Espectáculos
Sábado 19 de Noviembre de 2011

La Ventura de Manu Chao fue una maquinaria enérgica y solidaria que hizo vibrar a Mendoza

El artista actuó el viernes a la noche en club Andes Talleres ante 7 mil personas con su nueva formación. El show fue a beneficio del barrio La Gloria. Galería de imágenes (imperdible).

Gisela Emma Saccavino
gsaccavino@diariouno.net.ar

El imparable tren de La Ventura, conducido por el maquinista trotamundos Manu Chao, se detuvo este viernes por la noche en la estación Mendoza y, armado de un poder alquímico, inyectó en los corazones mendocinos una potente dosis de militantes ritmos festivos.

Bañadas por esa energizante maquinaria de esperanza, y por una generosa y refrescante lluvia natural, condimento vital, más de siete mil personas celebraron un ritual catártico que se extendió por más de dos horas en la cancha de fútbol de Andes Talleres.

Dos objetivos motivaron la visita del franco-español: la construcción de la biblioteca Pablito González, del barrio La Gloria, para la que destinará la totalidad de lo recaudado en el show de Mendoza; y el apoyo a la Asamblea Popular por el Agua en su batalla contra la minería contaminante.

Madjid Fahem en guitarra, Gambeat en bajo y efectos, Philippe Tedoul en batería y Manu Chao en guitarra y voz hicieron gala de su talento y profesionalismo.

“¡Qué pasa por la calle!”, gritó el pequeño gran nómade implacable, y se oyó Mr Bobby (una suerte de invocación a Bob Marley), la canción que abrió el fuego a un show en el que, como en los discos, las composiciones se sucedieron sobre una trama base de sonidos, efectos y voces, técnica que el cantante utiliza desde los gloriosos tiempos de Mano Negra.

Bienvenida a Tijuana, A cosa, El viento, Día luna, día pena; Se fuerza la máquina (que ofrendó “a todos los que algún día perdieron la esperanza”), Por el suelo, Tadibobeira, Clandestino y Vida tómbola (en la que dedica unos versos a su admirado Diego Maradona, al que le compusiera años atrás la archicoreada oda Santa Maradona) fueron algunos de los temas que sonaron engarzados y, como es su eterna costumbre, reversionados.

Fue un clásico collage a lo Manu Chao, cimentado sobre la base de ritmos que fluctúan del punk al ska, del reggae a la rumba, y del rock a la pachanga. Todos salpicados por ese manojo de consignas extraídas de sus propias composiciones que aluden a la putrefacción del sistema y que, a modo de mantras, se repiten en cada espectáculo desde sus inicios. Algunas de ellas: “Qué pasó qué pasó, la policía mató”, “Bomba política, bomba economía, bomba atómica” o “El hambre viene, el hombre se va, por la carretera”.

La consigna “no a la minería contaminante” se hizo escuchar, y fuerte: detrás del escenario, una enorme bandera rezaba: “Por el agua, por la vida, Latinoamérica sin megaminería”. Además, en el recital, Manu hizo un alto y les cedió la palabra a los integrantes de la Asamblea Popular por el Agua, quienes arengaron a la multitud a sostener la lucha.

Más tarde, el escenario se abrió también a los referentes del barrio La Gloria, Mariela Jofré, el músico conocido como Negro Ariel y el poeta popular Ricky, quienes destacaron la comprometida labor artística y social de Manu –desde ahora padrino de la biblioteca Pablito González, que tendrá su espacio propio en ese conglomerado de Godoy Cruz–.

Bajo un diluvio incesante, los enfervorizados espectadores siguieron bailando –y pogueando– al ritmo de King Kong Five, Politik kills, Machine gun, Iron Lyon Zion (cover de la canción de Bob Marley), Mala vida y Sidi H Bidi.

Una vez más, Manu conmovió los cimientos de Mendoza. Y la clave del éxito tal vez radique en esa combinación de ritmos festivos tramados con un filoso discurso insurgente, en el que millones de ciudadanos del mundo se ven reflejados.

Son tal vez esa letras las que han llevado a Manu Chao a convertirse en la banda sonora del llamado movimiento antiglobalización.
 

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