Deportes
Lunes 26 de Diciembre de 2011

La infeliz Navidad de River

 Millonarios no podrán olvidar el peor año de su historia. No hay regalo que sea capaz de borrar la inmensa tristeza que provocó el descenso al Nacional B.

Martín Perazzo

Ni el mayor regalo en el arbolito pudo hacer olvidar el peor año de la historia de River. La carta de cualquier hincha genuino con deseo de justicia seguro pidió condenar a los que condujeron al club a la B, prudencia y rigurosidad para alinear a los actuales dirigentes, y un equipo digno para revivir. Las fiestas suelen traer nostalgia, memoria y balance, palabras por demás crueles en el presente diario del Monumental.

Los rostros incrédulos de los hinchas riverplatenses deambulan sonámbulos, pero tras tocar fondo sólo les queda emerger turbados por el dolor de lo desconocido. Canchas nuevas, rivales de estreno, la costumbre de jugar los sábados, y por ahora ver al equipo segundo detrás de Instituto y en ascenso directo. Mientras tanto Almeyda, Passarella y parte de la comisión pide a gritos no jugar el clásico de verano para evitar ahondar la pena.

El tiempo vuela, para bien y para mal, pero parece ayer cuando River en Primera incorporaba a ilustres desconocidos como Bordagaray y le decía que no a Camoranesi en el arranque del año. El Negro López, autodefinido soldado de Passarella, vendió el discurso de la austeridad y en abril puso a River como único líder, tras la victoria 1 a 0 ante Banfild con gol de Pavone, en el final de una primavera sin flores.

Luego llegaría la etapa del Carrizo inconsistente, la pelea con Fillol, y diez partidos donde el equipo de JJ ganó sólo uno, empató cinco y perdió cuatro. La promoción fue inevitable, por el nivel propio, el de los demás equipos y por algunos arbitrajes que perjudicaron más de lo acostumbrado a un grande.

El descenso y el desenlace son tan conocidos como indigeribles para la patria millonaria. En el día después, Pasarella siguió con sus precarias formas presidencialistas, y el perverso sistema del fútbol argentino fue capaz de premiar a José María Aguilar, principal administrador de la debacle millonaria, con un puesto en FIFA como integrante de la Comisión Organizadora del Mundial de Clubes.

Encima la mano derecha de Israel rompió el silencio tras 2 años y amenazo con “Decir muchas cosas” en el lobby de un lujoso hotel en lejanas tierras niponas. Con ejemplos tan profundos, por más que Trezeguet haya estado en el arbolito, no hay regalo navideño ni promesa de ascenso que pueda paliar la enfermedad del pasado culpable y la del presente culposo. River ha superado su peor navidad.
 

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