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Jueves 31 de Diciembre de 2015

Las fiestas, un duro desafío para adictos

Las fiestas de fin de año pueden ser especialmente duras para los drogadictos en su primer año de recuperación.

Las fiestas de fin de año pueden ser especialmente duras para los drogadictos en su primer año de recuperación.
La familia de Kylee Moriarty lo sabe bien. Cuando esta joven de Massachusetts, decidió superar su adicción en julio, esperaban que pudiera estar con ellos para Acción de Gracias o Navidad.
El viaje de Moriarty empezó en julio, cuando se convirtió en una de las primeras en beneficiarse de la nueva estrategia de la policía de Gloucester ante la epidemia de heroína: ayudar a los adictos a recibir tratamiento en lugar de encarcelarlos.
Para otoño, la joven de 27 años estaba en desintoxicación y superado un tratamiento contra el abuso de sustancias en una casa de acogida en Boston. Incluso recuperó el contacto con su madre tras años de distanciamiento.
Pero una recaída poco después de esa emocional reunión la llevó al hospital. Entonces siguió una nueva ronda de desintoxicación y de asesoría contra el abuso de sustancias.
"Se veía que intentaba hacerlo demasiado deprisa", dijo Joseph Titone, amigo de la familia y que llevó a Moriarty a la comisaría de Gloucester tras encontrarla golpeada, demacrada y sin hogar el pasado julio. "Debió ir poco a poco".
Cuatro días antes de Navidad, Moriarty se instaló en una casa de transición no lejos de su familia en el sur de New Hampshire.
Como nueva residente, está bajo estrictas normas que limitan su uso de teléfono e internet o las visitas. No se le permitió pasar las fiestas con su familia.
"Uno siempre espera que pueda venir a casa, pero es más importante que se centre en sí misma", dijo Titone, que llevó regalos cuando se acercó de visita en el día de Navidad. "Ahora tiene la actitud de que esta es su última Navidad, su última Acción de Gracias lejos de la familia".
Las fiestas pueden ser un desafío para los adictos en su primer año de recuperación porque aún están aprendiendo cómo equilibrar la alegría y el estrés que sin falta provocan las celebraciones, señalan asesores de tratamientos contra las drogas y el alcohol.
"Llegar a las fiestas al principio de la recuperación requiere preparación y apoyo", dijo Lori McCarthy directora nacional de participación clínica en Gosnold on Cape Cod, un centro de abuso de sustancias en Falmouth. "La adicción provoca sentamientos de inmensa vergüenza y culpa, y en esta época del año esos sentimientos pueden hacerse patentes".
Cada adicto en recuperación sigue un camino diferente en las fiestas, pero McCarthy dijo que su organización —que no está relacionada con el tratamiento de Moriarty— recomienda simplemente mantener el rumbo.
"No se salte ni un paso", dijo. "Mantenga la consistencia de cualquiera que sea su programa de recuperación".
Para la mayoría, eso significa mantener un contacto regular con terapeutas y asistir a reuniones de apoyo. Para algunos, también puede implicar que se limite la interacción familiar.
La familia y los amigos juegan un papel clave al asegurarse de que en las reuniones no se abordan conflictos por resolver, no hay alcohol presente y se eliminan otras posibles influencias negativas, dijo McCarthy.
Michaela Maynard, de 21 años y procedente de Falmouth, se está recuperando de la adicción a la heroína y dijo que había podido disfrutar de forma segura de Acción de Gracias y Navidad con su familia porque habló todos los días con su monitor de recuperación, que ayuda a los adictos a hacer progresos en varios objetivos cuando terminan su tratamiento, y su padrino, un adicto en recuperación que se centra en mantener la sobriedad.
"Pasé las últimas fiestas en tratamiento", comentó. "Así que este año todo era nuevo para mí. Fue como hacerlo todo por primera vez, porque estaba aprendiendo a hacerlo de forma limpia y sobria".
Mientras tanto, el programa pionero de Glucester ha puesto a unos 300 adictos en tratamiento desde que se lanzó en junio, según John Rosenthal, que cofundó una organización sin ánimo de lucro que recauda dinero para ayudar a otras ciudades y localidades a lanzar iniciativas similares.
Unos 40 departamentos de policía en 16 estados han adoptado algunas o todas las ideas de Gloucester para ayudar a otros 300 adictos o más a ponerse en tratamiento, dijo Rosenthal.
Más de 80 centros de tratamiento se han suscrito al programa y han dado "muy por encima" de 5 millones de dólares en apoyo, en su mayoría en forma de becas que cubren los costes de recuperación de los adictos, señaló.
En cuanto a Moriarty, que declinó hablar con Associated Press para centrarse en su recuperación, no está claro cuánto tiempo pasará en la casa de transición.
Titone señaló que tendrá que encontrar un empleo pronto. Moriarty también confía en recuperar el contacto con su hijo pequeño, que ahora está bajo custodia plena de su padre biológico tras vivir con la madre de Moriarty.
"Está mucho mejor", dijo Titone. "Ha reducido mucho el ritmo. Está centrada en el futuro. No la veo recayendo. Así de bien está".

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