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Domingo 04 de Septiembre de 2011

La Justicia no se pone colorada

Paula Toledo seguirá sin descansar en paz. Su crimen, por segunda vez, ha quedado sin castigo. Y el fuero penal acaba de sumar un nuevo desprestigio.

Manuel de Paz
mdepaz@diariouno.net.ar

La Justicia penal mendocina sigue sin ponerse colorada a pesar de la inoperancia que demuestra en muchas de sus actuaciones.

Y, lo que es peor, nadie recibe en ese fuero sanción alguna por hacer las cosas mal.

Aída Kemelmajer de Carlucci, ex ministra de la Suprema Corte de Justicia de Mendoza, solía decir dos cosas irrefutables:
1 -Una de las deudas de la Justicia mendocina está en el fuero penal.

2- El gran problema de los argentinos es que no nos importa la corrupción.

Anulen, che
Como este segundo tema es demasiado grueso (y endémico), volvamos al otro para decir, por ejemplo, que cada vez es más habitual que la Suprema Corte tenga que anular juicios penales por no haberse impartido justicia o por haberse cometido errores groseros.

Pareciese que ahora la onda es que los fiscales (que están para investigar y acusar) salgan a admitir, cuando el juicio ya está terminando, que no tienen elementos para acusar a nadie.

Volvió a ocurrir el viernes, cuando quedó otra vez impune, en un segundo juicio, el crimen de la muchacha sanrafaelina Paula Toledo.

Es para volver loco a cualquiera. A los familiares de las víctimas, en primer término, e, incluso, hasta a los propios acusados. Y para socavar la institución judicial.

Pero también es para indignar a los millones de contribuyentes argentinos que sostienen un sistema judicial tan poco profesional a la hora de mostrar resultados.

Ése, el gil
El ciudadano que paga impuestos supone, con “ingenuidad republicana”, que un fiscal debería llegar a la instancia del juicio con todos los elementos para probar una acusación.

Las preguntas que uno escucha con frecuencia y que, tal vez, harían sonreír socarronamente a algunos letrados usías son del tipo: ¿Si un fiscal no tiene esos elementos y no va a poder acusar, que es su función, por qué muchos de estos magistrados admiten que el Estado gaste recursos al cuete en un juicio si de antemano sabe que lo suyo va al fracaso?
Es como si un médico del Estado aceptase hacer una cirugía y cuando estuviese a punto de cerrar la herida se declarara sin elementos ni preparación para llevar a cabo el fin de la operación.

Ni se le ocurra
El ciudadano común, que no es experto en leyes ni en chicanas leguleyas, está en todo su derecho de reclamar un uso racional de los dineros públicos.

Y, con ese criterio, podría, por ejemplo, sugerir que los fiscales que no acusen, es decir, que no hagan su trabajo de reunir pruebas para inculpar, deberían tener algún llamado de atención. O de multa. O de algo. O volverse para su casa.

Temor atávico
La ley dice que los magistrados permanecerán en sus cargos mientras dure “su buena conducta”.

Y los ciudadanos, esos legos, tienen todo el derecho de inquirir “pavadas” tales como: ¿Es una buena conducta no hacer su trabajo?
Ocurre que el Poder Judicial ha sido tradicionalmente, y lo sigue siendo, el poder menos auditado de los tres que forman el Estado.

Sigue habiendo como un temor atávico a meterse con los jueces.

Esta boca no es mía
!Que les jodan la vida a los funcionarios del Ejecutivo o a los legisladores! Nosotros hablamos nada más que por nuestras resoluciones, parecen sugerir muchos magistrados.

Y uno tiene hasta la presunción de que no funcionan como debieran los entes de control internos de la Justicia. De que hay allí mucho amiguismo y mucha corporación entretejida.

Flota en los tribunales cierta sensación de que los jueces están en un pedestal, que en la mayoría de los casos no se han ganado, y, lo que es más grave, que no está fijado en ninguna ingeniería filosófica o conceptual de las que sostienen el edificio del Estado.

Los camiones de Alicia
Punto y aparte. El otro tema que abrió un muy interesante debate en Mendoza es el de los camiones con electrodomésticos y otros elementos que envió el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación esta semana para repartir aquí, y que desató una miniguerra política.

De resultas de la polémica la ciudadanía se ha enterado que estos camiones vienen desde hace tiempo a cumplir una “política sistemática de ayuda”, cuyo objetivo, según la delegada de Alicia Kirchner en Mendoza, Marcela Ilacqua, es el de “pasar desapercibida”.

Visión privada
De acuerdo con la explicación de la representante de Alicia, ellos tienen un equipo de 70 personas en la provincia que se encargan de detectar necesidades sociales. Puede ser desde el caso de un desocupado que pide un horno pizzero para volver al trabajo hasta un jardín maternal al que le falten mesas o una heladera.

“Para mí es muy desagradable que haya trascendido, porque no les damos publicidad a estas cosas”, explicó Marcela Ilacqua, como si se estuviese refiriendo a una empresa privada.

El perfil
Y aquí viene el primer problema, porque todo lo que el Estado hace con plata de los contribuyentes se tiene que informar. Nos guste o no.

Pese a que, como dicen sus empleados locales, Alicia Kirchner quiere tener un perfil bajo, y por más que, como aquí se aseguró, cada una de estas entregas queda documentada, las cuentas de un Estado no se manejan entre gallos y medianoche. Ni jugando a las escondidas con camiones cargados de artículos para repartir.

Se decidió así
Los “Alicistas” dicen estar en contra del clientelismo político y de los punteros que adquieren poder entregando planes sociales y colchones.

“Es una decisión política que no sean publicitadas estas entregas de distintos artículos que se hacen en Mendoza” fue otra de las explicaciones de Ilacqua.

Es bueno tener decisión política pero esta nunca puede estar por encima de las leyes.

Y las leyes republicanas son muy sabias y contundentes al ordenar la difusión de los actos de gobierno.

El apellido
Es evidente que Alicia Kirchner es una de las mejores alumnas de su hermano Nestor. La mercadería que manda la Nación se entrega sin la intermediación de la provincia ni de los municipicios ni de entidades civiles, por lo cual el único apellido que queda rondando entre los beneficiados es uno sólo. Y empieza con K.

 

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