Mundo
Viernes 05 de Febrero de 2016

La difícil vida de José, un bebé cuya madre fue contagiada de zika

Un fotógrafo de la Associated Press relata sus impresiones tras haber retratado por varios días a una familia que padece el mal. La imparable propagación del virus.

Conocí a Solange Ferreira en diciembre pasado. Estaba en un hospital, esperando a que los médicos le dijesen si su bebé padecía una enfermedad de la que hablaba todo el mundo en su pueblo, la microcefalia, que hace que los niños nazcan con la cabeza más pequeña de lo normal, otros trastornos y una corta expectativa de vida.

Yo no tenía ninguna duda de que Josesito, nacido en septiembre, se había contagiado de ese mal que muchos expertos asocian con el virus del zika. Su cabeza era demasiado pequeña y su cráneo era casi plano.

"Todos dicen que tiene una cabeza pequeña. No sé qué significa eso", me dijo Ferreira, una empleada doméstica de 38 años, mientras esperaba en un hospital de Caruaru, ciudad del nordeste brasileño próxima a Recife, el epicentro del brote de zika.

Igual que tantas otras madres que entrevisté y fotografié, Ferreira me preguntó qué pensaba. No le dije nada. No quería ser el que acababa con sus esperanzas de que José estuviese bien.

Cuando salió del consultorio del médico me dio la noticia. Había venido sola al hospital con José y era evidente que necesitaba descargarse con alguien. No lloró, pero su tristeza era palpable y parecía en estado de shock. Le pedí su número de teléfono y aceptó que les tomase fotos a ella y a José al día siguiente.

En su pequeña casa de Poco Fundo, a unas tres horas en auto de Recife, la vi sufriendo con el bebé. José gritaba sin parar, la cara se le ponía roja y su cuerpo se tensaba. Darle de comer era una batalla, algo que yo ya había notado observando a pequeños con problemas neurológicos.

Cuando los gritos cobraban tal intensidad que nadie en la casa podía soportarlos, Ferreira colocaba al bebé en un balde. Una enfermera en el hospital le había recomendado esa técnica. Y, efectivamente, el niño pareció calmarse.

"Tuvimos suerte de que nos dijeron lo del balde", dijo Ferreira.

Editar las fotos esa noche no fue fácil. Muchas de las imágenes mostraban a José sufriendo, pero yo no quería transmitir solo esa imagen del bebé.

Las fotos de José en el balde me impactaron mucho y también a nuestros lectores de todo el mundo. Por eso esta semana decidí visitar a la familia.

Ferreira se había mudado a un sitio que queda a pocas horas, en un pueblo llamado Bonito, mientras que su esposo se quedó en Poco Fundo. Ella dijo que quería estar más cerca de Recife para que José pudiese recibir atención, y marcharse, además, de una zona llena de mosquitos, portadores del virus del zika. "Si no hubiésemos estado allí, esto no habría sucedido", dijo Ferreira.

En realidad, no hay mucha diferencia entre Bonito y Poco Fundo en relación con los mosquitos y los virus que transmiten: fuera del zika, el dengue y la chikungunya.

José se veía peor todavía. No solo gritaba de manera descontrolada, sino que uno de sus ojos estaba agitado. Ferreira me dijo que en otra visita el médico le había dicho que el niño probablemente se quedaría ciego y paralítico. Había perdido peso y rondaba los cinco kilos, dos menos que antes, lo que es una baja alarmante en un bebé que debería estar creciendo. Dependiendo de la gravedad de la enfermedad, algunos niños mueren antes de llegar a la adultez.

Ferreira lloró al contarme que José tal vez nunca podría correr y jugar como sus dos hermanos mayores. Me di cuenta de la magnitud de lo que le estaba sucediendo a esa mujer. No era un problema temporal, un reto que se supera. José necesitará muchos cuidados el resto de su vida.

Cuando me estaba por ir llegó una vecina con un pequeño de la edad de José.

Ferreira miró al niño y sonrió.

"He llegado a pensar que lo que pasa es que los otros chicos tienen cabezas grandes", me dijo, en tono juguetón y triste al mismo tiempo. "José es lo que es normal para mí".

La OMS aconseja rechazar donaciones de sangre de viajeros a zonas afectadas

La Organización Mundial de la Salud (OMS) consideró ayer "apropiado" rechazar las donaciones de sangre de viajeros provenientes de países donde hay zika, para impedir la propagación del virus.

"Ante el riesgo de incidencia de nuevas infecciones del virus del zika en muchos países, y el potencial vínculo de la infección con microcefalia y otras consecuencias clínicas, se considera una medida apropiada rechazar donantes que vuelvan de áreas donde hubo casos de zika" indicó la OMS a la AFP. Canadá y Gran Bretaña ya tomaron esa iniciativa. En el primer caso, las autoridades anunciaron una moratoria de 21 días para los viajeros que regresen de las zonas con presencia de zika. Las autoridades británicas por su parte extendieron ese plazo a 28 días, para los donantes de sangre y órganos.

También ayer, Brasil confirmó que el virus se contagia además por la sangre. El departamento de salud de Campinas, una ciudad industrial cerca de San Pablo, dijo que un paciente en un hospital que estaba siendo tratado por heridas de bala se infectó con zika tras múltiples transfusiones de sangre en abril de 2015.

Se han reportado casos de zika en 30 países desde que el virus apareció por primera vez el año pasado en Brasil, donde se lo ha vinculado a miles de bebés con microcefalia.

El contagio saltó el Atlántico: ayer se dio a conocer que una mujer que vive en España y había viajado a Colombia está infectada con el virus. Es el primer caso "importado" que se conoce en Europa.

"Es una mujer gestante, de 41 años, que presentó síntomas tras haber viajado a Colombia. Se encuentra en el segundo tercio del embarazo, está bajo supervisión médica", informó el ministerio de Sanidad español.

En Argentina se han detectado dos casos, una joven colombiana que contrajo el mal en su país, y un turista argentino que viajó a la isla Margarita.

Recomendaciones para eliminar la propagación del mosquito transmisor 

El senador provincial por el Departamento Rosario, Miguel Angel Cappiello, de larga trayectoria en la salud pública municipal, recordó una serie de medidas preventivas para evitar la propagación de enfermedades cuyo vector de contagio es el mosquito Aedes aegypti, tales como el dengue, el zika y chikunguya. Santa Fe es la única provincia que cuenta con un laboratorio público, el Centro de Especialidades Médicas Ambulatorias de Rosario (Cemar), cuyo laboratorio genera diagnósticos en cuestión de horas acelerando el acceso al tratamiento que facilita la pronta recuperación del paciente.
  Cappiello señaló que deben eliminarse el agua estancada en los domicilios o alrededor de ellos porque el mosquito usa lugares húmedos para depositar sus larvas.
  También recomendó el uso asiduo de repelentes para evitar picaduras.

 

Felie Dana / Associated Press

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