En debate esp
Domingo 11 de Diciembre de 2011

La mano que apenas se ve, es la del Vicepresidente que se va

La TV es casi la única forma que el ciudadano tiene para seguir los actos de la política.

Por Nacho Rodríguez

Nada queda librado al azar en las transmisiones televisivas que tienen como protagonista al poder. Las cámaras se ubican estratégicamente y se guiona cada uno de los pasajes de lo que los ciudadanos veremos apacibles y cómodos desde nuestro living a través de la cadena nacional.

Pocos gobiernos como éste interpretaron de manera tan acabada este fenómeno que sintetiza gran parte de la relación que los ciudadanos construimos con nuestros representantes. El día de la reasunción de Cristina Fernández al frente del ejecutivo nacional estuvo plagado de imágenes casuales pero cuidadosamente pensadas de antemano.

Todo comenzó cerca de las 11 cuando la Presidenta acompañada por sus hijos arribó al helipuerto de Casa Rosada y se trasladó hacia el Congreso de la Nación donde la aguardaba el anfitrión saliente, Julio Cobos; el entrante, Amado Boudou y las flamantes autoridades máximas de ambos cuerpos legislativos: Beatriz Rojkés, presidenta provisional del Senado y Julián Domínguez, presidente de Diputados, ambos ‘del palo’ de la Presidenta.

Para todos hubo saludos afectuosos con besos y abrazos incluidos. Mientras la Presidenta saludaba, podía verse en imágenes a ambos protagonistas de los saludos. Sólo para uno de los ‘saludados’ hubo una tendida de mano gélida y un ninguneo televisivo para nada casual. Los responsables de las cámaras tenían expresas indicaciones segundo a segundo respecto de qué y a quiénes tenían que ‘ponchar’ (en la jerga televisiva enfocar, mostrar).

Hubo rigor en el preguionado y Julio Cobos debía salir sin salir. Se lo debía mostrar casi nada al momento de ser saludado por la Presidenta. Efectivamente, lo que la televisión mostró fue una mano del saludado y el perfil completo de Cristina Fernández.

La mano le pertenece al Vicepresidente de la Nación que estaba a punto de dejar ese cargo y que minutos después saldría en silencio y sólo acompañado por su mujer, de nombre también –vaya ironía- Cristina, por una de las entradas que el Congreso tiene desde su construcción en 1897 pero que es muy pocas veces usada, la que está sobre calle Combate de los Pozos. Primera calle hacia el oeste porteño paralela a Entre Ríos (continuación de Callao), avenida sobre la cual esperaban exultantes a Cristina sus fieles seguidores. Cobos no escuchó siquiera el discurso de la mujer a la que hacía tan sólo cuatro años había acompañado en una fórmula presidencial.

Para él, todo fue hielo en ese acto. Igual se lo bancó estoico. Difícilmente vuelva a presidir el Congreso. Difícilmente la historia oficial sea generosa con él algún día como lo soñó. Su comportamiento es materia de debate político aún hoy y la mayoría de las voces indican que su ‘voto no positivo’ fue un error. Y el hecho de mantenerse incómodo en el poder luego, más todavía. Muchos dicen que el mayor temor de Cobos era quedar como ‘otro radical que incumplía su mandato’. Poco para alguien que ambiciona mucho.

Twitter: @NachoRodriguez
 

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