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Lunes 05 de Septiembre de 2011

La sobreviviente a la nevada

Elsa, la viuda de Héctor Germán Oesterheld, creador de El Eternauta, pasó por la Feria del Libro de Mendoza. La vigencia de la célebre historieta y el presente del país pasaron por su análisis.

Por Miguel García Urbani

Los sobrevivientes no tiene edad, pero lo que se puede decir es que Elsa cuenta varios años, casi todos ellos en la ausencia de su marido, sus nietos apropiados, sus yernos y sus cuatro hijas: Estela, Diana, Beatriz y Marina. La nevada mortal que describe Héctor Germán Oesterheld (HGo) en El Eternauta fue premonitoria y cayó sobre la familia Oesterheld.

Los únicos sobrevivientes fueron Elsa y dos de sus nietos, Fernando y Martín. Elsa busca junto a Abuelas de Plaza de Mayo con minuciosa paciencia desde mediados de los 70’ a sus otros dos nietos que estaban el vientre de dos de sus hijas cuando fueron secuestradas durante la dictadura. 

 

 

Esta mujer increíble, que llegó a Mendoza para abrir la muestra sobre la obra de HGO en el Espacio Contemporáneo de Arte (ECA), lleva consigo la extraña condición de ser madre, abuela y esposa de desaparecidos. Nadie puede imaginar cómo es posible sobrevivir a tanto dolor, sin embargo Elsa atravesó las viñetas del infierno y aún está con nosotros, vital y memoriosa, para dar testimonio. 

Tuvo un contacto exclusivo con Diario UNO, habló con firmeza, reclamando aún una justicia que se ha demorado 35 años, pero está llegando. “Busco a mis nietos desesperadamente, los vamos a encontrar ¿pero quién en manos de quién?”, cuenta Elsa y después suelta unas palabras que la que tienen todo el trágico peso de la historia argentina reciente: “a mi me desaparecieron a las cuatro chicas”, luego suelta un poco el tono para recordar que sus niñas “eran hermosísimas, además de muy buenas artistas, las cuatro, escribían y pintaban de maravilla”. 

El valor de Elsa Sánchez de Oesterheld fue reconocido en la feria del libro de Frankfurt, ante los editores más importantes del mundo por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. “Fue sorpresivo, no la esperábamos, sin embargo se presentó y cuando empezó a hablar de mí, de mi familia y de Héctor (Oesterheld) me temblaban las piernas”. Ese fue el momento del definitivo reconocimiento para quién ha mantenido viva la memoria de HGO (Héctor Germán Oesterheld) hasta que su personaje más famoso, Juan Salvo, El Eternauta, se ha convertido en el símbolo de la mayor parte de la juventud militante de estos tiempos en nuestro país. 

“Cuando veo toda esta alegría en los militantes, en tanta juventud, me estremece, pero también siento una pena terrible porque las mías (sus cuatro hijas) ya no están y no pueden participar de este sueño”, nos dice Elsa, que tras un silencio del otro lado de la línea telefónica recuerda que los militares “odiaban a Héctor porque hablaba en sus guiones de la realidad argentina, eso no se lo perdonaron. Toda esa barbarie ya no tiene remedio”. 

Recuerda que conoció nuestra provincia junto a HGO “en un hermoso viaje en los primeros años de casados, fue muy lindo, por eso vuelvo con felicidad a Mendoza. Él y mis hijas de algún modo van conmigo a todas partes”. 

La actualidad del Eternauta

“La historieta, si se hace bien, puede ser el libro educativo del futuro”, solía decir Oesterheld. Su Eternauta es, no sólo una mirada llena de esperanzada y también desafiante detrás de la escafandra, sino uno modo de entender el clima opresivo que se llevó a la mejor juventud de nuestro país. Unos pequeños textos del Eternauta nos lo muestran claramente: 

“Quizá te hablo de todo esto para borrar con otro horror el horror que trato de olvidar. Mientras cuento vuelvo a vivir lo que cuento... Y si hablo de Hiroshima, si hablo de Pompeya, olvido el horror máximo que me tocó vivir.¿Qué fue Pompeya, qué fue Hiroshima al lado de Buenos Aires arrasado por la nevada?” 

“Una golondrina de agua me pasó por delante, con chirrido leve, y se alejó rozando el agua. Seguí nadando. El corazón me latió con renovado ímpetu. Y no era por el frío del agua. Era la golondrina lo que me reanimaba... La golondrina, las rojas flores del ceibo, significaban que todo vivía en aquel lugar, que estaba en una zona donde no había caído la nevada mortal. Un lugar donde no hacían falta los trajes espaciales, donde se podía mirar el cielo azul y hasta había olor a madreselvas en el aire...”.


 

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