San Rafael
Miércoles 29 de Julio de 2015

Las mujeres del barrio El Molino que le dan merienda a 75 niños

Hace dos semanas empezaron a dar la merienda a chicos del barrio en la humilde vivienda de una de ellas. Pusieron dinero propio para comenzar, pero necesitan donaciones para continuar ayudando a más personas.

Ayudar con lo que a uno le sobra es bueno, pero doblemente bueno es ayudar con lo poco que una persona posee. Es el caso de tres mujeres del barrio El Molino, que con unos escasos pesos, mucho amor por el prójimo y a puro trabajo armaron el merendero “Carita Feliz”.
La iniciativa la tomó Hilda Rodríguez, que el lunes 13 de este mes puso a disposición su pequeña casa de callejón Libertador, y se le sumaron Raquel Mercado y Alejandra Espinosa. También Claudio Castrini, un hombre que no vive en el barrio pero que se acercó para colaborar.
“Viendo las necesidades de los chicos, teníamos con Claudio una esperanza de poner un merendero. Un día conocí a Alejandra y conversando me enteré de su idea de poner un comedor. Luego encontramos a Raquel y resulta que los cuatro teníamos la misma inquietud y la fuerza de hacer algo por los chicos”, contó Hilda a UNO de San Rafael.
Con lo poco que tenían en su bolsillo compraron dos bolsas de harina, una de azúcar y un pack de yerba y con sólo eso empezaron a dar las primeras meriendas. “El primer día tuvimos 30 niños, después 40, luego 50 y ahora 75. En los últimos días se sumaron algunas embarazadas y ancianos”, recordó la mujer.
“Hacemos en tres tandas porque no entran todos juntos, empezamos a las 5 de la tarde, pero hay algunos que vienen temprano, a las 4 ya están paraditos en la puerta. Tenemos que apurarnos porque ellos tienen hambre y preguntan ¿a qué hora empiezan? Son las 8 y todavía estamos acá porque siguen llegando. Yo he vivido toda la vida acá, las necesidades que hay acá es impresionante”, relató Alejandra, cuya hija Gisel de 9 años también colabora en las tareas.
Sirven pan (con dulce, picadillo o queso), tortafritas y pastafrolas que ellas mismas amasan, acompañados de té, mate cocido y leche, según la ocasión. Además, “después que terminan de tomar la leche les preparamos una bolsita con tutucas o chizitos con un chupetín o alfajor”, agregó Raquel.
El ímpetu solidario de estas mujeres, que tienen carencias como la mayoría de los vecinos de El Molino, no se detiene. “Queremos agregar una cena fuerte por lo menos dos veces por semana, algo de lentejas, arroz, polenta, esas cosas”.
En estas dos semanas han recibido muchas donaciones que agradecen de “alma y corazón”. Pero buscan cierta regularidad en la ayuda para asegurar cenas los lunes y viernes y no defraudar a los chicos.
Principalmente requieren alimentos no perecederos, pero también ropa, calzados, una cocina (porque la que tiene Hilda ya no alcanza), garrafas, algunos banquitos o bancas largas, una mesa o mesón, ya que una de las tres que usan es prestada.
“Necesitamos de todo, algunos chicos no iban a la escuela porque no tenían zapatillas”.  Vino Claudio, sacó de su bolsillo y compró dos pares”, destacó Hilda. Pese a la adversidad, Hilda destacó que “tenemos niños muy educados, yo vengo de cocinar para 240 chicos en Buenos Aires y allí son muy maleducados. Los de acá me asombran, se sientan todos en fila, no se siente decir una mala palabra, ni pelearse entre ellos ni tirar las cosas. Comen lo necesario y se van. No desperdician nada”. 
Esta experiencia solidaria es una inspiración para las personas que sienten la necesidad de ayudar al prójimo y no saben cómo hacerlo.
Una frase que dijo Alejandra lo resume todo: “Yo soñaba en poner un comedor, pensé que iba a ser más difícil, pero ahora que estamos acá no es difícil”.
Dónde donar
Interesados en ayudar Pueden comunicarse con Alejandra al 2604-050700 o con Hilda al 11-1566838219, o acercarse a callejón Libertador, sexta casa. Se entra por el primer callejón que está a la derecha después del canal Marginal.
Ayudaba en una villa en Buenos Aires
Hilda Rodríguez tiene experiencia en el trabajo solidario en barrios carenciados. Cocinaba en un comedor llamado “El Sol Naciente” ubicado entre el barrio Illia y la populosa villa 1-11-14 donde ella vivía. Allí daban de comer a 400 personas en el almuerzo, a 240 en la merienda y 300 en la cena. Hilda es oriunda de El Tropezón y a los 16 años se fue a Buenos Aires, donde formó una familia integrada por dos hijas, cinco nietos y tres bisnietos. Pero comenzó a añorar su tierra y a los 70 años "me decidí mudarme y venir acá”, contó contenta.
José Luis Salas
unosanrafael2012@gmail.com

Comentarios