaron en busca de nuevos horizontes y encontraron en Latinoamérica el futuro que hoy gozan sus descendientes.

El camino Italia-Argentina o Ancona-San Rafael se advierte en los legajos históricos y apergaminados papeles que guardan como tesoro familiar quienes heredaron el fruto de tantos sacrificios y horas de lucha, prueba irrefutable de cómo se hizo y creció San Rafael.

Existen también postales inolvidables que registran la llegada de centenares de familias, cargadas con sus valijas llenas de ilusiones, a la antigua estación de trenes de la pequeña colonia agrícola.

Entre esos inmigrantes ilusionados y con ganas de trabajar venían Iginio Rafaelli y su esposa, Gisella Muzzi, a encontrarse con sus connacionales de Ancona. Por esos años el centro de la colonia se reducía a un chato caserío disperso sobre calles de tierra y se habían instalado numerosos comercios sobre la avenida Mitre hasta Moreno y hasta la calle Las Heras, por el este.

Iginio Rafaelli se inicia en distintas actividades, como muchos, lavando la tierra, pero pasado un tiempo y advirtiendo algunas necesidades del momento su poder de observación e ingenio lo llevaron a construir una máquina fabricadora de hielo, ya que cada vivienda tenía una conservadora. Siendo este producto vital para la conservación de los alimentos en esa época, el negocio marchaba sobre ruedas. Iginio y Gisella prosperaban, pero la aparición en el mercado de las heladeras a motor hicieron que Iginio torciera el timón de su negocio que ya no era rentable y se dedicara a fabricar helados artesanales, instalándose con la venta frente al tradicional arco de la terminal de ómnibus y desde donde partían los carros de los vendedores ambulantes hacia los diferentes ángulos de la ciudad ofreciendo la novedad del momento. El negocio prosperó día a día, por lo que hubo tiempo para el deporte; Iginio, amante de los “fierros”, es uno de los tantos animadores de carreras automovilísticas que se organizaban en un circuito de Cuadro Nacional y en el que participaba lo más granado de aquellos años.

La vida sigue su curso y heladería La Delicia crece y se afianza día a día, por la calidad de sus helados y la cordialidad de doña Gisella detrás del mostrador para no dejar detalle al azar.

Pasan los años y Ana, su hija, contrae matrimonio con José Luis Sánchez y les dan a Iginio y Gisella 4 nietos: Claudio, José Luis, Gisella y Ana Laura. Ellos son quienes hoy tienen la responsabilidad de conducir una empresa que tiene calificación comercial, es así que centenares de familias llegan a los 3 locales que la familia tiene, lo que se logra con esfuerzo y responsabilidad, tal cual lo hicieron los abuelos italianos.

La familia Rafaelli forma parte del San Rafael esforzado. Hoy sus herederos llevan en la sangre el fervor del viejo italiano. 

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