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Domingo 08 de Noviembre de 2015

La increíble historia en la que se inspiró "Moby Dick"

Corría el año 1819, cuando el barco ballenero Essex emprendió un viaje en altamar de dos años y medio, con el objetivo de cazar cetáceos. Sin embargo, su travesía duraría menos de lo pensado, por una serie de eventos a los que tuvo que enfrentarse la tripulación, entre los que se destaca el ataque de una ballena cachalote, el más grande predador dentado en existencia.
A tan solo dos días de haber zarpado del puerto de Nantucket, una turbonada, es decir un aumento estrepitoso del viento en poco tiempo, rompió parte de las velas del barco y casi lo hunde, pero su capitán George Pollard decidió continuar, llegando hasta Cabo de Hornos, en una travesía de cinco semanas. De todas formas, se quedarían allí por poco tiempo pues no encontraban presas.
Para reabastecer a la tripulación de más de veinte personas, el Essex se dirigió a la Isla Floreana, en las Galápagos, donde uno de sus hombres quiso hacer una broma e incendió parte de la ínsula, obligando a la tripulación a huir para no ser alcanzados por las llamas, e influyendo, según se cree, en la extinción de especies autóctonas de animales de la isla.
Un día de noviembre de 1820, varios integrantes de la tripulación se habían ido de caza en los botes menores, mientras el primer oficial, Owen Chase, realizaba reparaciones en el Essex. En ese momento él notó que un enorme cachalote los observaba desde lejos, pero lo ignoró. El cetáceo se acercó a toda velocidad a la embarcación, y la atacó, provocándole un daño irreparable, que produciría su hundimiento.
Los dos botes que estaban de cacería volvieron a donde se encontraba el Essex para saber qué ocurría, y al enterarse, tomar algunas provisiones y elementos de navegación. Antes de que se hundiera, prepararon un tercer bote, así que los veinte hombres se dividieron en las tres pequeñas embarcaciones buscando tierra. La más cercana eran las Islas Marquesas y las de la Sociedad, pero la tripulación convenció a Pollard de que allí habitaban caníbales, así que si querían sobrevivir, debían dirigirse al sur.
Así, llegaron a las Islas Henderson, que carecían de recursos suficientes como para mantenerlos, así que continuaron consumiendo lo que habían rescatado del Essex. En pos de su supervivencia, se embarcaron nuevamente en el mar, aunque tres hombres resolvieron quedarse en la isla, una decisión acertada, ya que sobrevivirían comiendo huevos de pájaro y mariscos, hasta que los rescatara un barco australiano.
El resto de la tripulación siguió navegando, aunque se separaron. La falta de provisiones y de sueño, entre otros problemas, empezó a dificultar la supervivencia: con el correr de los días los hombres eran víctimas de la locura. La situación era insostenible, algunos acabaron muriendo, lo que produjo que los sobrevivientes fueran recurriendo al canibalismo. El caso más dramático lo protagonizó el capitán, que debió comerse a su primo, Owen Coffin, luego de que en su bote decidieran sortear quién se sacrificaría para que el resto sobreviva. A pesar de que Pollard quisiera ofrecerse para ocupar el lugar de su primo, Coffin no lo permitió y aceptó lo que le derivó el azar.
El bote de Chase fue el primero en ser rescatado, luego de que sus tres hombres persiguieran un barco inglés. Casi una semana después, en el de Pollard, solo él y otro integrante quedaron vivos, hasta ser salvados por otra embarcación. Los hombres que navegaban en el tercer bote fueron encontrados muertos en la Isla Ducie. Chase decidió escribir un texto relatando su experiencia, que fue tomado como inspiración por Herman Melville paraMoby Dick. A su vez, la historia será llevada este año a los cines, con En el corazón del Mar, con Cris Hemsworth en el papel de Chase.
El autor del clásico literario se entrevistó con el hijo del primer oficial del Essex, quien le prestó el texto para que lo leyera. En cuanto al nombre que eligió para el cetáceo, se dice que se inspiró en Mocha Dick, un cachalote que habían encontrado cerca de Chile, y que los cazadores habían llamado así por una práctica muy común en la que los balleneros le ponían nombre a sus presas.
 

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