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Domingo 23 de Octubre de 2011

Lo que importa en esta elección

La democracia otra vez nos pone frente a la posibilidad de elegir candidatos y definir cuál es el rumbo que queremos darle a nuestra vida republicana

Nuevamente nos enfrentamos al desafío que propone el cuarto oscuro y la oportunidad de tomar decisiones de peso que tienen que ver con la marcha de nuestra república. Hoy es un día en el que se mezclan muchas circunstancias y al que podríamos calificar de muchas maneras.
En primer lugar es, sin dudas, un día de celebración. Poder definir por nosotros mismos, sin depender de voluntades ajenas, lo que vamos a hacer con nuestro futuro es siempre motivo de alegría y debiera serlo también de satisfacción, aunque a veces la marcha de las cosas en la vida pública deje a algunos un poco lejos de esa sensación y habrá quien abiertamente se sienta insatisfecho por eso, pero elegir por voluntad propia es un avance que afortunadamente hoy ya nadie pone en cuestión.

Es también el día en el que utilizamos el voto como herramienta, y lo hacemos en el doble carácter que este instituto tiene: el de derecho y obligación. El voto es las dos cosas al mismo tiempo.
Si lo miramos desde la perspectiva que propone el primer párrafo, no necesitamos de muchas explicaciones para entender lo que significa. Pero si lo vemos como una obligación, este concepto está asimilado a nuestra responsabilidad y entonces surge una pregunta que para algunos se vuelve insoportablemente incómoda, porque no tiene una respuesta simple, fácil, franca: ¿qué debemos hacer para elegir correctamente?, o ¿cómo hacemos para votar bien?
La verdad es que no existe un manual que establezca un protocolo para saber cómo actuar en este caso, porque es una experiencia que se vive estrictamente en el mundo interno de cada uno, pero es necesario decir que necesitamos ejercer este derecho con la mayor responsabilidad, porque si lo hacemos con prescindencia, después esa liviandad se nos vuelve encima de mil maneras distintas, y lo que ocurrió en nuestro país entre 1999 y 2003 puede ser un ejemplo muy claro de eso.

Es necesario dejar tranquila la voz de nuestra conciencia y para eso es necesario responder, aunque sea de manera implícita, la pregunta que a todos nos surge cuando metemos una boleta en el sobre: ¿estás seguro de lo que estás haciendo?
Cada uno tiene una respuesta distinta para esa pregunta, pero lo importante es tener una que sea positiva, porque si es negativa, deberíamos seguir pensando.

Está claro que este proceso no puede comenzar dentro del cuarto oscuro, más bien es allí donde termina, y debiera comenzar mucho antes. Tanto como el tiempo que transcurrió desde la última elección, aunque eso parezca una utopía.
Así de importante es la política para la república, porque cuando dejamos de pensar en eso, empiezan a pasar las cosas de las cuales nos quejamos cotidianamente, endilgándole la responsabilidad de nuestra insatisfacción al gobierno de turno, ignorando lo que dijo Thomas Hobbes en el Leviatán: “Cuando vivimos en democracia, quejarnos del gobierno es quejarnos de nosotros mismos”.

Cómo votamos

Afortunadamente el electorado y especialmente el mendocino viene dando muestras de mayor madurez en cada una de las elecciones. Y eso se nota en el espíritu crítico con que se manifiesta la voluntad popular en cada oportunidad.
La elección en la que resultó triunfador Celso Jaque puede ser un claro ejemplo de ello. Muchos atribuyen el triunfo de Jaque a aquella célebre promesa de reducir el delito en los primeros seis meses, pero ese es un argumento que subestima la capacidad intelectual del electorado, por no decir que directamente la ofende, porque nadie puede, ni podía en aquél entonces, creer que alguien pudiera lograr aquel objetivo, sino a través de muchos años de trabajo profundo y sistemático.

Sería más honesto decir que en aquella elección los mendocinos advirtieron en el fondo de la mirada del malargüino la inconmovible convicción de luchar hasta consumir su último miligramo de voluntad para conseguir la gobernación, mientras veía en el fondo de la mirada de César Biffi la decepción de un hombre que se sintió abandonado por su partido y víctima de una lucha intestina que finalmente lo dejó con las manos vacías.
Por eso o que el viernes previo a aquella elección parecía ser una lucha tan cerrada como la que hoy se presenta terminó dirimiéndose de manera tan categórica el domingo por la tarde cuando se conoció el escrutinio.

Porque afortunadamente los mendocinos votan cada vez más mirando los ojos y las manos de los candidatos, y no tanto sus labios. Los votantes escuchan, pero también recuerdan y miran, y eso se nota en las últimas elecciones mendocinas.  Es cada vez más obvio que si bien los aparatos electorales el clientelismo y el hecho de estar instalados en el poder ayuda mucho a los oficialismos, esto no necesariamente define una elección, porque termina siendo más importante la percepción que los electores tienen del mensaje de cada uno de sus candidatos, y en ese punto la coherencia pasa a ser un valor diferencial categórico, tanto para oficialistas como para opositores.  La experiencia en la elección del 2007 habla por sí misma.

Todos saben quiénes eran los candidatos, cómo y en dónde estaban antes de llegar al poder y en qué posición y condición se encuentran después de transcurrido un tiempo en sus cargos, y cada vez más electores deciden en consecuencia. Después de todo, no es un ejercicio muy complicado preguntarse cuánto le dio a la república y a la política y cuánto recibió de ella cada uno de los candidatos, como para tener en cuenta al momento de decidir.
Cada vez tienen menos posibilidades los que llegan con mensajes incendiarios y propuestas de revolución enunciadas desde una posición solitaria, o los que centran sus propuestas en el carisma de los personalismos, sin mostrar equipos que puedan solventar gestiones ante el eventual acceso al poder, aunque es verdad que sigue primando la convicción, las ganas de ser del candidato, lo que vuelca una elección.
Jaque jamás hubiera podido ser gobernador si no fuera por esto.

Por eso es tan importante el diálogo interno cuando vamos hacia el cuarto oscuro. Para responder todas las preguntas que nuestra conciencia cívica nos haga. Tan sólida y tan firme como sean esas respuestas será de sólido y firme el gobierno que resulte elegido, aunque no coincida con nuestro voto.
Es de esa forma en la que vamos a conseguir que la democracia y la política nos paguen esa deuda que desde 1983 mantienen con la sociedad,
Porque entonces creíamos que la política y la democracia por sí mismas iban a solucionar todos nuestros problemas, pero la experiencia demostró que nuestro destino está en nuestras manos y no en las de ningún gobierno.

Por eso es tan importante pensar lo que vamos a hacer en el cuarto oscuro.

Porque en ello se juega nuestra calidad de vida, nuestro futuro y el de nuestros hijos.

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