San Rafael
Miércoles 15 de Abril de 2015

La mujer que empezó con un horno de barro y fundó el Palacio de las Empanadas

Inés Fernández (69) es la principal responsable de una historia que comenzó a mediados de 1986 y se transformó en uno de los íconos gastronómicos de San Rafael.

Inés Fernández (69) es la principal responsable de una historia que comenzó a mediados de 1986 y se transformó en uno de los íconos gastronómicos de San Rafael.
Madre de cinco hijos, casada con un finquero, Inés empezó el negocio ayudando a su hija mayor a juntar plata para terminar el colegio en Villa Atuel.
Un horno de barro en la casa de sus suegros fue la herramienta elegida para cocinar las primeras docenas de empanadas que la señora Panelli, vecina de la zona, compró para probar.
El boca a boca de la receta magistral de Inés comenzó a atraer a los clientes, que en pocos meses se multiplicaron demostrando que lo que empezó por casualidad se había convertido en un verdadero negocio para mejorar el sustento de la familia.
“Fueron años de mucho trabajo manual, hasta los novios de mis hijas ayudaban a hacer el repulgue”, dijo Inés, que desde hace 9 años se jubiló y le pasó la posta a su hijo Paulo Guillén.
Dos años pasaron hasta que una vecina denunció en Bromatología que en esa casa se elaboraban empanadas para la venta. Fue allí que Inés mostró a los inspectores que la elaboración se realizaba fuera de la cocina, en un lugar limpio dentro de un galponcito que su suegro había construido.
La visita del inspector no asustó a Inés, que redobló los esfuerzos y blanqueó su situación. Un año más tarde todo se materializó con la apertura del local ubicado en Coronel Suárez 775, donde actualmente funciona.
“Es que me di cuenta que el negocio redituaba buena plata y en una conversación con una de las empleadas que me ayudaba propuse ponerle el Palacio de las Empanadas”, recordó.
No sólo se dedicó a elaborar caseramente este producto típico de la Argentina, también empezó a ofrecer otras comidas como arrollados de pollo, chanchos asados, carnes y otras minutas.
“Antes de empezar con el negocio había días que casi no dormía preparando encargos, como el de una escuela que me pidió 300 docenas de  empanadas”, narró. Agregó que “la masa la hacíamos en una Pastalinda, la cebolla la cortábamos a mano, la carne la comprábamos molida hasta que adquirimos una máquina propia, en resumen todo era a pulmón”.
El secreto del éxito, según Paulo, fue “el carisma de mi madre que sin salir a vender todo el mundo le compraba; gracias a que Dios la iluminó  y a su esfuerzo, hoy podemos ofrecer productos de primera calidad”, concluyó.

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