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Domingo 15 de Febrero de 2015

La Reina amable, dulce, divertida y querida que ya se hace extrañar

Un accidente vial terminó con su vida el miércoles. Toda Mendoza se conmovió y mucho más San Carlos el departamento al que representó en 2005 cuando fue coronada soberana nacional

“Hoy el diario me hablaba de ti…, y de mí. Páginas y páginas con tu nombre, millones de fotos, una más bella que la otra. Porque en todas tus fotos eras hermosa. Puedo cansarme buscando y no habrá ninguna donde esos ojos salgan apagados. No es el color turquesa de tu mirada, sino aquella luz”. (*)

La mujer de los ojos turquesa era muy joven: Tenía apenas 29 años. El sábado pasado había estado en la casa de Gisela Campos, su amiga. Habían hablado mucho y le contó, emocionada, que tenía dos meses de embarazo. Su vida estaba cambiando otra vez. Quizás ahora ese cambio fuera más intenso todavía que aquel del fin del verano de 2005. Más intenso incluso que el de noviembre de 2013. No hay nada que cambie la vida tanto como un hijo. Sólo la muerte.

“En todos lados se te recuerda como la reina más hermosa, solidaria y divertida. Pero yo tengo tantos recuerdos tuyos! Sería egoísta atesorarlos solo mi corazón. Prometo honrar tu memoria llevándote a cada lugar, conmigo”. Nerea Donnantuoni (27) le escribió a su hermana mayor.

Nuri trabajaba con su padre en una plantación de orégano. Algo en ella hacía que se sujetara a ese lugar de Pareditas. Algo había que hacía que sus energías se concentraran en la familia, en la unidad de todos, como había sido siempre.

Hubiera podido vivir en cualquier lado y hacer cualquier cosa, pero siempre confirmaba su elección de quedarse en donde nació, cerca de los suyos. “Yo le dije el sábado (en tono de reproche): vas y venís con ese auto a San Carlos, todo el tiempo. Ayer (el miércoles) había viajado para acompañar a su hermana (Nerea) a rendir. Estaban volviendo a San Carlos, cuando pasó esto”, dijo Gisela.

“Tan tímida con los de afuera... Será que guardabas tanto amor y locuras para los nuestros. Todos te recuerdan de reina, yo te recuerdo como una excelente hermana. La más compañera y predispuesta de las hijas, la más divertida con primos, tíos y sobrinos. Una maravillosa esposa, pendiente de su Gordi. Una gran amiga... Ya me había imaginado verte como una impresionante mamá”.

Gisela recuerda también la timidez de Nuri. “Cuando salió Reina, algunos pensaban que era una chica prepotente. ¡Pero no era así! Era tan introvertida, tímida. Nosotras le hacíamos bromas y le decíamos: ‘Eso pasa porque vos estás mucho entre medio de los oréganos, tenés que salir’. Nuri era amable, dulce…, distinta”.

Silvia Arenas, coordinadora de reinas de San Carlos, contó: “(en febrero de 2005) cuando estábamos en Mendoza, en plena campaña, ella veía poco a su familia, a sus afectos. Fue en ese momento cuando empezó a noviar con quien fue su esposo, Gonzalo Appiolaza. En un momento, necesitaba verlo e hicimos un plan para que pudieran encontrarse una hora, a escondidas. Después, cuando faltaba poco para el Acto Central, Nuri no tenía tiempo y me pedía a mí que le contestara los mensajes. Ese amor entre ellos perduró una década”.

“Hoy te lloro, hermana mía. No vas a tomar el primer mate conmigo, antes de irme a estudiar. No vas a entrar con esa sonrisa dulce diciendo: “Llegué, ¡hola chicos!”, para que todos nos quedáramos tranquilos, sabiendo que te podíamos disfrutar un día más. ¡Siempre hiciste tan feliz a los papis! Eras su luz, su orgullo”.

Nuri fue electa Reina Nacional de la Vendimia en 2005. La Virreina fue Gisela Campos, que ahora cuenta: “Apenas la vi, le dije a mi coordinadora que ella iba a ser la reina nacional”. No se equivocó.

Cierto es que las muchachas no entablaron una buena relación en esos días previos a la elección. Nuri era muy reservada y le costaba relacionarse con el resto de las candidatas, lo que hizo que algunas confundieran su timidez con soberbia. Pero eso cambió apenas la fiesta fue recuerdo y las dos jóvenes comenzaron a relacionarse. Hicieron una pareja perfecta, quizás la mejor que haya dado una Vendimia. Nuri ponía la cara y Gisela hablaba.

Nuri fue siempre familiera, apegada a ellos y a su San Carlos. Allí estaba su equilibrio, junto a su padre, Aldo Donnantuoni; a su mamá, Luisa Verón, y a sus hermanos Nerea y Lucas. Hace 10 años apareció en su vida Gonzalo Appiolaza, con quien tuvo un noviazgo de 8 años, hasta que se casaron en noviembre de 2013, en una ceremonia que se realizó en Vista Flores.

Había sido buena estudiante y había iniciado la carrera universitaria para ser escribana, pero llegar al título quedó pendiente. Siempre había algo más importante que captaba su atención. Además, vivir en San Carlos y cursar en Mendoza no es algo simple.

“Me encantaba escribirte, para lo que sea, siempre fuiste mi musa. Hoy, la verdad, me salen las palabras sueltas. Por momentos lloro; me enojo mucho, sonrió recordándote en alguna locura... ¡te extraño!, y no logro coordinar nada. Quizás con los días las ideas se aclaren.”

A pesar de haber viajado, de haber conocido distintos ambientes y personas, Nuri parece no haber tenido nunca la necesidad de cambiar paisajes ni de entorno. Su territorio y su gente fueron siempre los mismos. “Le pedíamos que se sumara a las campañas solidarias y ella nunca hizo problema, siempre estuvo dispuesta”, recordó Silvia Arenas, que terminó siendo para Nuri, además de su coordinadora en época de reina, una referente y un apoyo.

El jueves Nuri fue velada en la Iglesia San Carlos Borromeo, frente a la plaza departamental. Junto a ella, se colocó una imagen luciendo su corona. A las 17 un interminable cortejo la acompañó hasta el cementerio sancarlino. Todas las lágrimas.

“Los papis me dieron este regalo: tu mano. Para que no camine sola en este mundo, la primera que toqué cuando llegue a esta vida (…) con la que me cubriste antes del fatal golpe. Gracias por cuidarme hasta el último segundo. (…) Espero que, desde el cielo, veas que estamos haciendo las cosas bien, como a vos te gustaba. Vamos a cuidar de los viejos, como vos lo hacías. Te prometo hacerle ese budín de limón a papá y ayudar a mamá a cocinar. ¡Quisiera decirte tanto, Nurita querida!, pero no puedo, quizás hasta que me haga la idea que no voy a poder contártelo, cuando abras la puerta”.

*) Carta de despedida de Nerea Donnantuoni a su hermana Nuri, publicada en su muro de Facebook.

Producción periodística:

Julián Vinacour

Texto:

Enrique Pfaab

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