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Domingo 23 de Octubre de 2011

Los habitantes de Sirte, desolados ante cantidad de cadáveres y destrucción

Tras semanas de bombardeos diarios de la OTAN y de violentos combates, los combatientes empiezan a abandonar la ciudad.

SIRTE, Libia, (AFP-NA) - "Allí estaba mi casa. Allí, mi tienda. Todo ha sido destruido". Omar Beifala, de 25 años, intenta limpiar lo poco que ha quedado en pie en su barrio de Sirte, una ciudad fantasma repleta de cadáveres donde Muamar Gaddafi se escondió hasta el día de su muerte.

Tras semanas de bombardeos diarios de la OTAN y de violentos combates, los combatientes empiezan a abandonar la ciudad.

"Volvemos a casa. ¡Se acabó, Gaddafi está muerto!", grita, jubiloso, un combatiente del Consejo Nacional de Transición (CNT). A unos 10 km del centro de la ciudad, los enfermeros trabajan en torno a unos 175 cadáveres, envueltos en bolsas de plástico, que deben ser rápidamente enterrados. Son los últimos soldados de Gadafi, tiroteados cuando escapaban de su convoy, tras ser bombardeado por aviones de la OTAN.

Otros 25 muertos, carbonizados, yacen no muy lejos, en el suelo o amontonados en sus vehículos.

Gadafi, nacido en esta región, fue capturado el jueves cerca de Sirte, mientras intentaba escapar del convoy. Luego murió en condiciones aún no aclaradas. El CNT asegura que un tiroteo causó su muerte, pero otras versiones aluden a una ejecución sumaria.

Hacia el centro, el hotel Al Mahari, acribillado por las balas, ofrece un espectáculo dantesco: más de 60 cadáveres se pudren en el césped, algunos atados, a menudo con un disparo en la cabeza.

El olor es hediondo. "El hotel era utilizado como prisión por los hombres de Gadafi, donde estaban detenidos nuestros hombres.

Lo encontramos el día en que Gadafi murió", explica Sharif Ahmad Sharif, un combatiente pro-CNT.

Según él, "los hombres de Gaddafi ejecutaron a los presos antes de huir". Sus compañeros de armas confirman, y aseguran que hay cadáveres en toda la ciudad.

"Ya hemos evacuado tantos, no sé cuántos... Centenares,
millares ..." dice Saduq Al Banani, "limpiador" de la ONG libia
Tabiya, con una mascarilla en el rostro.
Cuanto más se acerca uno al centro de la ciudad, mayor es la
destrucción. No hay un solo inmueble que no esté acribillado, y en
la calle se acumulan los cartuchos. Ninguna ventana quedó intacta.
Todas las tiendas están cerradas. No queda rastro de los miles de
habitantes de la ciudad.
De vez en cuando emana un olor a cadáver putrefacto que lo
inunda todo. Varias columnas de humo se elevan sobre la ciudad.

"Está aún más destruida que Misrata", localidad bombardeada durante cinco meses por la artillería de Gadafi, constata Saduq Al Banani.

El barrio Número Dos, donde se refugió el último reducto de los pro-Gadafi, está aún más devastado. Sólo quedan restos fantasmagóricos de muros, techos derrumbados, cables eléctricos que yacen en el suelo, cortando el paso bajo un siniestro cielo gris.

A veces se escuchan disparos: los combatientes siguen festejando ruidosamente la victoria.

Ahmad Ali, un viejo canoso, abandona la ciudad a bordo de su camioneta, cubriendo con colchones y mantas sus escasas pertenencias. "Ya no tengo nada que hacer aquí. Se acabó Sirte", afirma, sombrío.

"Algunas familias empiezan a volver para recoger sus cosas. Pero nadie se queda, se van de inmediato", confirma Slimane Kilani, combatiente de Misrata.

Omar Beifala quiere, no obstante, regresar. Junto a una decena de allegados, barre los escombros frente a la casa de dos pisos donde vivía con su familia.

El inmueble está destrozado, los dos pisos de la vivienda han sido saqueados.

"Son los hombres de Gadafi y los revolucionarios los que han hecho esto. Para nosotros, son todos iguales", asegura. "Hoy he vuelto por última vez. Sabía que los combates habían sido muy violentos, pero todo esto es triste. Muy triste".

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